Capítulo 6, 3 de Octubre de 2021

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Akinori no pudo evitar seguir a Kaori con la mirada mientras terminaba de aclarar los platos y los dejaba en el escurridor. La cena había corrido a su cargo esa noche, y ese era el pacto al que habían llegado a las dos semanas de empezar a salir.

–Hazme sitio, ¿quieres? –Kaori se dejó caer en el sofá, su cabello recogido en una coleta medio deshecha y el pantalón del chándal agujereado por el uso.

–Ven aquí. –Akinori se apretó contra la esquina del sofá, dejándole sitio para que pudiera acurrucarse a su lado, y le pasó el brazo por encima del hombro.

Los domingos después de cenar eran su rato de sofá y manta sin ningún plan más complicado que ver la tele como si fueran amebas. Aki sonrió sin acabar de creerse la facilidad con la que Kaori se había colado en su vida. Apenas llevaban tres meses saliendo, pero Akinori estaba seguro que era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo. Si alguien tenía algún problema, podían culpar al resto de sus excompañeros por haberlos dejado tirados en el último momento. Al final habían acabado cenando ellos dos solos y una cosa había llevado a la otra. Saru y Komi se reían de lo muy pillado que estaba de Kaori, pero daba igual lo que dijeran. Bokuto y Akaashi seguían siendo mucho peores y esos dos llevaban juntos casi media vida.

En la tele, habían empezado los deportes. Aki sonrió orgulloso al ver las imágenes de Bokuto estampando la pelota al otro lado de la red. El búho parecía haber nacido para estar delante de las cámaras.

–Parece mentira que coincidiéramos con todos ellos, ¿eh? –Kaori se hizo un ovillo, escondiendo los pies bajo la manta vieja.

Con la primera jornada de la liga a punto de empezar y la plata en los juegos Olímpicos de Tokio tan reciente, cada vez era más fácil cruzarse con algún partido por la tele. No se podía negar que el voley estaba de moda. A veces, aún le resultaba extraño que gente a la que había conocido toda la vida se hubiesen convertido en auténticas estrellas mediáticas de la noche a la mañana. Quizá ese también hubiese podido ser él, pero convertirse en profesional nunca había estado en sus cartas. Akinori no tenía la pasión enfermiza de muchos de los auténticos monstruos con los que había compartido la pista.

–Hablando del Rey de Roma –Kaori le alargó el teléfono antes de que empezara a sonar–, es Bokuto.

–¿Qué quiere ahora? –Aki suspiró al ver el nombre del búho en la pantalla.

La tentación de no cogerlo era demasiado fuerte. Era domingo y lo único que quería era seguir acurrucado en el sofá con Kaori, no tener que escuchar las quejas depresivas de Bokuto porque volvía a estar en Osaka sin Akaashi.

–Sabes que será peor. –Kaori le clavó el codo en el costado–. Podría ser importante.

Aki respiró hondo antes de descolgar y se alejó el teléfono del oído. No era la primera vez que los gritos de Bokuto lo dejaban casi sordo. Quizá algún día le entraría en la cabeza que no necesitaba gritar para que lo oyeran al otro lado del teléfono.

–Hey, Konoha.

Aki frunció el ceño, la mirada puesta en la pantalla contando los segundos de la llamada antes de acercarse el teléfono al oído. Por mucho que se quejara de lo escandaloso que podía ser el búho, nada lo ponía más nervioso que oírlo demasiado callado.

–¿Bokuto? ¿Estás bien? –La preocupación tenía que haberle teñido el tono de voz–. ¿Ha pasado algo?

–¿Crees que podría venir a buscarme? –Bokuto sonaba extraño, tan taciturno–. No sabía a quién más llamar.

–No hay problema pero ¿y Akaashi?

–Es complicado. N-no –Un suspiró llegó desde el otro lado de la línea–. Si os rompo mucho el plan ya intentaré, no sé

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