tiempo tercera parte

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Lorena quien había estado mirando a Cristian cada tanto al pasar por su negocio, se animó a hablar con él, Estaba de visita en la ciudad y se Quedaba muy cerca de el Bar de Cristian, había pasado ya varias veces y se había fijado en él, pero hasta ese momento no había buscado entrar dentro de el bar, y ya que Cristian era coqueto de seguro heredado de su padre, le había regalado alguna mirada o alguna risa coqueta al pasar por allí, ello había dado algo de seguridad a Lorena para decidirse.
Este día en particular cuando la tarde moría en un día caluroso y su boca ameritaba una bebida fría, se arreglo bella, y se apresuró a recorrer los pocos metros desde su hotel, hasta aquel bar, deteniéndose casi en la puerta y dándose una mirada a su bonito rostro, repasándose en el espejo de mano que traía en su bolso, antes de terminar por entrar.
Su tez de piel blanca y pelo negro agradable a la vista, con sus labios rojos, que hacían juego con sus dientes blancos y unos ojos coquetos cubiertos por un par de anteojos, algo sofisticados que la hacían ver algo más que sensual, llamo la atención de Cristian estos días, y la había llamado nuevamente al entrar en ese momento.
—Hola preciosa, ¿que te puedo servir? —Cristian la miro de una manera picarona. 
—Hola —dijo ella mientras sonreía de una manera coqueta, interesada en la manera que él la miraba—, por favor regálame una corona, ¡michelada por favor! —Le dijo  sosteniendo la sonrisa, y mirándolo de una sensualidad exquisita.

Cristian tomo un vaso, hundió el borde sobre algo de sal que tenía en un recipiente, corto un limón y lo exprimió dentro del vaso, dejó una tajadita del limón y se lo coloco en el borde, luego  abrió la nevera, tomo ka cerveza y la sirvió, después puso una servilleta acercándosela a Lorena y coloco el vaso sobre ella, regalándole otra sonrisilla traviesa.
—Aquí tienes guapa, ¿De vacaciones? —Pregunto él devolviéndole la sonrisa, y respondiendo con algo de coquetería la manera en que ella lo estaba viendo.
—Si, estoy de vacaciones, y estoy hospedándome cerca, ¿tú trabajas aquí hace mucho tiempo? —le pregunto, ampliando la conversacion
—Si, digamos que trabajo aquí ya un buen tiempo  —dijo mientras sonreía por la pregunta

En ese instante Raúl, regreso con un bloque de hielo y limones. Cristian salió a recibirle y luego regreso a continuar conversado con Lorena
—¿Tu jefe es tranquilo o te molesta por que coquetees con tus clientas? —continuo sonriéndole coqueta, sin dejar de mirarlo, diciéndole muchas cosas con la mirada
—Digamos que no soy tan… mal jefe —dijo él no podía dejar de coquetear con ella y tampoco dejar de mirarla ella era bellísima, se podía comparar con Margot robbie—, y no creo que atender bien a una clienta tan preciosa como tú, sea un pecado…
—¡Ha!, Es tu bar, creí que... —Sintió algo de pena, pero lo disimulo con una mueca.
—No ahí —Interrumpió Cristian—, no me molesta, me gusta que las personas me definan como alguien que trabaja. Y es interesante sabes, ya que ser él dueño, no me hace más ni menos.
—Mmmm, ¿Y que más te gusta hacer?, ¡digo!, ¿te la pasas encerrado solo en el trabajo o haces otras… cosas —le dio un sorbo corto al vaso, y luego se lamió la sal de los labios, tomando el trocito de limón en sus dedos, aún con la mirada incomoda sobre él
—Digamos, que me gusta servir de guía turístico, a las guapas turistas que nos visitan —Sonrió, arqueando una ceja, mirándola de una manera insinuante, sin cortar su contacto visual, en una especie de competencia
—valla que estoy de suerte, me encantaría que me enseñarás la ciudad —Dijo Lorena ladeando un poco la cabeza y viéndolo por encima de sus lentes con una sonrisa de par en par, sosteniendo el limón entre sus dedos, aún participando en la competencia de la mirada sobre el otro.
»No he ido a tantos lados, mi hermana está pasando tiempo de calidad con su novio, y ya que yo estoy sola, pues tendré que esperar a que se aburran y quizás entonces se ocupen de mi —dijo poniendo una cara de desamparada y picardía, arqueando las cejas y mojándose los labios antes de volver a sonreír, sin perder la sensualidad en su mirada.
—Yo Encantado —Él le devolvió la sonrisa con la misma picardía.
—¿Mañana puedes?, ¿si no  ahí algún problema? —Ella ya estaba entusiasmada con la idea, continuaban su competencia, además de eso las sonrisillas coquetas hacían parte de la competencia
—¡Claro!, por mí no  ahí problema —dijo él con seguridad.
—¿A las seis te parece —Propuso ella
—me parece —dijo Cristian. Asintiendo con la cabeza

Antes de amarla Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora