Parte 18: La alegría

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Después de haber confirmado que Lincoln ya era oficialmente parte de los mejores del mundo, tanto Lincoln como Lana decidieron hacerle una visita al señor Neil. Lincoln estaba muy tranquilo y confiado en su elemento, pero era para Lana una sorpresa ver que todos los aventureros que pasaban la veían con interés también a ella. Era cierto que ya era parte del top mundial al igual que su hermano, pero simplemente recibir esa atención tan merecida y en exceso después de tanto tiempo la incomodaba a la vez que la halagaba. No obstante, no apartó mucho tiempo la mirada de su hermano. El albino estaba bastante alegre de saberse alguien importantes y famosos gracias a un logro que verdaderamente le gustaba, y no el simple proceso de haberlo obtenido.

Ahora agradecía en silencio y con humildad las admiraciones que recibía, aunque rechazó nuevamente invitaciones a otros clanes. Lana también recibió una que otra, pero en lugar de un tajante no, prefirió quedar con el típico "yo te llamo", siendo muchos los que aceptaron la excusa, por mucho que jamás le dieron sus teléfonos para que los contactara.

Después de lo que pareció una eternidad, ambos hermanos por fin llegaron a una zona que era mucho menos frecuentada por personas, y por fin alcanzaron algo de alivio introvertido. La casa del Señor Neil no había cambiado mucho, aunque ahora se podían apreciar unas macetas con unas plantitas apenas creciendo.

Lincoln tocó suavemente la puerta. Se oyó una vocecita que decía, "¡Voy!". Lincoln sintió más que supo que alguien lo estudiaba a través de la mirilla de la puerta. Luego se escuchó un pequeño grito de alegría y la puerta se abrió de par en par. Con apenas tiempo para reaccionar, un balón de fútbol apareció de la puerta. Lincoln lo dominó a duras y lo pateó de vuelta.

- ¡Lincoln!

- ¡Hola, Mikey!

El pequeño niño sonrió de oreja a oreja cuando Lincoln se puso a jugar con él. Poco después su abuelo salió también, sonriendo de la misma manera que su nieto.

- Veo que mi nietecito tiene ganas de jugar. Salió unos diez minutos antes de que su abuela lo dejara jugar con los demás niños, pero estoy seguro de que entenderá que quisiera salir un poquito antes, ¿o no, cariño?

La abuela se hubiera rehusado, pero supo que las visitas eran más importantes en ese momento, por lo que optó por dejar a su nieto irse.

- De acuerdo, de acuerdo. ¡Pero bueno! Me alegra que por fin hayas decidido mostrarte, niño. ¡Y en serio que te han servido las inútiles habilidades de este viejo sapo! Hasta encontraste una novia.

Lana se quedó lívida ante lo que dijo la dulce ancianita, pero por fortuna no se sonrojó, no al menos hasta que Lincoln soltó una risa.

- No es mi novia, solo es mi hermana, Lana. He estado queriendo hacer todo solo, pero ella me ha convencido de ir a todas mis aventuras al menso acompañado por ella. Y no creo que me vaya a arrepentir, todo parece ir a la mar de bien, y...

- ¡Muchacho! Si vamos a hablar, que sea con una tacita de café y pan dulce. ¡Pasen, pasen! -rió la anciana.

Ambos hermanos terminaron por quedarse con un plato lleno de pan y con varias tazas de café dentro de sus sistemas. Lincoln habló a la mar de bien con el Señor Neil, mostrándole sus stats y las habilidades que había conseguido. Le mostró también a Gurfy, algo que el Señor Neil no se esperaba en lo absoluto, pues él no había tenido nada parecido en su vida.

- ¿Dices que un día simplemente apareció? -cuestionó el Señor Neil.

- Sí, ha estado aumentando de nivel como nosotros. Probablemente apareció cuando llegué a algún nivel en específico; pero me sorprende que usted no sepa de ello, Señor Neil.

- Bueno, aunque te de las habilidades que he obtenido yo, la evolución de las mismas cambian y dependen de quienes las usen. No hay dos personas iguales en todo el mundo, aunque sea un mísero stat, todos son diferentes de alguna manera. ¿Tienes mascotas, hijo? ¿Las quieres mucho?

- Cuatro principales -sonrió Lincoln- Y varias otras que son de mis hermanas. Sí, es probable que hayan sido la razón por las que tengo ahora a Gurfy. ¿Y cómo le ha ido a usted, Señor Neil?

El anciano comenzó a platicarle lo que había hecho en los últimos días, aunque no había sido mucho. Su mujer había querido plantar flores, y él la había ayudado al conseguir varias materiales. Mikey tenía ya unos amigos por ahí, pero lo que más lo entusiasmaba era poder por fin empezar a ser el aventurero que su abuelo lo había inspirado a ser. 

Lincoln le explicó al anciano como es que su hermana se había vuelto su compañera y la razón por la cual había decidido llevar a cabo todas sus acciones. No obstante, lo que más había agradado al Señor Neil fue ver que Lincoln se tomaba muy en serio volverse un gran aventurero con las habilidades de un slime, en especial cuando le contaron que ya había entrado en el top mundial.

Lana escuchaba todo con orgullo y admiración. No podía soportar su emoción cuando Lincoln le contaba de todos los logros que habían conseguido juntos. Sin embargo, había algo que Lincoln no sabía y que llevaba en acción desde hacía tiempo.

Lana había conseguido una habilidad nueva, aunque tal vez se podría decir que era la extensión de una que ya tenía. Era bien sabido que Lana hacía que otras criaturas la obedecieran. Al principio se trataban de caninos, o seres parecidos. Conforme mejoraba, otros tipos de criaturas la obedecían. No obstante, esta nueva habilidad casi forzaba a otras criaturas hasta sacrificarse por ella, y esto era mucho más efectivo en los machos.

Sí, exacto. Lana usaba hormonas para hacer que otros seres se sintieran atraídos hacia su persona, luego lo desviaba hacia otro miembro femenino de esa misma especia. Con las hembras funcionaba también, pero tenía un efecto más parecido al de una amiga ayudando a otra en intención de hermandad femenina. Con un macho era mucho más potente, pues era casi una promesa de apareamiento. Luego Lana usaba todo a su alcance para encontrar a otra hembra, y todo quedaba arreglado. Como los perros eran los seres más unidos a los humanos, eran los únicos que la rubia controlaba.

No obstante, eso había sido al principio. Ahora era mucho más poderosa, y eso que no llevaba tanto tiempo con esa habilidad y usándola a escondidas o camuflándola con sus habilidades de siempre. Ahora incluso reptiles y peces le hacían caso. Lo único que le faltaba era controlar, no a una animal de esa manera, sino a un ser humano. No tenía que ser necesariamente algo sexual, pues Lana podía simplemente hacer que su víctima se sintiera contenta si así lo deseaba, y si podía.

El pequeño Mikey solo miraba cortésmente a Lana, pero cuando lana usó su habilidad en el infante, Mikey sonrió con cariño, sintiendo de repente que esa niña era divertida.

Lana sonrió de alegría también. Por fin un humano sentía su habilidad. Con alegría, Lana siguió escuchando a su hermano contar sus aventuras.

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⏰ Última actualización: Jan 24, 2024 ⏰

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