NADA ES LO QUE PARCE ...III... cap X

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—No salgas... te hará daño... —la voz de Jungkook salió grave, cargada de una angustia que intentaba disimular, mientras sus ojos seguían cada movimiento de Jimin. No era el único inquieto, y podía notarse, pero a él solo le importaba el alfa que seguía avanzando sin escuchar.

Jimin continuó caminando, terco, sin importar nada ni a nadie. Su respiración estaba agitada, su corazón golpeaba como si quisiera romperle las costillas. Tenía la mirada perdida, como si buscara escapar no solo del lugar, sino también de Jungkook... de lo que sentía cada vez que estaba cerca de él.

De pronto, su cuerpo titubeó. Un mareo lo golpeó tan fuerte que estuvo a punto de desplomarse, pero Jungkook fue más rápido. El alfa corrió y lo sostuvo antes de que cayera, tomándolo con firmeza entre sus brazos.

—¡Suéltame! —Jimin reaccionó de inmediato, empujando con todas sus fuerzas, pero el alfa no lo permitió. Esta vez no iba a dejarlo huir. Usó toda su fuerza para aprisionarlo contra su pecho, como si dejarlo ir fuera condenarse a sí mismo.

—¡Te odio, suéltame...! ¡Te odio, maldito! ¡Te odio! —los gritos de Jimin resonaron con rabia, pero su voz se quebraba a cada palabra. Por primera vez dejaba escapar esas frases, aunque en lo más profundo de su corazón no las sintiera reales.

Las lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas. Jungkook, al verlo quebrarse, lo cargó sin pedir permiso y lo llevó hasta la cama. Lo recostó con cuidado, aunque Jimin siguió resistiéndose, luchando por escapar.

—¡Déjame, Jeon! ¡Te odio, te odio, TE ODIO! —la última frase la gritó con todas sus fuerzas, desgarrando el aire.

Los ojos de Jungkook se encendieron, no de furia, sino de dolor. Una risa amarga escapó de sus labios.
—¿Crees que yo no te odio también?... Te odio, Park. Te odio con todo mi maldito ser...

Jimin lo observó fijamente, y entonces, inesperadamente, sonrió con un brillo de ironía en sus ojos.
—Entonces mátame. Acaba conmigo ahora. Este es el momento.

Jungkook lo sujetó con más fuerza, sus respiraciones chocando, entrecortadas.
—¿Crees que no lo haría? —susurró con rabia contenida, con la voz temblorosa.

—¿Y qué esperas? Hazlo... —la provocación salió de los labios de Jimin como veneno y súplica a la vez.

El alfa acercó su rostro hasta que sus frentes se tocaron, su respiración pesada rozando los labios de Jimin.
—Crees que no lo haría si pudiera... ¿Qué me hiciste? Maldito Park... Te odio por hacerme querer protegerte, por desear estar a tu lado, abrazarte, tocarte... ¡Eres mi condena!

Jimin se quedó en silencio, mirándolo fijamente, tragando las palabras que quería decir pero que no lograban salir.
—Jeon, yo...

No alcanzó a terminar. Jungkook lo besó con violencia, como si quisiera arrancarle el alma. Jimin se quedó helado unos segundos, sorprendido, con el corazón golpeando desbocado. Intentó resistirse... pero el deseo, el dolor y la necesidad se mezclaron y terminó cediendo. Sus labios respondieron con ansias reprimidas, con hambre, con rabia y amor escondido.

Jungkook liberó las manos de Jimin, pero en lugar de apartarse, el omega lo envolvió con sus piernas, sujetándolo fuerte, arrastrado por el fuego del momento. Las manos del alfa subieron lentamente por su cuerpo hasta llegar a su pecho, donde pellizcó con fuerza sus pezones, arrancándole un jadeo que le encendió la sangre.

—Ah... Jungkook... —Jimin intentó hablar, pero ya no era dueño de su voz ni de su cuerpo.

El alfa devoró su cuello, besándolo y lamiéndolo con desesperación, dejando marcas rojas en su piel blanca.
—Park... —murmuró con deseo, casi como un gemido.

Las manos de Jimin se deslizaron bajo la camisa de Jungkook, recorriendo su espalda musculosa con lentitud, como si quisiera grabar cada línea de su cuerpo en su memoria.

—Perdóname... —susurró el alfa, mirándolo fijamente con los ojos brillantes de dolor.

De repente, lo volteó y lo colocó sobre él, dándole el control. Jimin lo miró confundido.
—¿Por qué...?

—Por haberte tomado a la fuerza antes... Yo... —la voz de Jungkook se quebró. No pudo terminar. Las lágrimas cayeron por sus mejillas, demostrando un lado que nadie conocía.

Jimin lo observó con el pecho oprimido. Debería sentirse feliz de verlo quebrarse, pero en lugar de eso, le dolía. Esa sensación lo confundía, lo quemaba.
—Aún no puedo creer que estoy viendo llorar al temible rey del norte... —murmuró con ironía, aunque su voz sonaba débil.

Jungkook le acarició la espalda y cerró los ojos.
—Solo tú, Park... Solo tú me haces esto. Ahora duerme... descansa, yo estaré aquí.

Jimin soltó un respiro aliviado, se inclinó sobre su cuello y lo lamió suavemente antes de darle un beso. Después se acomodó en su pecho, escuchando los latidos fuertes del alfa, y poco a poco, con una paz que no comprendía, se quedó dormido entre sus brazos.

Jungkook lo observó, acariciando su cabello con ternura y rabia mezcladas, sabiendo que esa guerra entre odio y deseo apenas estaba comenzando.

CONTINUARÁ...

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