Fiebre

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Harry se encontraba en su turno

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Harry se encontraba en su turno. Atendiendo a cada niño que se cruzara en su camino en su consultorio.

Daba una consulta de seguimiento a un tratamiento. Ese día no tenía a Louis a su lado como colega. El castaño cuidaba de su bebé en casa.

—Abre la boca y saca tu lengua, campeón.— dijo al momento que sacaba un abatelenguas especial para sus pequeños, el cual era de plástico rígido, con una ligera capa de caramelo. Haciéndoles mejor la experiencia a sus pequeños en cada revisión de garganta.

Él sabía lo horrible que para un niño suele ser ese desagradable sabor a madera.

Con su linterna iluminó a la distancia. La inflamación bajó considerablemente. Todo iba de maravilla.

—Bien, ciérrala.— el menor le hizo caso. —Puedes comerte el dulce, es para ti. Cuando lo termines tíralo en el cesto que está en la puerta, cariño.

El pequeño asintió moviendo sus piernas, tratando de bajar de la camilla. Harry sabía que a ese menor le gustaba hacer sus cosas solo, como bajar de la camilla para irse a sentar con su mamá.

Harry fue a su escritorio. Listo para escribir en su computadora los avances.

—¿Va bien?— preguntó su mamá.

Harry asintió con su vista puesta en la computadora y sus manos tecleando.

—De maravilla. Tres días más con el medicamento y Cameron estará muy bien.

Quería seguir platicando con ellos, pero una llamada se pronunció en su celular. Sonando desde el bolsillo de su bata, llamando la atención del niño y su madre.

Un poco molesto, sacó su celular. Miró en la pantalla el nombre. No dudó en contestar.

—¿Louis?— preguntó con una sonrisa en sus labios. Apoyando el celular en su hombro, con ayuda de su mejilla para poder seguir escribiendo.

—¡Harry!— habló con voz temblorosa y un poco preocupada.

Ese tono lo alarmó. Borrando su sonrisa de inmediato. Tomando el celular con su mano de nuevo.

—¿¡Estás bien!?

Escuchaba ruidos por la casa. Probablemente de Louis, buscando algo, desesperado.

—Sí, yo sí.— habló agitado. —Es Faith. Ella ha tenido fiebre desde hace unos minutos. No baja y ha subido.

—¿Le quitaste su ropa caliente? ¿Cuántas cobijas tiene encima?

—La dejé en su pañalero. Sólo dejé la sábana encima suyo para que no tenga tanto frío. Está llorando y-y... yo estoy asustado. No sé qué hacer, estoy bloqueado porque es ella, Harry. Si fuera cualquier niño sabría qué hacer, pero... ésta vez no.— su tono demostraba la desesperación por no saber qué hacer por su culpa del estado de bloqueo.

Maybe... co-parents? [L.S] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora