14: Miedo

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El rubio movía con nerviosismo las manos, frotando sus dedos entre sí, estaba demasiado inquieto, solamente quería huir de aquella situación, era demasiado para él. No podía ser capaz de procesar todo lo acontecido, su cerebro al igual que su cuerpo parecía haber sido congelado, simplemente observando al tipo qué le causaba tanto temor volverse agresivo.

— Responde ¿Estás bien? — Conway le miró con aquellos ojos tan llenos de cólera

— N-no pasa nada... No es necesario t-todo esto — el rubio reaccionó finalmente, su voz apenas podía escucharse

— ¿Estás seguro?

— Si señor, por favor deje las cosas así

— Escucha bien Toni, nunca debes permitir qué nadie te falte el respeto — habló Conway al tomar nuevamente del cabello al tipo y hacerle levantarse del suelo

— Lo entiendo muy bien señor... Pero ya debo irme ¡Gracias por todo! — el rubio simplemente comenzó a correr por el pasillo sin mirar atrás quería irse y regresar a su nuevo lugar seguro, su oficina

Jack le miró marcharse sin decir palabra alguna, sus ojos se enfocaban en aquella espalda temblorosa qué avanzaba a pasos torpes. El pelinegro empujó al detenido, forzándolo a avanzar, su enojo seguía estando ahí y desde luego que iba a desquitarse con el tipejo aquel. Más tarde ya se ocuparía de Toni.

El rubio llegó a su oficina, cerró la puerta y procedió a tirarse sobre el pequeño sofá, se llevó la mano al pecho mientras lanzaba maldiciones ante lo agitada qué se encontraba su respiración, consideraba definitivamente que las experiencias de ese tipo podrían terminar por matarle, su pobre corazón no podría soportar tantas emociones fuertes.

No quería ser grosero con el señor Conway pero lo más recomendable sería el mantener distancia con él, su apariencia, su voz y su actitud eran bastante aterradoras para un joven qué se sobresaltaba con casi cualquier cosa. Toni suspiró y mantuvo la mirada centrada en el techo blanco de la oficina, comenzaba a sentirse cansado, su cuerpo se había vuelto más frágil con el paso del tiempo, sus emociones tenían un impacto más serio sobre su salud física.

Hubo ocasiones en las que podía desmayarse por alguna crisis de ansiedad, situaciones en las que su pánico era tan grave qué podía darle sensaciones de falta de aire, como si estuviera siendo asfixiado hasta perder el conocimiento. Cosas como esas solamente le hacían pensar que era una carga para cualquiera que fuese cercano a él ¿Cómo reaccionarían las personas al verle en ese estado? ¿Pensarían qué se trata de un tipo completamente loco? Toni no podía dejar de pensar y pensar en diversas situaciones que hipotéticamente podrían llegar a acontecerle, por más que personas como su hermano Carlo o incluso el mismísimo Gordon le digan que ninguna de sus paranoias se haría realidad, lo cierto era qué su forma de pensar tan dañada no podría cambiar, al menos no fácilmente.

Conway causaba una sensación indescriptible de temor en él, era la viva imagen de todo aquello qué despertaba la incomodidad en el italiano, el pelinegro era un hombre más grande tanto de cuerpo como de edad, su voz profunda imponía respeto, pese a que sus ojos no eran visibles gracias a las gafas de sol, eso no quitaba la sensación de lo penetrante qué era su mirada; como si pudiese ver a través de su alma.

Toni colocó su brazo por encima de su rostro, el estaba demasiado agotado y somnoliento, quizás dormir un poco podría hacerlo sentir mejor. El joven esperaba que Gordon no se apareciera tan pronto, no quería dar la impresión de que era un holgazán aprovechándose de la buena fe de su jefe... Pero es que realmente comenzaba a sentir como sus párpados le pesaban.

Finalmente cerró los ojos entregándose al sueño, tanto su cuerpo como su mente imploraban descanso, seguramente todo estaría bien cuando despertara, seguramente seguiría teniendo la energía de siempre para poder continuar con sus labores y serle de utilidad al hombre que tanto adoraba.

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