EMBARAZO.... cap VI

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—Lo sé... pero... —susurró Jungkook con la voz temblorosa, incapaz de apartar la vista del vientre ligeramente abultado de Jimin.
El alfa tragó saliva con dificultad, como si las palabras le rasgaran la garganta al salir.

Jimin, al ver la reacción de Jungkook, sintió que el aire le faltaba. Su estómago se revolvió de nuevo con una fuerza dolorosa, y sin poder evitarlo, corrió hacia el baño, donde cayó de rodillas junto al retrete y volvió a vomitar con desesperación.
Las arcadas eran violentas, llenas de angustia, y sus manos se aferraban al borde del lavabo mientras las lágrimas resbalaban por su rostro sin que él pudiera detenerlas.

Jungkook se acercó lentamente, casi con miedo, y se quedó de pie en la entrada del baño, observando con el rostro desencajado de asombro, frustración e incredulidad.

—No puede ser... —murmuró, pasándose una mano por el rostro lleno de tensión—. Pero si con Taehyung llevamos años intentándolo... Y con mis concubinos... y mis concubinas... —Se detuvo, cerrando los ojos y apretando los puños como si así pudiera contener el torbellino de pensamientos que se desataba en su mente.

Jimin regresó tambaleándose, sujetándose del marco de la puerta. Estaba pálido, sudoroso y agotado.
—Lo sé... —dijo con voz baja, sus dedos temblorosos descansando sobre su propio vientre, que ahora sentía más sensible que nunca—. Me pasa lo mismo... Con Yoongi... y mis concubinos, mis concubinas... nada. Somos dos alfas, Jungkook... Esto no debería ser posible...

Se miraron en silencio, sus respiraciones pesadas llenando el espacio.

—¿Lo quieres intentar...? —preguntó Jungkook de pronto, sus ojos buscando algo en los de Jimin, algo más que una respuesta.
—...Hagámoslo... —respondió el alfa en voz queda, con miedo, pero también con determinación.

Jungkook sacó una daga ceremonial de su cinturón, con mango de marfil tallado y una hoja delgada y curva, brillante como si nunca hubiera sido usada.
Se cortó la palma de la mano sin vacilar, dejando que la sangre brotara. Luego, con delicadeza y reverencia, tomó la mano de Jimin, quien lo observaba con los labios entreabiertos y el pecho agitado, y repitió el mismo corte sobre su piel.

Ambos unieron sus manos ensangrentadas.

Entonces, algo inesperado ocurrió: las heridas comenzaron a cerrarse solas, lentamente, como si algo más poderoso que ellos actuara entre sus cuerpos. La sangre dejó de correr. La carne sanó por completo.

—Yo... no puede ser... —susurró Jungkook, con el rostro pálido y los ojos muy abiertos—. Tú estás... tú... —Se quedó mudo, sus pupilas enfocadas directamente en el abdomen de Jimin.

El alfa bajó la mirada, y con ambas manos se acarició el vientre como si por primera vez se permitiera aceptar lo que ahí crecía.

—Llevo a tu bebé... —confesó finalmente, con la voz entrecortada por la emoción, por el miedo y por el amor confundido—. Jungkook... llevo a tu bebé...

El alfa retrocedió apenas un paso, sus ojos vidriosos y el corazón latiéndole con fuerza descontrolada.
—Me... me darás un hijo... —susurró con asombro, como si no pudiera creerlo ni aun viéndolo frente a sus ojos.

Ambos se quedaron en silencio, respirando con dificultad, sintiendo la energía sobrenatural que vibraba entre ellos.

Y entonces, Jimin sintió un mareo intenso.
—Jeon... yo... —balbuceó, tambaleándose sobre sus pies.

No alcanzó a terminar la frase. Su cuerpo se desplomó como una pluma en el viento, pero Jungkook fue rápido y lo atrapó antes de que golpeara el suelo. Lo sostuvo con fuerza y ternura, temblando por la preocupación.
Lo llevó con urgencia a la cama, lo recostó con cuidado y se inclinó sobre él, sintiendo la fiebre que quemaba su frente.

Sin perder tiempo, corrió por una bandeja con agua fresca y una toalla limpia. Regresó junto a Jimin y comenzó a limpiarle el sudor de la frente, el cuello y el pecho, con movimientos suaves, como si tocara un cristal a punto de romperse.

Jungkook no durmió esa noche. Permaneció junto a la cama, cambiando toallas, trayendo agua fresca, vigilando cada movimiento, cada suspiro, cada quejido de Jimin.
No se atrevía a dejarlo solo ni por un instante.

Cuando la luz del amanecer se filtró por las cortinas, Jimin abrió los ojos con lentitud. Lo primero que vio fue a Jungkook, de rodillas sobre la cama, con las manos entrelazadas, la cabeza agachada y los ojos llenos de ojeras.

—Jeon... —murmuró Jimin con la voz débil.

—Park... yo... —Jungkook levantó la mirada, con una mezcla de culpa y esperanza.

—¿Qué haces?

—No mates a nuestro bebé... —dijo en voz baja, como si temiera escuchar su propia súplica.

—¿Qué...?

—Sé que me odias, y tienes razones... pero él... —tragó saliva— él no tiene la culpa.

—¿Por qué piensas que mataría a mi bebé?

—¡Porque tú me odias! ¡Porque no me dejarías tener parte de ti! ¡Porque sé que te hice daño...!

Jimin lo interrumpió, furioso y herido:

—¡No lo mataré...!

El silencio volvió a cubrir la habitación.

—...Prometo cuidar de ti... —susurró Jungkook, dando un paso atrás—. Aunque no me ames, aunque me rechaces... protegeré a nuestro bebé.

Jimin respiró profundo, se incorporó un poco con dificultad, y asintió levemente.
—Está bien... Solo... mantén tu distancia.

—Lo prometo —dijo Jungkook, agachando la cabeza—. No haré nada que no quieras.

Un instante después, el alfa escuchó las palabras que lo desarmaron por completo:

—Perdóname, Yoon... no me odies... —susurró Jimin, rompiendo en llanto.

Jungkook quiso abrazarlo, contenerlo entre sus brazos como lo había hecho antes, pero Jimin lo detuvo con una mano temblorosa.

—No... solo... déjame un momento, por favor...

—Está bien —dijo Jungkook con suavidad, antes de salir de la habitación.

Una vez solo, Jimin se recostó de lado, acariciándose el vientre con delicadeza.

—Tae... perdóname... pero es mi bebé... nuestro bebé...Perdóname, mi amor...- susura Jungkook.

Se cubrió los ojos con las manos, mientras una última lágrima caía.

—Mi Yoon... perdóname... odiaría verte llorar por mi culpa...- susura Jimin con culpa .

Continuará...

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