Cristian partió rumbo a el apartamento de Sara. Al llegar golpeó la puerta pero ella no abrió, insistió varias veces pero no hubo respuesta. Tomo su teléfono y marco a su número pero tampoco respondió. Entonces le escribió al WhatsApp:
—¡Sara ábreme sé que estás hay!.
—¡No quiero verte estúpido, vete! —Respondió ella, realmente estaba molesta
—¡Ábreme ahora mismo! —Protesto Cristian
—¡Que te vallas idiota! —Continuo Sara con su deseo de que él no estuviera parado en la puerta esperando a que ella le abriera, sabía que era débil cerca de él.
—No me voy a ir Sara —él estaba decidido a saber la respuesta. (Sobre que hacía con los dos tipos…)Ella puso su celular boca abajo por un rato, mientras Cristian se acomodo sobre la motocicleta aún enojado, pero no quería parecer algo desesperado a la vista de los transeúntes, así que se hizo el que se entretenía jugando con su celular. Luego de un rato Sara tomo su celular, ya que la curiosidad no le dejo dejar de ver los mensajes de Cristian.
—!Que no te voy a abrir largarte, lárgate con tu gafufa!. Idiota, eres un idiota! —Sara apagó el celular
—Ábreme —¡es en cerio!. Le molestó que le hubiese apagado el celular, pero sabía que solo debía esperar un rato, ella le abriría estaba demasiado seguro de eso.Se incorporó en la motocicleta para parecer que estaba ocupado en su celular en algo importante y no se viera la realidad del asunto, pues no quería que la gente lo mirará con rostro de pocos amigos al pasar. Paso una hora y él continuo sentado en la motocicleta. Sara en la habitación aún llorando se puso de pie, suavemente camino hasta la pared que daba a la calle , se asomó por la rendija de la habitación para mirar a Cristian, sé prometió que si aún estaba allí abriría y lo dejaría entrar. Se acercó lentamente y ahora tenía un peso en su alma quería que él siguiera hay, (aunque en realidad quisiera matarlo). Sus celos la hacían sufrir pero perderlo sería más doloroso. Ho, cuánta alegría sintió al ver a Cristian sentado en su motocicleta, con su cuerpo recostado contra la cabrilla con rostro de enojado, mirando de vez en vez su celular en espera de alguna respuesta. Sara lo observó por unos segundos, no sabía por qué le gustaba tanto mirarlo, él era tan… Dios, se alejo de la pared sonriendo, feliz, emocionada tal vez, y ¡enojada! aún con lágrimas en sus ojos que opacaban su boca esbozando una sonrisa de alegría, qué aliviaba algo su tristeza, que a la vez le hacía reírse de si misma. Luego se sereno lo que más pudo, borro su sonrisa y camino hasta la puerta, la abrió, volvió a su cuarto y se lanzó a la cama. Cristian se sonrió, pero entro con la cara sería para no molestar más a Sara, aunque cuando estaba parado en frente de Sara volvió a sonreír. Pues era del tipo de persona que tenía esto de que cuando sentía culpa de alguna cosa o no sentía nada de culpa, tendía a reírse, así tuviera o no la culpa, así que siempre terminaba pareciendo culpable de cualquier cosa. Aunque esta vez no tenía una buena escusa para no parecer culpable. —Aunque ¿culpable de que? —Pensó—, sólo somos amigos ¿no?, ¡eso dijo ella!, solo… amigos. ¡Jamás tendría algo con Tigo en la vida!.
Había dicho Sara alguna vez, mientras Cristian enseñaba las letras de canciones que escribía a Laura.
Sara se quedo acostada de espalda, llorando, Cristian se acostó al lado libre de la cama, se quedó en silencio. Los dos sintieron paz, mucha paz. Aún no sabían quizás que estaban amándose mutuamente, pero el ego, el ego era más fuerte que sus sentimientos. Aunque no hablaban sobre las cosas que querían hablar, para Sara que él hubiese llegado a su lado a tempranas horas del la noche le daba una esperanza, sentía que la había elegido a ella. (Almenos por encima de las demás chicas que no tuvieran un anillo puesto en su dedo). Para él estar allí acostado no sabía que significado tenía. Pero ninguna noche loca que posiblemente hubiese tenido con Lorena, hubiera sido tan significativa como poder acostarse en el lado libre de Sara, sobre el colchón duro de su pequeña cama de metal. Pronto el sueño los dominó pues con la tranquilidad y la paz sus mentes se calmaron.
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Antes de amarla
RomanceEl destino los unió, pero será el orgullo que los una o los separe para siempre. Dos amantes unidos por el deseo y la soledad de sus vidas, necesitados el uno del otro, sin el valor de aceptarlo.