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9: Confrontación Territorial

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Luna.

Ya vamos de camino a casa de John. El padre de Angela, el señor Carlos, había llegado justo después de que terminara mi llamada con Trevol. La conversación con él había disipado toda la confusión en mi cabeza, reemplazándola con una intensa expectativa.

—Bueno, chicas, llegamos. ¡Diviértanse! —nos deseó el señor Carlos.

Nos despedimos de él y salimos del coche para dirigirnos a la entrada, donde un guardia solicita las invitaciones. Entregamos las nuestras sin problema para poder pasar.

—Vaya, sí que hay mucha gente en este lugar —comentó Emily, recorriendo el abarrotado ambiente.

—Ya sabes cómo es John y sus fiestas descontroladas —respondió Angela.

Saludamos a varios amigos que bailan y a otros que beben en la barra. El lugar está repleto de rostros conocidos; John es muy popular en su universidad.

John nos vio. —¡Chicas! Por fin vinieron —Se acercó rápidamente. —Pensé que no vendrían.

Angela le sonrió. —Había mucho tráfico —Lo saludó con un beso en la mejilla. —¡Feliz cumpleaños!

—Gracias, nenas —Agarró los regalos y los dejó en la mesa junto a la montaña de obsequios.

Jessi miró la mesa, impresionada. —Vaya, ¿le estás haciendo competencia a Luna en regalos?

—Creo que jamás le ganaría. El año pasado tenía una montaña —Se río y bebió un trago de su cerveza. —Vengan, vamos a tomarnos algunas fotos.

Salimos al patio, que esta tan lleno de gente como el interior. El lugar está a reventar; la mayoría bebe, se toman selfies o bailan sin control.

—Vaya, quieres hacer reventar la casa. No creo que a tus padres les agradé esto —Lo miré con burla.

Él bufó. —Ni que lo digas. Tuve la suerte de que se fueran de viaje de negocios.

Nos tomamos muchas fotos. Yo me tomé varias con John; algunas comprometedoras y alocadas. Después de todo, él seguía siendo un gran amigo. Habíamos sido novios por una temporada, pero nos veíamos tan poco que decidí terminar.

John revisó las fotos. —Esta quedó genial —Se quedó estático y su sonrisa se borró. —Genial, llegó una peste... Chicas, ya vuelvo, iré a tratar con un ogro. —Lo vimos marcharse, su expresión ha cambiado por completo.

Me sentí extraña. Mi nuevo y sensible olfato apenas podía distinguir un aroma familiar, el mismo que los otros alfas.

Trevol.

Al bajarme de mi auto, la casa ruidosa de mis tíos me recibió. John se ha excedido, invitando a casi toda su universidad. Entré y me abrí paso entre la multitud de adolescentes. Al no poder encontrar a John de inmediato, me dirigí a una mesa alejada de la pista de baile improvisada y me senté a esperar.

Sentí el olor de John. —¡Primo! —Se acercó rápidamente con una euforia forzada.

—Esta fiesta te traerá problemas, John —Dije sin voltear a verlo. —Disfrutaré mucho cuando te castiguen —Sonreí de lado.

Se sentó frente a mí. —Es normal que haga este tipo de fiestas. Si tan solo te relajaras y disfrutaras, no opinarías así —Se cruzó de brazos.

—No me interesan estas estúpidas cosas de adolescentes púberes, como tú —Pedí un whisky a un mesero. —Hay cosas más importantes que una fiesta y un polvo rápido.

—Uy, sí, mira quién habla —Rodó los ojos. —Te la pasas todo el tiempo trabajando. Deberías salir y buscar, aunque sea un polvo.

—Ten mucho cuidado, niño. Yo decidiré si te veo sufrir o no —Vio cómo baja la mirada ante mi tono. Al ser un alfa de mayor nivel que él, tengo la fuerza para dominarlo.

Chica De Cuatro AlfasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora