CAPÍTULO 7: Consejos

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Rev Hearst

Trago duro cerrando la puerta de mi habitación y empiezo a desvestirme con la luz apagada. Me lanzo a la cama metiéndome bajo las sábanas, el calor abrumando cada parte de mi cuerpo, sujetándolo como si el fuego fuera a quemarme, a tomarme, a domarme. Lo necesito, necesito que lo haga.

Son las tres de la mañana y he enviado fotografías insinuándome a mi exesposo para ponerlo del modo en que siempre está poniéndome a mí. Sin embargo, me he quedado viendo sus viejas fotografías donde sale desnudo, donde tiene los tatuajes en su abdomen. Sintiendo lo que me hizo esa tarde, su lengua ahí abajo y su respiración tensa compactándose a la mía al igual que sus manos estrujándome el culo.

Jadeo deslizando mis dedos al interior de las sábanas. Parpadeo, tensa, arqueando mi espalda, siento la humedad en mi pierna, estoy tan mojada que hasta las sábanas se han terminado empapando.

Exhalo deslizando mis dedos por encima de mi vulva, mi humedad marcando mis dedos para luego hundirlos entre mis pliegues. Sobo cuidadosamente llevándome mi otro dedo a mi pezón. Lo pellizco por debajo de la sabana moviéndome contra la tela para permitirme sentir la sensación de estremecerme.

Oh joder, esto es delicioso.

Mordisqueo mi labio tomando uno de los juguetes al interior de mi tercer cajón. Ha sido por Ash y Bella que he comprado de estos sino estaría quejándome.

Me pellizco el otro pezón moviendo mis caderas por debajo. Rozo mis dedos suavemente lubricando cada parte de mi vagina. E imagino que la lengua de Xander esta prendida de mi coño, haciéndome gritar porque se siente espectacular.

Es como caer desde un puente sintiendo el viento puro, estrellarse en el agua y quedar flotando. Es algo tan distinto a follar con Sebastian, porque mientras hago esto es Xander quien está en mi cabeza, es el a quien veo en cada roce que me hago evitándome llegar a mi clítoris o terminare explotando.

Envuelvo el juguete en mis manos antes de ponerlo debajo de la sabana delante de mí vagina, lo pego por poco y me estiro a tomar el dispositivo, una especie de pastilla que me pongo en mi interior. Sujeto el control y lo enciendo generando el masaje.

La sensación se envía a cada terminación nerviosa de mi cuerpo, tenso mis piernas sobándome contra el juguete sin dejar de sentir los temblores del dispositivo. Lo acelero un poco más, cada vez más, y otro poco antes de soltar un gemido corriéndome como no lo he hecho en meses.

Y no puedo dejar de pensar en lo que la polla de Xander podría hacerme o en que cosas me obligaría a hacer el. Siempre se la pasaba mostrándome su cuerpo, su abdomen marcado con los tatuajes cubriendo su pecho, su estómago, sus brazos e incluso uno muy cerca de su entrepierna, que ambos compartimos.

Subo mis dedos por mi abdomen dejando la humedad en mi piel. Intento recuperar el aire antes de repetir. Pongo el peluche debajo de mí y me giro sentándome en su cara, la punta conecta a mi clítoris y el resto toma mi interior penetrándome con las vibraciones de la diminuta pastilla milagrosa.

Me sobo contra el peluche apoyando mis manos sobre las almohadas, mi cabello cae sobre mis hombros al igual que mi frente contra el espaldar de la cama. Sigo moviéndome rápido alcanzando mi segundo orgasmo y así lo repito tantas veces hasta que me quedo dormida.

Abro los ojos de golpe estirando mi mano a un lado de la cama, leo un mensaje de Xander y hago una mueca abriendo el texto. Pestañeo, atónita sentándome de rodillas sobre mis sabanas húmedas.

Xander: ¿Estas despierta? ¿quieres intentar algo?

Mordisqueo mis labios deslizando mi mano entre mis piernas, mis tetas expuestas al frio y oscuridad de la habitación. Exhalo dudando si debería teclearle o no, mis dedos empiezan a tocarme una vez más lubricándome en partes que se habían secado.

Odio ficticioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora