Hemos actualizado nuestras Pautas de Contenido.
Consulta las pautas más recientes para seguir compartiendo historias de forma segura.

40: El Encierro Emocional

7.2K 523 19
                                        

Luna.

Hoy me sentía apática y sin energía. Mi único deseo era permanecer acostada en la cama del penthouse, sumida en mis pensamientos y en la soledad de este lugar. Había pasado una semana desde el evento escolar; el director nos había otorgado un descanso merecido por el gran trabajo realizado. Durante esta semana, estuve pensativa, deprimida y, sobre todo, perdida en mis propios sentimientos. Esos besos que me dieron mis alfas fueron demasiado poderosos; solo hicieron que mi instinto omega deseara rendirse y estar con ellos, olvidando nuestros problemas. Pero tuve que ser fuerte y me encerré.

Era viernes por la tarde y Cristian estaba trabajando en su bar, así que me encontraba sola. El sonido del timbre me obligó a volver a la realidad. Fruncí el ceño ante la interrupción. Caminé de mala gana hasta la puerta, la abrí y me encontré con Jessi, sonriente, sosteniendo una bolsa de ropa.

—Vaya, pero qué cara tan larga tienes —la dejé pasar, y nos dirigimos a la sala.

—¿De qué hablas? —Levanté una ceja, sin comprender su visita.

—¡Por Dios! Sabes perfectamente de lo que hablo.

—No tengo ni la menor idea de qué estás hablando, en serio.

—Luna, nos invitaron a ambas a un evento de influencers —sacó la invitación de su bolso—. ¡Mira, es esta!

Recordé la invitación que había guardado en un cajón. —Ah, cierto —suspiré—. De todas maneras, no tengo ganas de ir a esas cosas. La verdad, no tengo ganas de ir a ningún sitio.

—¡Ay, por favor! No quiero ir sola y sabes que no podemos llevar a nadie más. Vamos, acompáñame y así te distraes un poco.

—No lo sé —aún no estaba convencida.

—Solo será un rato. Después nos vamos y podremos volver aquí a ver alguna serie o película. ¿Trato hecho? —Me extendió la mano con una sonrisa negociadora.

Lo medité mejor. No quería que ella fuera sola y se sintiera mal. Además, ver algo de televisión podría ayudarme a distraerme.

—Muy bien, trato hecho —tomé su mano y ambas sonreímos.

—¡Perfecto! Justo vengo del centro comercial. No tenía nada bonito que ponerme —sacó un conjunto de ropa deslumbrante—. ¡Vamos a alistarnos! Sabes que tardamos horas.

—Tienes razón, es mejor empezar ya para no llegar tarde.

Nos levantamos del sofá y caminamos hacia mi habitación.

—Bueno, si quieres ve arreglándote. Yo me daré un baño —busqué mis productos y entré a la ducha.

Permanecí unos treinta minutos en la ducha, evitando hacer esperar mucho a Jessi.

Al salir, sequé mi cuerpo y vi las pequeñas marcas que Cristian me había dejado. —Por la Diosa Luna...

Mi celo había terminado hace apenas un día, y había sido un período brutalmente difícil. Si bien Cristian había estado conmigo una parte del tiempo, no siempre podía quedarse. Durante la noche anterior, me había dejado completamente agotada, amándome con intensidad en todos los rincones del penthouse. Pero mi instinto Omega, en su desesperación, anhelaba la presencia y la marca de mis otros alfas y de la presencia de Noah.

Terminé de secarme y me puse mi ropa interior para elegir qué usaría.

—Este es muy lindo. Aún no te lo has estrenado —Jessi agarró un conjunto blanco.

—No he tenido la oportunidad. Bueno, hoy es el día —sonreí. —Es realmente hermoso. —Me lo puse.

Era un conjunto blanco deslumbrante: la falda era larga por detrás, pero se cortaba revelando el short que traía debajo, y la camisa tenía tiras que se enrollaban elegantemente alrededor de mi torso. Me puse unos tacones a juego. Jessi me ayudó a arreglar mi cabello mientras yo me maquillaba. En pocos minutos, estábamos listas.

Agarré mi celular para enviarle un mensaje a Cristian, avisándole que saldría con Jessi a un evento, y le compartí mi ubicación en tiempo real. Aunque no lo pareciera, Cristian era muy protector. Siempre que salía, le enviaba mi ubicación, y yo sabía que él tenía una aplicación de rastreo para mi celular las veinticuatro horas. Esto no me molestaba; si ocurría un accidente, él podría encontrarme rápidamente. Éramos precavidos.

—Bueno, unas fotos y nos vamos —dijo Jessi, preparando la cámara de su celular.

Decidimos tomar las fotos en el balcón del penthouse. La vista era espectacular, y las fotos salieron increíbles.

—Vamos, ya pedí un Uber, y estará aquí en cinco minutos.

Nos tomamos de la mano y salimos. El Uber llegó justo a tiempo, ya que varios vecinos nos estaban mirando con demasiada curiosidad. Jessi le dio la ubicación al conductor. El trayecto fue largo, pues el lugar quedaba bastante lejos. Al llegar, mostramos la invitación al guardia y nos permitieron la entrada.

El lugar estaba abarrotado de influencers y algunos modelos. Saludamos a algunos conocidos y nos presentaron a otras personas. Apenas habíamos llegado y ya quería irme, pero no iba a dejar a mi mejor amiga sola. La gente seguía llegando. Me estaba aburriendo y, lo que era peor, me estaba dando hambre. Le avisé a Jessi y me dirigí a la mesa de bocadillos.

—Umm, muero de hambre —agarré un plato y lo llené con diferentes aperitivos.

Empecé a comer. Los bocadillos estaban deliciosos, y mi estómago se sintió mucho mejor al recibir comida. El mal humor se me estaba pasando; era evidente que solo estaba hambrienta.

Tomé una copa con jugo de naranja y la bebí lentamente. —Ya me quiero ir —a pesar de la comida, el deseo de escapar persistía.

Sentí que alguien se acercaba, deteniéndose a mi lado. La persona agarró una copa de vino tinto.

—Vaya, vaya, pero mira a quién me encuentro esta noche —habló la persona. Era un hombre delgado y alto.

Levanté la vista. Lo recordaba vagamente, pero me fastidiaba no recordar su nombre. Claramente, no era alguien relevante en mi vida.

—¿Te conozco? —Levanté una ceja y seguí comiendo.

Su mandíbula se tensó. —¿En serio no te acuerdas de mí?

—No me interesa recordarte —me giré un poco, quedando frente a él—. ¿Acaso eres lo suficientemente relevante como para que yo te recuerde?

—Eres una molestia —esbozó una sonrisa maliciosa—. ¿Lo sabes?

Me encogí de hombros, restándole importancia. —Soy diferente a las personas promedio. Y como no sé quién eres, no me interesa caer bien ni saber quién eres.

—Te crees mucho solo por tener un montón de seguidores y por ser el rostro del nuevo producto de la empresa Lennox.

Sonreí, mi voz adquiriendo un tono más agudo. —¿Estás celoso de que yo sea mejor que tú? ¿Un alfa celoso de una omega? Es una pena que un hombre sienta celos de una mujer.

—Eres una maldita puta. Solo te acercas a esos hombres para obtener su dinero —gritó, levantando su copa y arrojándome el vino tinto encima.

Sentí cómo el líquido frío y pegajoso empapaba mi hermoso conjunto. Varias personas se quedaron mirándonos; algunas se reían, otras se apresuraban a grabar con sus celulares.

Mi vestido blanco estaba arruinado, manchado de rojo como si fuera sangre. Mi cuerpo comenzó a calentarse de forma peligrosa. Estaba ardiendo por la intensa furia que me invadía.

Iba a explotar, y eso no era bueno.

—¡Luna! —Jessi me agarró del brazo, apartándome bruscamente—. ¡Cálmate! No es bueno que explotes en este lugar lleno de cámaras y miradas.

Jessi me jaló con fuerza, haciendo que todo lo que tenía en mis manos cayera al suelo. Mi cuerpo estaba comenzando a emitir humo. No era bueno para ese tipo, y mucho menos para mí si perdía el control.

Salimos rápidamente del lugar, buscando un taxi.

Tenía que controlarme. No podía perder los estribos y arrancarle la cabeza a ese cretino en público. Juraba que me las pagaría, y disfrutaría cada segundo de su miseria.

Chica De Cuatro AlfasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora