capitulo 8

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Noah:

No podía volverla a ver necesitaba desaparecer de su vida. Ayer por la mañana me levante y tenía tres llamadas perdidas de Adela, no podía continuar de este modo. Estaba por preparar mis bolsos hasta que sentí mi teléfono vibrar en mi bolsillo, por suerte era Lucas.

Llamada:

- Hola Lucas.

- Noah, ¿Cómo estás?

- Por suerte bien pero ando medio ocupado ahora no me podrías llamar más tarde.

- No, no escucha... Te tengo muy buenas noticias y estoy muy emocionado de contártelas.

- A ver dime.

- ¿Adivina quién va a ir a visitarte a Alemania? – No puede ser- Yo... Tu mejor amigo.

Me quede callado justo ahora no era momento para que venga a verme; No hoy.

-¿Noah me escuchas?

- ¡Ah sí! Que alegría me da de volver a verte después de tanto tiempo.

- Mañana sale mi vuelo para Alemania espero que cuando llegue haya mucha comida. Ya saber cómo soy- En cuanto termino corto la llamada, a los pocos minutos de dejar mi teléfono apoyado en la cama sonó el timbre de mi casa. 《¿Quién era?》

- ¿Quién es?

-Adela

《¿Adela?》

- ¿Adela qué?

-Adela Weber bobo... La chica a la que andas cuidando todos estos días.

- Ah cierto – Me río nervioso – Que tonto soy.

Le abro lentamente la puerta, al abrirle ella estaba ahí parada, llevaba puesto una pollera rosada con una remera blanca bordada de mariposas. 《Era tan hermosa》

-Noah ¿Me dejas pasar, por favor?

- Desde luego; pasa.

Al pasar se sacó los zapatos y los dejo acomodados en un rincón. Ella comienza a caminar observando cada detalle de la casa, no paraba de ver cada rincón, cada cuadro hasta los mínimos detalles veía.

Ella era perfecta.

- Adela ¿Qué haces aquí?

- ¿Perdona?

- ¿Qué haces en mi casa? Yo nunca te pase la dirección.

- Ah si es que mi abuela me lo dijo – Sabía que estaba mintiendo.

-No me mientas... Cuando mientes empiezas a tocarte el collar como estás haciendo ahora mismo- Ella al darse cuenta que tenía razón deja de hacerlo – Dime la verdad.

-Pero... ¿Cómo?...

-Adela...

-Está bien...Yo misma hable con tu madre, pero...

- ¿Qué hiciste qué? - No me di cuenta que había levantado mucho la voz por lo que al gritarle ella asustada se fue un paso para atrás- Perdona no quería asustarte. ¿Quieres que te sirva algo para tomar? - Ella asintió –Ahora te traigo, si quieres puedes sentarte en el sofá y quédate tranquila que no pienso hacerte daño.

Al llegar a la cocina no pude notar los nervios que tenía, debía tranquilizarme y estar tranquilo frente a ella. Al servir el vaso con abundante agua se lo lleve a donde estaba sentada, se veía asustada. 《¿Tan fuerte había gritado?》

Le entregué el vaso con agua y me senté junto a ella. No podía verla sentía vergüenza por lo que había pasado. En eso la miro de reojo y note que una pequeña lagrima caía de su mejilla.

- ¿Por qué lloras? ¿Es por lo que te dije? Si es eso perdóname no quería gritarte yo...

-No es eso – Estaba confundido. ¿Si no era eso entonces que era? Me quede mirándola con confusión- ¿Por qué desapareciste así cuando más te necesitaba?

No podía responder; No sabía qué le iba a decir.

-Bien... Si no quieres responder entonces perfecto pero que te quede claro que no quiero que me cuides más- Ella estaba por irse cuando la agarró del brazo y la giro de forma que quedara contra mi pecho- ¡Noah! ¡Suéltame! ¿Pero qué haces?

-Adela siéntate y escúchame por favor.

- ¿Para qué? ¿Para querer hacerte el lindo conmigo y pedirme perdón así de fácil? Yo no soy un juguete que puedes manejar así de simple.

-Ya lo sé y nunca dije eso. Solamente quiero que me escuches- Ella se tranquilizó y se sentó haciéndome caso- Gracias, mira Adela hace unos días hable con mi mamá y me dijo que está muy enferma por lo que estoy muy preocupado y necesito mi espacio.

-Pero si yo misma hable con tu mamá y se notaba que estaba todo bien.

-Seguramente hablaste con mi tía, tienen la misma voz.

-Puede ser.

Suspire lentamente tratando de tranquilizarme.

-Adela ya es tarde y tengo cosas que hacer ¿Quieres que te lleve a la casa de tus abuelos?

- No tranquilo ya me pedí un taxi- En cuanto venia ella se fue poniendo sus zapatos y cuando llego la acompañe hacia la puerta para abrirle y dejar que ella entrara al auto. La salude con una sonrisa, pero ella no me hizo ningún gesto, por lo que se fue así como si nada sin decir ninguna palabra.

Entre nuevamente a la casa y cerré la puerta detrás de mí. Pocos segundos más tarde corrí escaleras arriba hacia mi habitación para luego agarrar mi teléfono y llamar a la única persona que podría ayudarme antes de que puede perder mi trabajo. 

AdelaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora