Luna.
Haber pasado esos días en el bosque nos otorgó una claridad mental que no sabía que necesitaba. A pesar de las noches durmiendo bajo el frío natural, el constante murmullo de los animales salvajes y la dureza del suelo bajo nuestras mantas, la experiencia logró reconectarnos con nuestra esencia más primal, despojándonos de la fachada de civilidad que la ciudad nos obligaba a mantener. Sin embargo, el tiempo es un ciclo que nunca se detiene; era hora de regresar a la rutina de la vida cotidiana, a la carga académica y, sobre todo, a las responsabilidades que nos reclamaban.
Mientras caminaba por los pasillos del instituto, sentía una opresión en el pecho, una mezcla volátil de ansiedad y anticipación que me cortaba la respiración. Mi mente no dejaba de oscilar entre la confrontación inminente que enfrentaríamos esta noche contra la familia de Victoria -un encuentro diseñado para poner fin a ese compromiso absurdo- y una necesidad imperiosa, casi física: encontrar a Noah. Necesitaba hablar con él, leer sus ojos y entender qué estaba ocurriendo en su alma antes de sumergirme en el caos político que Trevol y yo debíamos gestionar.
-¡Luna! -el grito entusiasta de mis amigas me sacó de mis pensamientos. Estaban acompañadas por los trillizos: Jake, Jacop y James.
Noah era el mayor de ellos, pero había decidido postergar un año académico para acompañar a sus hermanos en su proceso de adaptación.
-Chicos, es un gusto verlos -los abracé uno por uno, dejando un beso en sus mejillas-. Se ven increíblemente bien juntos. Es un alivio ver que finalmente han dejado atrás ese orgullo absurdo.
-Sabes cómo somos -respondió Jessi, posicionándose frente a James, quien no dudó en rodear su cintura con un brazo posesivo y protector.
-Somos jóvenes, pero entendimos que nuestro destino era inevitable -añadió Jake, tomando la mano de Angela para besar su dorso con una ternura que me conmovió.
Verlos así, sin reprimir sus sentimientos, me inundó de alegría. Tras revelarse nuestra naturaleza, ellos comprendieron casi al instante la magnitud de su vínculo, pero, como todo adolescente que teme a lo desconocido, intentaron ignorarlo. Ahora, ver a los seis juntos, aceptando lo que el destino les dictó, me pareció un milagro.
Sin embargo, mi mirada comenzó a escanear los alrededores con urgencia, buscando al mayor de ellos. Noah siempre poseía esa apariencia fría, callada y enigmática, con un toque de rebeldía que solía dejar sin aliento a cualquier Omega. Comprendí, con una punzada de culpa, que yo nunca fui la excepción.
-¿Dónde está Noah? -pregunté, interrumpiendo las risas del grupo. Los trillizos se encogieron de hombros al unísono.
-Dijo que iría a dar una vuelta por su cuenta. Ya sabes cómo es, siempre con ese aire de misterio, queriendo parecer interesante al estar solo -bromeó Jacop con una burla ligera que no hizo más que aumentar mi inquietud.
Mi pecho se oprimió. Él siempre me esperaba en la entrada; era un ritual no hablado, una constante en mi vida que nunca fallaba. El timbre resonó, marcando el inicio de la jornada, y los chicos nos acompañaron a clase antes de retirarse.
-Bienvenidos, alumnos -saludó el profesor de Biología-. Hoy trabajaremos en dinámicas de grupo. Busquen a sus parejas de siempre.
Nos agrupamos como era habitual: las cuatro inseparables.
Mientras sacaba mis útiles, Emily comentó casualmente -Por cierto, Luna, fuimos a tu casa el fin de semana. Nos sorprendió mucho cuando Isabel nos dijo que se habían marchado de campamento sin avisar.
-Lo lamento profundamente, chicas. No he visto a Isabel, ya será cuando regrese y le diré las gracias por haberlas informado. He estado tan sumergida en reconciliarme con mis Alfas que he descuidado mis responsabilidades básicas.
-Es comprensible. Ahora que todo está bien, entendemos tu distracción -la sonrisa de Angela brilló con la intensidad de quien vive su propio cuento de hadas-. Fuimos con los chicos. Noah... bueno, al saber que no estabas, se subió directamente a su motocicleta sin decir una palabra. Sabes que odia perder el tiempo.
-Aunque... -Jessi hizo una pausa, frunciendo el ceño mientras anotaba en su cuaderno- su rostro estaba más serio de lo normal. Tenía una mirada bastante sombría.
Me congelé. El pánico comenzó a filtrarse por mis venas. ¿Se habría molestado por no haberle avisado de nuestra escapada? No quería que se sintiera excluido ni que tomara una decisión impulsiva debido a un malentendido.
Las clases se tornaron una tortura. Cada minuto se sentía como una hora. Quería interrumpir la lección y salir corriendo hacia el edificio de Matemáticas para comprobar que él estaba ahí, pero mi cordura y el respeto hacia el profesor -que claramente sabía quién era yo y lo que esto significaba- me mantuvieron atada a mi asiento.
En cuanto llegó el descanso, salí disparada de la clase. Busqué en la cafetería, bajo la atenta mirada de Liam y Eric, quienes se pusieron de pie al notar mi alteración, pero les hice una señal para que se mantuvieran al margen.
-¿Qué te sucede, Luna? -Emily me tomó de la mano, llevándome a la mesa donde los demás estaban reunidos.
-Necesito hablar con Noah. ¡Ya!
-Dijo que no tenía apetito -informó James, levantándose con desgana-. Iremos por comida, chicas.
No pude probar bocado. Mis ojos se clavaron en la puerta, esperando que entrara, pero el tiempo se agotó y mi esperanza se desvaneció.
-Iré a buscarlo. Quizás solo necesita algo de comer -dije, tomando mi jugo y mi sándwich antes de emprender una carrera desesperada por el instituto.
Tras buscar en los gimnasios y bibliotecas sin éxito, un pensamiento me golpeó: el estacionamiento. Corrí hacia allí, y mi corazón dio un vuelco al verlo sentado sobre su motocicleta.
-¡Noah! -grité, tratando de captar su atención.
Él no se giró. Con una lentitud exasperante, se colocó el casco. Un rugido mecánico fracturó el silencio del lugar.
-¡Noah, por favor, espera! -corrí hacia él, pero fue inútil. Arrancó con una violencia que me dejó sumida en una nube de polvo, sola, con el corazón martilleando contra mis costillas y lágrimas recorriendo mis mejillas-. ¿Por qué...?
Regresé al edificio, derrotada. Mis amigas me bombardearon con preguntas, y no tuve más remedio que revelarles mis sospechas y la urgencia de mi búsqueda.
-Eso es fascinante -dijo Angela, pensativa-. Siempre sospeché que Noah era tu pareja, pero era extraño que antes no pudieran olerse... ¿por qué ahora sí?
-No lo sé -confesé-. Su olor simplemente emergió cuando estaba en mi punto más vulnerable, cuando la ansiedad me sobrepasaba.
-Eso significa que él es tu ancla -sentenció Emily con seriedad-. Un ancla incluso más potente que la que comparten tus otros Alfas.
El resto de la tarde fue una niebla de distracción. Liam y Eric, en nuestra clase compartida, notaron mi estado ausente, aunque mantuvieron un profesionalismo impecable para no levantar sospechas ante los demás alumnos.
-Cariño -dijo Liam en cuanto subí a su vehículo al finalizar la jornada-, has estado muy rara todo el día. ¿Qué está pasando?
-No pude hablar con Noah. Cuando lo vi en el estacionamiento, se marchó sin mirarme. Él fue a la casa el fin de semana y... no le avisé que no estaríamos.
Liam suspiró, tomando mi mano con delicadeza desde el asiento del copiloto mientras Eric vigilaba el tráfico. -No debes sentirte culpable. Pero entiendo cómo se siente Noah. Tú nos enseñaste esa sensación de vacío, Luna.
-Pero Noah no se lo merece -reclamé, con la voz entrecortada-. No estoy intentando castigarlo.
-Él no sabe eso. Dale tiempo, necesita procesarlo -concluyó Liam.
-Ahora, concéntrate -dijo Eric, lanzándome una mirada firme-. Esta noche Trevol y tú tienen una batalla campal en esa reunión. Necesitamos que estés fuerte, no dispersa por un Alfa que, de momento, ha decidido distanciarse.
Respiré profundo, tratando de recuperar la compostura. Tenían razón: el drama apenas estaba comenzando, pero la furia silenciosa de Noah era un enigma que amenazaba con devorarme por dentro.
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Chica De Cuatro Alfas
FantasíaLuna no sabe que su destino esta en manos de cuatro alfas que están obsesionados con ella, pero al pasar el tiempo con ella Luna se guarda un gran secreto y descubre los secretos de su alfas. Los cincos se esforzaran en recuperar la confianza y el a...
