Las farolas apenas iluminaban la calle cuando el taxi se detuvo frente a su piso. No era la primera vez que maldecía todos los compromisos sociales que venían con su trabajo de editor, pero no tenía más remedio que tragar con ellos si quería conseguir el maldito ascenso. Keiji sacó un billete de dos mil yenes de su cartera y bajó sin esperar el cambio. Apenas se oía un ruido en la calle casi desierta. No era la primera vez que Koutarou le pedía que se mudara a Osaka con él pero el sentimiento de inferioridad era un monstruo que se alimentaba de su miedo al fracaso. A veces resultaba demasiado duro compararse con Koutarou cuando su novio había conseguido todo lo que había soñado cuando sólo eran unos críos. Keiji había aprendido pronto que la vida no era justa pero al menos quería poder valerse por sí mismo. No era como si pudiera irse dejando a todo el mundo colgado sin algo a lo que agarrarse si quería seguir en el mundo editorial. Cuando Koutarou había fichado por los Black Jackals, Keiji se había prometido que la separación iba a ser temporal pero los años empezaban a acumularse y ya iban camino del cuarto en esa situación que sólo lo hacía todo más difícil. Keiji se había prometido que ese iba a ser su último intento y estaba dispuesto a hacer lo que fuera para conseguir la nueva vacante en Osaka. Si las cosas volvían a salir mal iba a tener que tragarse su orgullo.
–Mierda –Keiji musitó al darse cuenta que había luz en su ventana.
Como un reo yendo al paredón, Keiji subió las escaleras que llevaban hasta la tercera planta. La humedad de la noche había empezado a condensarse en el metal de la baranda. Por la mañana, el dolor de cabeza iba a ser atroz pero sus ganas de vomitar no estaba tan seguro que fueran culpa del alcohol.
Keiji inspiró hondo antes de abrir la puerta. Ese trozo de madera era lo único que lo separaba del abismo. La idea de tener a Koutarou en casa tendría que hacer sus días más llevaderos pero sólo conseguía ponerlo más en tensión. Habían sido demasiadas decepciones cada vez que una vacante aparecía en Osaka. Al menos esta vez, Keiji había preferido no decir nada del tema. Si volvían a rechazarlo no quería que fuera otro hachazo cuando sus conversaciones ya tenían demasiadas minas que podían estallarles en la cara si daban un paso en falso. Keiji a veces se preguntaba cómo habían llegado a ese punto. Había tantas cosas de las que no hablaban que Keiji tenía la impresión de que, los meses que pasaban juntos, parecían más compañeros de piso que pareja. A veces no tenía claro ni siquiera si seguían siendo amigos.
–¿Kou? –preguntó mientras se quitaba los zapatos, su mirada clavada en la bolsa de deporte negra y dorada.
–¿Qué hora es? –Koutarou contestó rascándose el sueño de los ojos. Tenía las arrugas de su sudadera tatuadas en el rostro. La tele sonaba de fondo. En algún momento de la tarde se tenía que haber quedado dormido junto al kotatsu.
Keiji sacó el móvil del bolsillo. Se le hizo un nudo en el estómago al ver el LINE de Kou allí esperándolo desde hacía unas dos horas.
–Tienes algo de cena en la nevera si aún no has comido –Koutarou se levantó con un bostezo y se estiró–. He comprado cuatro cosas, no tenías nada.
–Gracias –Keiji contestó sucinto incapaz de pensar qué pensaría su novio de las emociones que le estaban llegando desde el vínculo.
Los hombros de Koutarou se hundieron. Keiji odiaba saber que su novio se sentía desubicado entre aquellas cuatro paredes. Demasiadas cosas en sus vidas parecían vivir en paralelo. Koutarou era una figura mediática y su popularidad sólo había hecho que crecer desde que habían ganado la medalla de plata en las últimas Olimpiadas. Su relación con Keiji sólo era una lacra si alguna vez salía a la luz.
–Has vuelto a perder peso –Koutarou se mordió el labio. Keiji notó un escalofrío recorrerle la espalda. La tensión se podía cortar con un cuchillo–. Temari dice que Keiko ha estado renovando tus sellos otra vez.
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In Between
Fiksi PenggemarAquí llega la segunda parte de "I'll Stay with You" Koutarou y Keiji llevan diez años juntos pero mantener su relación entre Tokyo y Osaka, la responsabilidad de ser un adulto y el miedo a que el mundo descubra el Gran Secreto de la estrella del equ...
