Cristian.
Observaba a los otros tres alfas de la manada. Estaban de pie, nerviosos, caminando de un lado a otro en el comedor como leones enjaulados, sus rostros tensos por la ira y la preocupación. Sabía que, tarde o temprano, Luna iba a desenmascarar esta farsa. Fue algo que advertí y avisé desde el inicio de nuestra relación con ella, pero la soberbia de Trevol, la indiferencia de Eric y el temperamento de Liam se impusieron. Ninguno de ellos me escuchó. Ahora, mi chica debía sentirse traicionada hasta la médula por estos tres idiotas.
—Se lo buscaron ustedes solos —dije, dando un sorbo lento a mi cerveza fría, mi voz carente de simpatía. —Se los dije, pero como es costumbre, no me hicieron caso.
—Cállate, Cristian —siseó Liam con rabia, deteniéndose de golpe. Su aura era peligrosa, pero no me intimidaba. —No nos ayudas con esos comentarios.
—¿Y qué quieren que les diga? ¿Qué "todo estará bien"? Nunca los apoyé en esto. Les di tiempo de sobra para que resolvieran sus asuntos con sus otras... compañeras, y ninguno lo hizo a tiempo. Ahora Luna lo sabe. Y esto, hermanos, no se lo perdonará tan fácil.
Eric me miró, sus ojos encendidos. —Lo dices porque eres su favorito. Siempre has gozado de su atención sin esfuerzo.
Negué con la cabeza, manteniendo la calma. —No soy su favorito. Yo solo quise ser algo más que un alfa dominante para ella. Yo sí aprecio a mi chica y no quise tratarla como una omega que debe obedecer en todo momento. Ustedes fueron los que se mantuvieron alejados de lo hermoso que es estar con Luna como una pareja, y no solo bajo el estereotipo de nuestra raza. La quisieron forzar a ser algo que no es.
Trevol se frotó la frente con ambas manos, totalmente frustrado. —¿Ahora qué hacemos? Nos odia.
—Debieron pensarlo mucho antes de que esto pasara. Si la perdemos, les juro que me saldré de esta manada y se los recordaré hasta el último de mis días —Mi amenaza fue firme. La manada sin Luna no valía nada para mí.
—Tenemos que hacer algo —Liam golpeó sus manos, el nerviosismo haciéndole tocar el borde del pánico. —No podemos dejar que se vaya. Ella es todo para nosotros. Es nuestra omega. Debe estar a nuestro lado.
—Si ella es "todo" —pregunté, mi voz subiendo un tono de incredulidad. —¿Por qué no le dejaron ver ese puesto? Solo la regañaban, la reprendían y la castigaban. Nunca hablaron con ella de cómo se sentía, qué le gustaba, cuáles eran sus miedos. Nunca hicieron nada para ganarse su confianza, y esto no los ayudará en nada. —Me levanté, dejando la botella a un lado. —Están solos. No me meteré y no los ayudaré. Así que no cuenten conmigo. Yo estaré con ella, a su lado.
Justo en ese momento, un golpe seco resonó, como algo pesado cayendo en el suelo de concreto del jardín. Una sombra pasó fugazmente por el ventanal que daba al patio trasero. Salimos corriendo, abriendo la puerta principal y luego la del jardín.
Lo que vimos me dejó helado: Luna se había escapado.
Mi chica, audaz y valiente, había saltado desde el balcón de nuestra habitación. La altura era considerable, y aunque el cuerpo se me heló del terror, me alegré al verla ponerse de pie. Moriría si algo le pasaba.
Luna.
Necesito que vengas por mí —dije con urgencia a Noah por el celular, mientras guardaba mi ropa y algunas cosas esenciales en mi mochila de escalada y un bolso grande de viaje. Estaba actuando por instinto, pura rabia.
—¿Ahora? ¿Pero por qué? No hay ninguna fiesta a la que ir —Su voz sonaba somnolienta y confundida.
—Tú solo ven. No quiero estar un minuto más en esta casa. Después te lo explico, así que apúrate —Corté la llamada. No había tiempo para detalles.
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Chica De Cuatro Alfas
FantasyLuna no sabe que su destino esta en manos de cuatro alfas que están obsesionados con ella, pero al pasar el tiempo con ella Luna se guarda un gran secreto y descubre los secretos de su alfas. Los cincos se esforzaran en recuperar la confianza y el a...
