Capítulo 9

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— Se lo juro abogado Cullen, mi hermano solía creer que las nubes sabían a algodones, él hubiera querido más ser un filósofo, escritor, realmente tenía historias alucinantes, duquesa que se hace soldado, enamorándose del enemigo y cayendo en la tortura de su propia mente, visto y narrado desde su lacayo más fiel, que la ve convertirse en reina y morir por sus propias manos, debería pedirle una copia. — Murdoch por segunda vez del día presumía a su hermano, que con cada palabra era destruido y consumido lentamente, anhelando ser el el que sufriera.

— Bueno dejando de lado mis historia, debemos analizar el caso de la enfermera Walter

—Analice los papeles, se quedará el abogado Smith— Murdoch asintió, quedándose en él área de problemas mentales.

Carlisle soltó un suspiro agotado, trataba de buscar un método para ayudar a Murdoch pero parecía inmune, ningún tratamiento podía ayudarlo, y aún que no quisiera, debería ir a un lugar especializado para ellos, si bien Carlisle tenía su especialidad en neurología,no podía ya hacer mucho por el, estaba derrotado, ya no podía ayudarlo más, pero podría mantenerlo ahí un tiempo, para hacer que Marlon deje de aferrarse a ala idea que su hermano pueda reaccionar, y no estaba seguro que el vampírico tras la transformación curara problemas mentales.

Se levantó y tomó dos cafés, caminando en dirección a la oficina de Marlon en la cual podía escuchar a una mujer llorar, su curiosidad fue mayor, y al abrir la puerta sin tocar encontró a una enfermera, llorando en los brazos de Marlon, este sonrió hacia el.

—Doctor Cullen, Ah, yo me retiro.— Marlon nunca la soltó, bajo su mirada azulada a la mujer, con su pulgar e índice levantó la barbilla de ella y lo hizo mirarlo, la enfermera mentiría si eso no la hizo latir su corazón a velocidades impresionantes. Carlisle frunció su entrecejo, y recordó las palabras de Emmet " Papá yo te quiero pero si no te apresuras se robarán a nuestro otro papá, todos hemos visto como las mujeres y hombre se desmayan ante el".

— Tranquila, todo saldrá bien. — La mujer asintió colorada y salió de ahí limpiando sus lágrimas.

— Lamentó interrumpir su cortejo— Susurro Carlisle a el hombre sacándole una risa a Marlon, eran tan cercanos ahora que solían bromear entre ellos, y entre cada comentario había una pizca de coqueteo que cierto azulado se negaba a creer.

— Beatriz acaba de perder a su padre, la encontré llorando en una esquina, le di un espacio libre para que sus emociones salieran, trayéndola aquí, pero no quería estar sola, y me abrazó. — Carlisle aún lo veía con su entrecejo fruncido.

— No me interesa ninguna señorita de manera romántica, y le agradezco el café— Comentó mientras se acercaba a Carlisle tomando el café de la mano del contrario, acercándolo a sus labio y bebiéndolo, una acción tan sencilla pero aumentó la tensión de alguna manera entre ambos varones.

Marlon limpio las comisuras de sus labios, rozando las yemas de sus dedos, haciendo a Carlisle tragan en seco. — Si las señoritas no le interesan, los cabellos si. — Mencionó Carlisle acercándose un poco al hombre, haciendo al ojiazul entrar en nervios.

Marlon sonrió, y se alejó de él cullen, cuando este se disponía a acercarse más a él, y antes de abrir la puerta — Los rubios son sexys— Susurro hilando un ojo, y saliendo de su oficina, Carlisle permaneció estático, sin creer en lo que acababa de decir, y Marlon estaba recargado en la puerta anteriormente cerrada, empezó a culpar a sus necesidades carnales por tan atrevimiento, su corazón latía desenfrenadamente, Carlisle percibía todo, Marlon acomodo su corbata y camino de regreso a emergencias, Carlisle maldijo por debajo, debió haber ido por el.

Siempre solía estar tan cerca pero a la vez tan lejos, ambos eran el consuelo del otro y su compañía en cualquier lado, pero Marlon aún no aceptaba o no sabía que hacer, solo había salido con una mujer, y no sabía como coquetear con un hombre, era nuevo en un mundo sin descubrir, no sabía y le aterraba, amar a un hombre lo aterraba.

***

Marlon continuo teniendo contacto con los hijos de Carlisle, los buscaban por un consejo o para charlar, parecía que los hijos del rubio avanzaban más rápido que su padre.

Cuando terminaron de charlar Alice y el, la pequeña y delegada mujer pedía el visto bueno de sus diseños, argumentando que la boda de Bella tenía que ser perfecta, quedó tan sumido en sus pensamientos, que no noto cuando un hombre moreno pasó a su lado, viéndolo con cierto brillo, que por supuesto Marlon ignoró, él era Francés, pero la oportunidad de ir a Italia era enorme, iría de maestro en una universidad, dejaría de ser médico, pero solo había una familia que lo ataba ahí, y no estaba seguro si quería soltarlo, suspiro cansado.

Se sentó en una banca y rápidamente marcó el número que lo solicitaba como mentor — Me interesaría conocer más— dijo cuando terminaron las presentaciones  a travez de, teléfono. No estaba seguro de irse, Carlisle le provocó paz, pero el nunca se mantenía en un lugar, porque lo haría, él no tiene ataduras, era todo un dilema, mejor eligió conocer la universidad y después lo valoraría, aún faltaba tiempo para que las clases iniciaran así que estaba a un buen tiempo de elegir, qué hacer, permanecer en ese lugar lluvioso o hacer lo que siempre hacía.

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MARLON, Carlisle CullenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora