Xander Knox
—Te veo luego, cariño.
Cierro la puerta de mi habitación apresurándome a ir hacia mi auto. Conduzco a la universidad viendo la hora que es, si no acelero llegare tarde, no sería la primera vez que me quedo afuera del salón de clases esperando a que uno de mis compañeros me pase sus notas para estudiarlas.
Suspiro bajando del auto y me apresuro a correr hacia la primera clase. Dos minutos tarde no hacen daño, el profesor ni siquiera ha llegado y eso me relaja totalmente brindándome la paz de poder ir a encoger la silla que quiera.
Ni siquiera he desayuno o no recuerdo haberlo hecho luego de despertar a las tres de la madrugada para preparar pedidos y cambiar asuntos. Realmente el desayuno no es tan importante, la cena si, puedo comerme muchas cosas grasosas, hamburguesas, pizza, alitas, muslitos, mucha comida grasosa.
El profesor ingresa al salón encendiendo el televisor. La primera clase es la de matemáticas, mi favorita. La parte mala es que esta unida al taller de tesis número uno. La verdadera pesadilla son las benditas correcciones de los profesores. Para ellos todo está mal, hasta mi respiración. No comprendo en que santos afecta una tilde al documento completo, es solo una bendita tilde, no hace daño a nadie.
Hago silencio abriendo mi portátil para empezar a anotar lo que el profesor dicta. Nos deja unos ejercicios de algebra y otros de cálculo diferencial. Termino de resolverlo después de un alumno más que supongo ha terminado.
Bajo de mi silla dirigiéndome al profesor, le entrego las hojas desarrolladas y las observa unos minutos antes de entregarme la tiza para anotar en la pizarra. Me quedo viéndolo, confundido sin entender el propósito, podría resolver cualquiera o simplemente explicarlo o solo desaparecer de la faz de la tierra e ir a vivir en las nubes.
Depende mucho de mi humor, realmente.
—Resuelve este, calculo más matemáticas II —apunta a la pizarra con una sonrisa —, y explica una parte a tus compañeros, luego elegiré quien completa.
—Si profesor, permiso.
Juego con la tiza en mis dedos yendo al ejercicio que me ha apuntado. Modelar funciones es un tema bastante fácil cuando es lo único que haces en una universidad griega donde te exigen peor que a los demás solo por ser extranjero.
Deslizo dos líneas paralelas, una flecha en la esquina con el numero uno de kilometro y delineo un triángulo en la otra punta. Pongo una línea por debajo que mide dos kilómetros y dejo la "x' entre la A y C.
Utilizo el teorema de Pitágoras para llegar a una ecuación, cambio los lados y luego simplifico moviendo la expresión. Separo los coeficientes, la formula cuadrática y multiplico los paréntesis por uno. Calculo lo final antes de volver a simplificar.
Separo las soluciones obteniendo otra ecuación y leo la pregunta llegando a mi respuesta que grafico de inmediato poniendo mi firma en el final del ejercicio junto a mi apellido.
El profesor asiente y apunta a otro ejercicio. No tardo en resolverlo mucho y giro dándole el resultado. El profesor queda satisfecho, antes de que yo pueda ponerme a explicarlo, él llama a otro estudiante para que lo haga.
Relamo mis labios regresando a mi asiento notando que el chico pasa nervioso repiqueteando sus dedos en sus jeans. Agacho la mirada a mi móvil observando un mensaje de texto de Rev justificando que no podrá verme hoy por una reunión con su madre pero que avanzará con una parte del proyecto.
Guardo el móvil centrándome en el chico que se ha puesto verde, su mano temblando sobre la pizarra. Sujeto mi goma de borrar revoloteándola entre mis dedos sin apartar la vista de la irritación de mi profesor, de la preocupación de mis compañeros y del susto del pobre que no sabe cómo decirnos que he hecho en la pizarra.
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Odio ficticio
Romance"El odio es un sentimiento difícil de controlar. Inicia algo. Acaba algo. Pero como tal, antes de odiar e incluso después, existe: la ficción". Amar a alguien ficticiamente suena tentador, en especial si la historia ya ha comenzado. Durante un juici...
