Luna.
Habían pasado varias semanas desde que me había refugiado en el penthouse de Cristian. Cada día era una batalla. Mi principal estrategia consistía en ignorar sistemáticamente todas las llamadas, mensajes de texto y correos de Eric, Liam y Trevol.
La verdadera prueba, sin embargo, ocurría en el instituto. Si alguno de ellos intentaba acercarse —ya fuera en los pasillos, el comedor, o incluso al azar—, mis respuestas eran cortantes y estrictamente profesionales. Los trataba como alumnos a un profesor, dejando meridianamente claro que cualquier intento de conversación personal sería rechazado.
Era una fachada agotadora. Sus miradas penetrantes, la cercanía peligrosa de sus fuertes aromas de alfa, y su persistencia invisible, amenazaban constantemente el autocontrol que me había prometido mantener. Los extrañaba, era un hecho innegable, una punzada constante en el pecho. Pero no me rendiría tan fácilmente, no antes de ejecutar mi plan de reivindicación.
Echaba de menos la protección instintiva de Liam, las burlas cariñosas y las miradas divertidas de Eric, y hasta la presencia fría pero segura y la mirada intensa de Trevol. Sin duda, me habían causado una herida profunda al mentirme, pero eso no eliminaba el afecto genuino que había desarrollado por ellos.
—Luna, ¿nos escuchas? —Jessi movió suavemente mi hombro, sacándome de un profundo torbellino de pensamientos.
—Lo siento, chicas. Estaba absorta en algo —les ofrecí una sonrisa forzada.
Nos encontrábamos en el centro comercial, inmersas en la búsqueda de calzado para nuestra próxima presentación musical.
—Te decíamos que estas botas son perfectas —explicó Emily, sosteniendo unas botas altas de cuero negro—. Se parecen muchísimo al estilo que lleva la cantante en el video original.
Miré las botas. Eran audaces y robustas. —Tienes razón, son prácticamente idénticas. Las llevaré.
Ya teníamos casi todos los detalles coordinados para las presentaciones grupales. La madre de Emily, una diseñadora talentosa, se encargaría de confeccionar nuestros vestuarios, y el resto lo compraríamos. Mis presentaciones en solitario, sin embargo, seguían siendo un enigma; aún no había elegido la canción ni el look.
Cada una pagó sus zapatos y salimos de la tienda. Seguimos deambulando, pero nada captaba mi interés. De pronto, recordé algo importante: pronto sería el aniversario del bar de Cristian, y quería conseguirle un obsequio especial.
—Chicas —capté su atención de inmediato—. ¿Les importaría acompañarme a comprar un regalo para Cristian?
—Claro que sí —respondió Ángela con entusiasmo—. ¿Qué tienes en mente para el alfa?
—Hace un momento vi una tienda de motocicletas y accesorios. Me gustaría pasar a ver si encuentro algo que le pueda gustar.
—¡Perfecto, vamos! —Ángela me tomó del brazo, y nos dirigimos a la tienda.
Al entrar, los hombres del lugar, todos musculosos, con chaquetas de cuero y tatuajes, nos miraron con extrañeza. Éramos cuatro adolescentes con uniformes escolares en lo que claramente era un santuario masculino.
Hice una mueca y me dirigí directamente hacia la repisa de cascos. —Veamos qué hay por aquí —murmuré.
Cristian era un fanático de estas cosas; tenía varios modelos coleccionados en el penthouse. Estaba indecisa hasta que un diseño en particular capturó mi atención. No era un modelo que él tuviera. Era un casco integral con la forma de una calavera, increíblemente realista y de un color negro mate impecable.
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Chica De Cuatro Alfas
FantasyLuna no sabe que su destino esta en manos de cuatro alfas que están obsesionados con ella, pero al pasar el tiempo con ella Luna se guarda un gran secreto y descubre los secretos de su alfas. Los cincos se esforzaran en recuperar la confianza y el a...
