Era algo pasada la medianoche pero todo apuntaba a que aquella iba a ser otra noche en blanco. Keiji se apoyó contra el cabecero de la cama, la mirada clavada en la pantalla del teléfono sobre su regazo. Por enésima vez esa noche, Keiji buscó el nombre de Kou en el registro de llamadas. Habían pasado horas desde que las emociones de Kou lo asaltaran con virulencia pero Keiji aún estaba temblando, el sudor frío resbalándole por la frente. Por un instante, había sido como volver a esas primeras semanas cuando Bokuto aún estaba descubriendo quién era.
–Eres idiota –gruñó estampando el teléfono boca abajo contra el colchón y escondiendo el rostro entre sus rodillas–. Como si fuera a querer hablar contigo.
La idea de que Kou pudiera necesitarlo y Keiji no fuera a estar allí le revolvió el estómago. Con un suspiro, recuperó el teléfono esperando ver la notificación de una llamada que no iba a llegar nunca. Lo mejor que podía hacer era hablar con Temari por la mañana y asegurarse que todo estaba bien.
Keiji gruñó, el sonido del despertador empeorando su dolor de cabeza. El amanecer lo pilló aún apoyando contra el respaldo de la cama, el móvil en su regazo. Su espalda se quejó, agarrotada tras demasiado rato en una postura horrible. Keiji no recordaba haberse quedado dormido pero era imposible que hubiesen sido más de un par de horas. El lunes parecía haber llegado demasiado pronto. Keiji parecía un alma en pena mientras se obligaba a seguir su rutina diaria. Incluso algo tan sencillo como cepillarse los dientes parecía pedirle más energía de la que tenía. Casi prefería no ver qué cara debía hacer con los ojos hundidos y la piel apergaminada. La mera idea de salir a la calle, lejos de la seguridad de los sellos grabados en las paredes de su piso, era más de lo que se veía capaz de gestionar.
Keiji siempre había odiado el metro en hora punta pero esa mañana estaba resultando una auténtica pesadilla. Los tatuajes sobre su piel apenas eran una sombra gris y con Koutarou en Osaka no había nada para ayudarlo a mantener a raya el asalto de emociones. Nada más subir al vagón, Keiji se atrincheró contra la barra junto a la puerta. El olor a sudor casi no lo dejaba respirar. Cerró los ojos e intentó dejar la mente en blanco. Keiji había hecho ese mismo viaje centenares de veces. Cerca, alguien estaba al borde de un ataque de pánico.
–Por favor, necesito bajar –Keiji suplicó intentando abrirse paso en cuánto el metro se detuvo. La gente entraba en tropel, arrastrándolo como una marea–. Por favor
Apenas consiguió salir antes de que las puertas se cerraran tras él. El ácido de su estómago le raspó la garganta y le dejó un regusto amargo en el paladar. Sus piernas apenas consiguieron mantenerlo en pie. A su alrededor oía voces pero no conseguía entender nada de lo que decían. Sólo quería tener a Koutarou a su lado.
–¿Necesitas ir al hospital? –Una mujer preguntó ofreciéndole una botella de agua.
–No, estoy bien. –Keiji contestó limpiándose la boca con la manga de su chaqueta–. Gracias.
La vergüenza ardía con fuerza en sus mejillas. Era tan patético que ni siquiera era capaz de funcionar como una persona normal sin Kou. Keiji odiaba su magia. La odiaba a muerte. Cada año, su poder crecía y cada año el control sobre su propia magia se volvía más y más complicado. Lo único que quería era escapar de ella. Dejar de sentir mil cosas a la vez hasta el punto de no sentir absolutamente nada. Vivir como un ermitaño en medio de la nada quizá hubiese sido mejor que la pesadilla que estaba viviendo. A ese paso ni siquiera iba a poder seguir viviendo en Tokio. Keiji no pudo evitar reír ante la ironía.
Hasta esa mañana, Keiji no había llegado nunca tarde en todo el tiempo que llevaba trabajando en Shonen Jump. Era raro que no fuera el primero en fichar por las mañanas y el último en irse. Keiji suspiró nada más colgar su bandolera en la silla. Al encender el ordenador, el storyboard del nuevo cómic en el que estaba trabajando Udai-san lo estaba esperando en su bandeja de entrada. Sólo acababa de llegar y lo único que quería era que terminara ya ese maldito día.
Keiji odiaba ser el centro de atención. Nunca le había traído nada bueno. Las miradas de sus compañeros siguiéndolo a todas partes sólo consiguieron helarle la sangre. Que alguien acabara preguntando lo que había pasado cada vez parecía más inevitable. Agotado, se dejó caer contra el respaldo de la silla y dejó las gafas sobre el escritorio. Las horas parecían haberse desvanecido sin que Keiji fuera capaz de hacer nada en todo el día. Su ansiedad estaba decidida a traicionarlo mientras los correos se acumulaban en su bandeja de entrada. Sólo media hora más. Al cerrar los ojos le pareció notar la magia de Kou cosquilleando contra su piel. Era demasiado fácil imaginar que Koutarou seguía en Tokio y que los últimos tres días sólo habían sido una pesadilla. El mundo parecía volver a estar en calma; las emociones de los demás, murmullos en la lejanía.
Keiji se sobresaltó al oír su móvil vibrar contra la mesa del escritorio. Apenas quedaba nadie en la oficina.
–Mierda –murmuró al darse cuenta que se había dormido. Frotándose los ojos, cogió el teléfono. Era un milagro que no hubiese acabado en el suelo al ver quién lo estaba llamando.
–¿Kou? –Keiji casi no podía creerse que fuera él.
–¡Hey! –La voz casi diminuta al otro lado del teléfono parecía confirmar el nudo de nervios en el estómago de Keiji–. ¿Crees que podríamos vernos? N-necesito hablar contigo y no sé cómo decírtelo pero es importante y entiendo que no quieras verme pero Konoha nos conoce mejor que nadie y también cree que deberías saberlo y
–Ayer pasó algo. –Keiji lo cortó antes de que pudiera perderse en sus divagaciones infinitas.
–Es difícil tener secretos contigo –Koutarou rió algo desesperado–. ¿Entonces podemos vernos?
–Supongo que podría estar en Osaka el miércoles.
–Ah... Estoy en Tokio ahora mismo... ¿En la cafetería de la esquina?
Keiji tardó un instante en procesar lo que Koutarou le estaba diciendo. Antes de darse cuenta, se levantó siguiendo el nudo que tiraba de su corazón, sus pasos cada vez más acelerados. Keiji bajó las escaleras de dos en dos y arrancó a correr nada más llegar al vestíbulo. Kou estaba allí.
Kou estaba allí. Y quizá Keiji era un idiota por pensar que no estaba todo perdido. Pero quizá aún había algo que salvar entre los pedazos de su relación maltrecha. Kou aún le quería. Y quizá eso era suficiente para volver a empezar.
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In Between
FanfictionAquí llega la segunda parte de "I'll Stay with You" Koutarou y Keiji llevan diez años juntos pero mantener su relación entre Tokyo y Osaka, la responsabilidad de ser un adulto y el miedo a que el mundo descubra el Gran Secreto de la estrella del equ...
