NADA ES LO QUE PARECE...II... cap IX

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REINO DEL NORTE

—¡Maldita sea, Bogum! ¿Por qué los enviaste? —Taehyung golpeó con fuerza la mesa de mármol, su voz temblaba entre la rabia y la desesperación.

—Vamos, lo sabes muy bien... —respondió Bogum con calma cínica, inclinándose hacia él—. No deben encontrarlos. Si los traen de regreso, todo lo que hemos hecho se derrumba.

—¡Dime dónde están! —Taehyung lo tomó del cuello de la ropa y lo empujó contra la pared—. Iré por ellos yo mismo si es necesario.

—Mi amor... seguro que eso es lo que quieres. —Bogum sonrió con burla, acariciándole el rostro como si disfrutara de verlo sufrir—. Sabes que amo a Jungkook, ¿verdad?

Taehyung apretó los dientes con rabia, su pecho subía y bajaba con violencia.

—Y aun así te acuestas conmigo... —Bogum soltó una risa amarga, pegándose más a él—. ¿No es irónico?

—Lo que hay entre tú y yo no es amor. Solo sexo. —Taehyung le escupió las palabras con frialdad, aunque en su mirada había un destello de contradicción.

—¿En serio? —Bogum arqueó una ceja, bajando sus manos por la cintura de Taehyung—. Entonces, si tanto lo amas... ¿por qué no le dices a Jhope que fui yo quien planeó todo? Así él podría rescatar a tu precioso Jungkook.

El silencio pesó unos segundos, hasta que Taehyung cerró los ojos con dolor.

—Sabes por qué no lo hago... —murmuró con la voz quebrada.

—Por un hijo... —Bogum sonrió satisfecho—. ¿Quién diría que al final mi hermoso primo sería traicionado por la incompetencia de los suyos?

—¡No te refieras a él así! —gritó Taehyung, empujándolo con fuerza—. Amo a Jungkook... pero no puedo esperar más. Debo tener un hijo o mi especie desaparecerá.

Bogum rio bajo, acariciando el cuello del príncipe.

—Y pensar que estaba ilusionado con casarse con el príncipe de los tigres... ese híbrido de lobo y tigre que todos admiraban. Y resulta que, por eso mismo, terminó traicionado.

Taehyung bajó la cabeza, los ojos vidriosos.

—Lo amo... pero debo darle un heredero a mi dinastía. Aunque me destroce, Jungkook jamás podrá darme descendencia.

—No te preocupes, mi amorcito... yo te daré todos los hijos que quieras. —Bogum comenzó a desvestirlo lentamente, besando cada rincón de su piel, como si lo marcara como suyo.

Los labios se encontraron en un beso cargado de desesperación, pero antes de perderse en ese momento, una voz irrumpió como un trueno.

—¡Mi General!

Era Jhope.

Taehyung y Bogum se apartaron sobresaltados. El alfa guerrero entró manchado de sangre, con el rostro endurecido por la furia.

—Creí que habías enviado a tus súbditos, los coyotes —dijo Bogum, tensando la mandíbula.

—Lo hice... no entiendo cómo es que... —intentó justificarse, pero Jhope lo interrumpió.

—¡Mi General! —repitió Jhope, con el pecho agitado—. Fuimos atacados... y todos mis hombres murieron. Creo que esto fue un plan para detenernos y evitar que siguiéramos buscando a mi rey.

Taehyung, fingiendo sorpresa, se levantó y cubrió sus ropas con rapidez.

—¿Qué...? ¿Quién se atrevería a tanto?

—Aún no lo sé, pero lo averiguaré —respondió Jhope, con la voz cargada de determinación.

Bogum sonrió con malicia, cruzando los brazos.

—Está bien... pero dime, ¿cómo lograste escapar?

Jhope bajó la mirada, consciente del peligro de mencionar a Seokjin.

—Tuve suerte...

—¿Suerte? —Bogum repitió la palabra con un tono venenoso.

—Sí... —respondió firme, conteniendo el temblor en su voz.

Taehyung lo miró fijamente, intentando mantener el papel de soberano preocupado.

—Deberías cambiarte, estás cubierto de sangre... —Bogum lo observó de pies a cabeza, sonriendo con burla—. Pero antes, solicita otros mil hombres. Continuaremos la búsqueda.

Jhope inclinó la cabeza con respeto, aunque en su mirada se notaba el enojo.

—Como ordene, mi General. —Y se retiró de la sala del trono.

Taehyung quedó solo con Bogum. La rabia lo consumía.

—¡Maldita sea! Sacrifiqué a mil de mis hombres por nada. Eres un incompetente... —escupió con odio, aunque por dentro sabía que Bogum tenía razón: había sacrificado todo, incluso al hombre que amaba, con tal de tener un hijo. Y si había podido condenar a Jungkook, ¿por qué no sacrificar también a Jhope, el único que lo trató como su reina a pesar de ser un mestizo?

CUEVA KOOKMIN

—Jungkook... —la voz de Jimin era débil, rota, con un dejo de tristeza que desgarraba.

El alfa lo observó con angustia, sentándose a su lado.

—Despertaste... ven, debes comer algo —dijo, aunque su semblante dejaba ver la culpa que lo atormentaba.

—No... necesito pedirte algo... —Jimin bajó la mirada, apretando las sábanas con las manos temblorosas.

—¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? —preguntó Jungkook, alarmado.

—Quiero que me abraces... —confesó, con el rostro encendido por la vergüenza.

Jungkook se quedó en silencio, sorprendido. Su pecho se agitó al ver los ojos rojos de Jimin, suplicantes.

—¿Por qué...?

—Me duele el estómago... —Jimin tragó saliva, la voz quebrada—. Escuché que si el padre deja su olor en su pareja, el bebé se relaja...

El alfa lo miró, incrédulo. Su propio corazón latía con violencia, como si esas palabras hubieran removido algo profundo en él.

—¿Quién te dijo eso?

—Mi mejor amigo... Seokjin. Él es médico. Pero olvídalo... —Jimin giró el rostro, frustrado—. Solo intentaré volver a dormir.

Se giró en la cama, dándole la espalda. Sus hombros temblaban.

Jungkook no lo soportó. Subió a la cama, rodeó su cuerpo con los brazos y lo atrajo hacia sí.

—Jimin...

Pero el rey lo apartó de inmediato, con los ojos cargados de furia.

—¡No me toques! —espetó, sintiéndose humillado por haber pedido algo tan íntimo.

—Oye, solo quiero ayudarte... tú mismo dijiste que—

—¡No importa lo que dije! ¡No quiero que me toques! —gritó Jimin, con la voz quebrada.

—¡Park! —la voz de Jungkook rugió, una mezcla de enojo y preocupación.

—¡Déjame! —respondió Jimin, tratando de contener el llanto.

—¿Acaso quieres que nuestro bebé muera? —rugió Jungkook, desesperado.

El silencio se rompió con las lágrimas de Jimin.

—¿Sabes lo humillante que es necesitarte para todo? —sollozó—. Soy un alfa... y llevo a tu hijo dentro de mí. Soy un rey... ¡y duele! Duele porque te odio, Jeon... ¡te odio! Odio necesitarte...

Su voz quebrada resonó en la cueva, cada palabra era un cuchillo que atravesaba a Jungkook.

Jimin lloraba dándole la espalda, temblando. Jungkook lo observaba, mudo, con el corazón hecho pedazos.

Alzó una mano temblorosa e intentó abrazarlo otra vez, pero Jimin se levantó bruscamente, limpiando sus mejillas con furia.

Sin mirarlo, comenzó a caminar hacia la salida de la cabaña, dejando a Jungkook solo, perdido entre la culpa y el amor imposible que lo consumía.

CONTINUARÁ...

MI REY Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora