momentos y decisiones 2da parte

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Sara lloraba desconsolada en su habitación, a pesar que intentaba que nadie escuchara, Martha su vecina, tocó la puerta y está estaba abierta en espera de que Cristian le diera por volver y entrara sin ningún problema. Sara tuvo un poco de esperanza callando su llanto, mientras observaba a la puerta, pero al entrar en la habitación Martha, volvió a continuar llorando desconsolada.

—¿Que tiene mamita? ¿Estas enferma? ¿te duele algo? —Pregunto Martha acercándose hacia la pequeña cama.

—No es eso —Sara entre sollozos murmuró —es que ese... ¡Idiota!

—Tranquila mami, no se ponga brava, no sufras por esas cosas, así son los hombres, tenga paciencia —dijo Martha, suavemente, con la ternura de una madre

—¡pero es que yo lo quiero! —Chillo Sara, limpiándose los ojos y sentándose al lado de Martha—, y el no agradece nada y nunca lo nota ¡es un idiota! Que más espera de mi, le doy todo, mi tiempo, mi...cuerpo, es que en verdad es un idiota

—Tranquila mami, no llore más, respire, respirar ayuda a calmar el alma —Martha puso su mano sobre su espalda y la Movió masajeándola con el ánimo de consolarla.

Pero Sara continuaba llorando desconsoladamente entre sollozos, sintiéndose muy triste y melancólica, deseando que él de repente entrara por esa puerta, almenos cada tanto lo imagino así. Entrando con su sonrisa de culpa y mirándola con esa mirada rara que tenía.

Los siguientes ocho días, Sara se dedicó a ignorar a Cristian, no permitía que la llevara a su casa y solo le hablaba si necesitaba algo del trabajo. Cristian estaba furioso, por qué no le gustaba que ella lo ignorara de esa manera, he intentaba por todos lados llamar su atención, pero ella estaba obstinada. Hasta que decidió Seguirla después del trabajo, intentando lograr que ella se subiera a su motocicleta, pero no consiguió nada y cada vez aumentaba más su enojo. Además que algo que siempre odio fue seguir a alguien, y mas rogándole que subiera a su motocicleta, en un momento perdió la calma y ofendió a Sara con palabras crueles, ocasionando que Sara rompiera en llanto sintiéndose ultrajada:

—¿Ahora me insultas? —dijo Sara mientras su voz se terminaba de quebrar. se echó a llorar desconsolada, caminando más rápido intentando dejar a Cristian atrás, escogiendo lugares donde su motocicleta no pasará.

Cristian se calmó instantáneamente y ahora siguió nuevamente pidiéndole perdón, ahora se sentía demasiado idiota y avergonzado, sabía que se había pasado con ella, eso de estallar de repente era normal en él, aunque sabía que estaba vez ella tenía razón, pero no había mucho que hacer, ella estaba demasiado enojada, tanto, que realmente ya no quería saber más de él.

—¡Sabes que!, ya no quiero trabajar con tigo —dijo Sara, parándose un momento y gritándole entre llanto —Ahora me iré de aquí y no me volverás a ver, y ya no vas a tener que estar haciéndome daño.

Cristian guardo silencio y camino despacio tras de ella en su motocicleta, al llegar a casa, Sara entro sin despedirse de Cristian. Pero no cerró la puerta y Cristian lo pensó un momento, no era una persona que se metiera sin permiso a algún lugar, pero ella había dejado la puerta de par en par eso para el era una invitación o almenos eso pensó. Tomo aire y comenzó a caminar hacia la habitación. Sara estaba acostada de espalda llorando. Ella no esperaba que el volviera a entrar allí, pero aún así su corazón se le aceleró cundo escucho sus pasos dentro de el corredor, hasta que entraran por la puerta de su pequeña habitación, ella se sentó en el borde de la cama de espalda a la puerta y el siguió asta acomodarse al lado de ella. Y retomo lo de que le perdonará su atrevimiento, además de que a Cristian le mellaban en sima muchos problemas de su negocio y cosas familiares y otros dolores de cabeza, ahora se le sumaba que su mejor amiga o la personita más importante, estaba allí llorando por culpa suya y de repente se quebró.

Antes de amarla Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora