Harry es un pediatra en un hospital de enseñanza, Louis es su residente.
Donde Harry quiere adoptar a un bebé del área de pediatría antes de que se vaya a servicios sociales.
O donde Louis tiene cariño por cierto bebé que su jefe quiere adoptar.
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Louis recorría la casa con pasos torpes y apresurados dentro de las cuatro paredes. Guardando y limpiando todo el apartamento porque su pequeña hija llegaría a casa como visita, pasando el día entero de descanso con ellos.
Así fue como lo acordaron.
Recogía cosas que pudieran ponerla en riesgo, como las llaves de Harry tiradas en el piso, o quitar una caja de medicamento de la mesa del centro. Nada debía de estar al alcance de su bebita.
Harry despertó por el ruido. Sus rizos despeinados y sus ojos entrecerrados mientras se acostumbraba a la luz que entraba por las ventanas.
—¿Por qué tanto ruido, cielo?— preguntó en medio de un bostezo. —Son las ocho de la mañana y llegamos del trabajo a las once de la noche.
Louis abrió la boca, fingiendo sentirse ofendido. Se acercó al mayor, dando golpecitos con su dedo índice en su pecho.
—¿Te olvidas del día de visita de tu hija? ¿Dónde está mi novio que era buen padre?
Y es que, sí lo olvidó. Pero sólo por estar recién despierto. Jamás olvidaría los días de visita de su pequeña.
—Es temprano.— se disculpó con voz ronca. —No me olvidaría de eso. Cuento los días para tenerla con nosotros.— sonrió con amor.
Louis asintió satisfecho. Dispuesto a volver con el aseo, dio la vuelta, la cual, fue detenida por una mano en su cintura, haciéndolo girar para quedar de frente a Harry, atrayéndolo y pegando sus pechos.
—Por cierto, buenos días.— besó su sien.
Louis dejó un corto beso sobre sus labios. Sabía que Harry podía levantarse de la cama desarreglado y despeinado, pero no sin cepillarse los dientes.
—Buenos días, corazón.
—Haré el desayuno. ¿Faith también desayunará con nosotros? Puedo hacerle la especialidad de papá.
Louis sintió su corazón brincar de emoción. Todavía no se acostumbraba a escuchar a Harry refiriéndose de tal forma a sí mismo.
—Llega en una hora, supongo que sí. Ella adora tus sándwiches de figuritas. ¿Puedes hacerme unos iguales?— preguntó como niño pequeño. —Se ven lindos.
—Sándwiches de figuritas para mis dos amores, serán.
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La puerta sonó. Un Harry y un Louis en pijama los recibieron con alegría al saber de quien se trataba.
John delante de la puerta, la bebé en brazos con un conjunto de arcoíris y unos lentecitos de unicornio que ellos le compraron. El pelinegro llevaba la pañalera colgando de su brazo, a punto de caerse.
Louis lo ayudó, quitándosela para dejarla en el sofá mientras los invitaba a pasar.
Harry recibió a la pequeña en brazos. Le dio pequeñas vueltas y besitos en su cara, saludándola con efusividad y una sonrisa enorme.
—¿Cómo está la princesita de papá? ¿Te has portado bien? Yo sé que sí, amorcito. Tú no causas problemas.— besaba su barriguita, arrebatándole risitas risueñas.
Louis le sonrió a la escena. Volvió a fijarse en John.
Ojos cansados, parecía estar haciendo el gran esfuerzo por mantenerse en pie. Louis señaló el sofá, invitándolo a sentar mientras Harry se llevaba a Faith a la cocina para enseñarle el desayuno que la esperaba.
—¿Cómo estás?— preguntó el castaño a John. —¿Sigue sin dejarte dormir?
John asintió. No estaba siendo nada fácil cuidarla, menos cuando la sacó de un entorno al que ya estaba acostumbrada.
—Llora en las noches y en las mañanas. Sólo la entretiene la música y me cuesta hacer que coma todo lo que le doy.— suspiró. —¿Por qué es tan difícil ser papá?
Louis sonrió con pena.
—Bueno, nunca estamos preparados para ser padres. Aunque lo querramos, ¿verdad, corazón?— alzó la voz para que Harry lo escuchara desde la cocina.
El mencionado alzó la cabeza y asintió. Sostenía a la menor de su cadera, para evitar que cayera al estar sentada sobre la isla de la cocina.
—¿También les costó?
Louis asintió. Soltó una risa al recordar esa noche que Harry no durmió nada.
—A principios, ella solía quedarse mucho conmigo en las noches y con Harry en el día porque... nosotros todavía no éramos pareja. Un día cambiamos de turnos y ella se quedó con Harry en la noche.— mordió sus labios sonriendo. —Cuando llegué en la mañana, Harry casi lloraba de alivio porque Faith no lo dejó dormir en toda la noche. Y era porque se acostumbró a estar conmigo a esa hora. No lo estás haciendo mal, John.
—¿Y por qué siento que sí?
Harry apareció con la pequeña. Dejándola ahora en brazos de Louis, quien dejó besitos en su cabecita y manitas. Mordiendo sus piecitos haciendo caritas graciosas.
—Es la presión de todo. Tienes la custodia porque peleaste por ella, quieres demostrar que eres mejor que nosotros y es válido.— dio unos golpecitos en su espalda. —Tranquilo, hombre que hoy es tu día descanso. Nosotros nos encargamos de esta preciosura.— lanzó un besito a Faith, quien empezó a gritar mientras lo miraba con sus ojitos bien abiertos.
—Papá.— señaló a Harry y volvió a reír.
John asintió con media sonrisa. Dejando un besito en la cabeza de la menor antes de irse a la puerta del apartamento.
Harry giró a donde Louis y Faith. Sus manos en su cintura y sus ojos achicados. Señaló acusatoriamente a la menor. Ella fruncía su ceño por lo que su papá hacía.
—Pequeña princesita... ¿por qué no dejas que tu otro papá te cuide? No seas mala, amorcito.
La pequeña ladeó su cabeza, su carita confundida. Ella no entendía de qué hablaba Harry.
Louis la meció en sus piernas. Haciéndola brincar sobre ellas, volviendo a hacer sonoras las risas en el apartamento.
—Sé niña buena con John, mi amor. Se está esforzando por ti.
Harry asintió.
—Papi habla con la verdad, amor.— besó su naricita.
Ambos mayores intercambiaron miradas. Eran como una familia tradicional y común, fue inevitable no besarse aún teniendo a la pequeña en medio, la misma que los hizo romper su beso por unos quejidos.
Louis empezó a reír con fuerza. Harry negaba aguantando la risa. No era la primera vez que terminaba con sus demostraciones de afecto.
—Ya sé que eres celosa, no olvido lo que me hiciste hace mucho tiempo.— besó su manita. —Papi también es mío.