Capítulo 12, 15 de noviembre

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 Eran casi las tres de la madrugada pero aún le quedaba mucha noche por delante. Entre el trabajo y las minucias del día a día, hacerse cargo de un crío era agotador. El café a medio terminar –y ya iban cuatro– se había enfriado hacía rato y apenas era capaz de concentrarse en la ristra de correos esperando respuesta en su bandeja de entrada.

A veces no podía evitar preguntarse como lo hacía la gente con críos. Keiko y Temari tenían a Akane y lo hacían parecer muy fácil. Keiji nunca había echado tanto de menos a Koutarou. Sólo podía agradecer que Aki se hubiese tomado tan en serio lo de ser tío honorífico.

–Ji, –el sonido de la puerta de la habitación abriéndose lo sacó de su ensimismamiento–, ¿puedo quedarme aquí contigo?

De pie, apoyado en la jamba de la puerta, Kou-chan lo observaba escondido bajo la capucha de su kigurumi de T-Rex. Se lo había regalado Aki, como gran parte de los juguetes repartidos por todas partes del pequeño comedor que a las veces le hacía de oficina. En la penumbra del apartamento, las mejillas del crío parecían estar algo más hundidas que el día anterior.

–¿Otra pesadilla? –Keiji abrió los brazos y dejó que el crío se abalanzara–. ¿Recuerdas algo? Quizá hablar de ello ayudaría a que no den tanto miedo.

Kou-chan negó con la cabeza, abrazándose con fuerza alrededor de su cuello. Keiji se concentró hasta conseguir que la escasa magia en el apartamento se arremolinara a su alrededor. Las pesadillas habían sido recurrentes los últimos días y parecían ir a peor mientras cualquier intento por aliviarlas sólo conseguía empeorar el aura dorada alrededor de su ojo izquierdo. Quizá no eran más que terrores nocturnos provocados por una imaginación demasiado vívida, pero –si realmente se trataba del auténtico Koutarou– era más probable que se tratara de su subconsciente procesando lo que fuera que le había sucedido en los veinte años que llevaba desaparecido.

Keiji dejó que su magia mesara las emociones a flor de piel del crío hasta que su pulso se tranquilizó. Antes de que pudiera darse cuenta, Kou-chan se había quedado dormido sobre su pecho. Sus dedos vibraban queriendo coger el móvil y llamar a Koutarou. Keiji se estremeció, el sudor frío bajándole por la frente. Los pulmones le ardían por el esfuerzo. Nunca usar sus poderes había resultado tan agotador. Cuando la migraña al fin lo atacara iba a ser atroz. Keiji se mordió el labio. Era demasiado tarde para molestar a Kou cuando por la mañana tenía entrenamiento.

Por un segundo, deseó no haber sido un cobarde demasiado orgulloso. Koutarou tendría que haber estado allí con ellos y no a quinientos kilómetros de distancia. Tras años siendo un trabajador ejemplar, y para una vez que había necesitado un favor, apenas había conseguido rascar tres días. ¡Tres miserables días! Keiji se había tenido que morder la lengua para no mandar a la mierda a su jefe. Por un segundo, había estado apunto de presentar su dimisión allí mismo y tirarlo todo por la borda. ¿Pero entonces de qué habría servido tanto sacrificio?

Keiji abrazó con fuerza al crío dormido entre sus brazos. El sonido de su respiración acompasada era lo único que se oía en el silencio de la habitación.

–¿Ya estamos haciendo lo correcto? –Keiji no pudo evitar fijarse en las orejas del crío, lo único que delataba que no era del todo normal en medio de la oscuridad.

Por mucho que Koutarou temiera la reacción de Temari, si querían poder darle una vida normal al crío, antes o después iban a tener que contarle la verdad. Keiji sólo había estado relegando lo inevitable por sus propios miedos.

***

Keiji se sobresaltó al escuchar el zumbido del timbre. No recordaba haberse quedado dormido pero notaba la saliva reseca contra el mentón. Con un bostezo, se irguió estirando los brazos hasta notar un crujido en la espalda. El aura seguía brillando insistente emborronando su campo de visión, quizá tomarse un par de paracetamol en previsión no había sido tan mala idea cuando al despertar el dolor de cabeza parecía mínimamente manejable. Por suerte, en algún momento antes de quedarse dormido había devuelto a Kou-chan a la cama. Keiji empezaba a no tener edad para ciertas cosas pero tampoco era como si sus opciones le dieran mucho margen de maniobra.

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