Narrador Omnisciente.
—Ese día. No quiero que vuelva a suceder.
—Prometo comportarme, Trevol —dije, besando su mejilla.
Su rostro se suavizó por un momento. —Más te vale. Ahora, vamos a ver tu habitación.
Trevol guio a Luna a través del resto de la mansión. Recorrieron los salones de estar con vistas panorámicas, el cuarto de lavado, los despachos privados de cada alfa, un gimnasio de última generación y, finalmente, las habitaciones personales. La casa era inmensa, con numerosas áreas desocupadas que evidenciaban su potencial.
Al final del pasillo, Trevol abrió una doble puerta.
—Esto es increíble —Luna exclamó, entrando con fascinación. —Trevol, esta habitación es sencillamente gigante.
El espacio era un santuario personal. La pieza central era la cama, instalada sobre una base elevada. Era redonda, de estilo king-size, vestida con sábanas de seda blanca y rosa pálido, y una profusión de cojines. A los lados, mesas de noche minimalistas con lámparas de diseño y, sobre la pared principal, un cuadro abstracto.
—Sí, la mandamos a hacer más grande para que pudieras colocar todas tus cosas y tener espacio suficiente —explicó Trevol. —También tienes una cama extra para cuando vengan tus amigas. Por ahora, tiene poca decoración, pues el toque final corre por tu cuenta.
Luna sonrió. —Gracias, amor. De verdad me encanta. Aquí podríamos hacer pijamadas incluso entre nosotros.
—Solo si te comportas bien —Se sentó a su lado en la cama, mirándola con intensidad. —Eres muy especial para nosotros. Queremos que tengas lo mejor. Te dejo para que empieces a acomodar tus cosas y veas todo lo que te preparamos.
Luna le dio un beso de despedida antes de que saliera. Se puso de pie, ansiosa por explorar los detalles de su nuevo dominio.
Su nuevo escritorio era monumental, diseñado para albergar dos zonas de trabajo: una para su laptop y tareas escolares, y otra para sus materiales de dibujo. Lo que más le gustaba eran las sillas: dos sillones idénticos, de terciopelo negro y pelo sintético, con cojines redondos y, para su deleite, giratorios.
Caminó hacia la zona de belleza. Había una peinadora blanca con una miríada de cajones, un espejo con luces LED en los bordes y una silla redonda, también de peluche. Un espejo de cuerpo entero, igualmente iluminado, estaba junto a un estante de varios niveles para sus accesorios. Luna dio un salto de felicidad. En su antigua habitación no cabían tantas cosas; sin duda, esta era la mejor habitación de su vida.
En el centro de la estancia, una mesa de café de vidrio estaba rodeada de varios pufs de peluche. En una de las esquinas, había un rincón de lectura acogedor: un mini campamento con cojines mullidos y guirnaldas de luces, del cual colgaba una decoración de estrellas y lunas.
Junto a la cama redonda, una silla colgante, adornada con flores y luces, invitaba al descanso, acompañada de cojines y una manta gris.
Se dirigió al rincón de entretenimiento: una gran televisión colgada en la pared, flanqueada por muebles con forma de ositos de peluche, y otra mesa de centro para los controles de videojuegos.
Pero lo que más capturó su atención fue una forma oculta bajo una manta negra, al lado de un estante alargado.
—Oh... —Quitó la manta de un tirón y sus ojos se abrieron como platos, seguidos de un grito de alegría.
Era una silla de princesa, un hermoso trono dorado y negro. En el cabecero lucía una corona, tan elegante que no podía dejar de mirarlo.
Junto a la silla, encontró una tarjeta. La leyó con las manos temblorosas.
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Chica De Cuatro Alfas
FantasyLuna no sabe que su destino esta en manos de cuatro alfas que están obsesionados con ella, pero al pasar el tiempo con ella Luna se guarda un gran secreto y descubre los secretos de su alfas. Los cincos se esforzaran en recuperar la confianza y el a...
