Capítulo 10.

992 91 12
                                        

-Lalo, despierta.

Lalo se despertó, se talló los ojos, se rascó el pelo y sonrió. Ahí estaba ella, como todos los días. Ahí estaba Elena, su hermanita de ocho años. Era de pelo negro largo lacio, y de alguna forme siempre se las arreglaba para tenerlo perfecto, piel morena y ojos marrones como él. Se notaba a leguas que eran hermanos.

-Buenos días, mugrosa.

-Buanos días, greñas.

Ambos rieron y bajaron a desayunar. Era un linda día de otoño. Un 17 de octubre de 2019, en Culiacán, para ser exactos.

-¿Serías tan amable de hacer el desayuno y no quemar la cocina en el proceso?

-Sí, mamá.

Mientras Lalo cocina, Elena y su madre juegan con las muñecas mientras su padre ve las noticias. De pronto, Lalo escuchó una voz. Le parecía familiar, pero no sabía exactamente de quien era.

-No era la primera vez que en el número 4 de Privet Drive estallaba una discusión durante el desayuno. A primera hora de la mañana, había despertado al señor Vernon Dursley un sonoro ulular procedente del dormitorio de su sobrino Harry...

Lalo levantó la cabeza, confundido.

-¿Qué?

-Que si puedes llevar a tu hermana hoy a la escuela. Tu papá y yo tenemos muchas cosas que hacer y no nos va a dar tiempo. Y no me digas que, se dice mande.

-Sí, perdón. Y sí, voy a llevar a Elena a la escuela. Me queda de paso.

Volteo a ver a su hermanita.

-¿Estás lista en cinco minutos? Si no, te dejo.

-Está bien, ya voy.

La niña salió refunfuñando mientras Lalo terminaba de hacer los huevos. Apenas terminó se los sirvió a sus padres.

-Gracias, Lalo.

-¡Elena, ya son las ocho, apúrate o te dejo!

-¡Ya voy!

La niña estaba terminando de arreglarse cuando su hermano le aventó su mochila ya lista y la sacaba casi a rastras de la casa.

-¡Te hago la trenza en el camión, si quieres, pero ya vámonos!

-¡No han desayunado nada!

-¡Le compraré algo en el camino! ¡Pero si no nos vamos ahora llegaré tarde!

-¡Cuídense, los amo!

Lalo y Elena no eran lo que uno pensaría que son hermanos normales. La gente decía que los hermanos que no se fastidian uno al otro no son hermanos. Pero ellos decidieron ser la honrosa excepción. Tenían mucho en común, y al mismo tiempo eran muy diferentes. A ella le gustaba el baile, mientras que su hermano no hacía nada por mejorar esos dos pies izquierdos que tenía. Y a Lalo le encantaban las matemáticas, mientras que Elena no las soportaba. Curiosamente, todas esas diferencias, lejos de alejarlos o de hacerlos pelear, los unían a la perfección. Se complementaban el uno al otro.

-Harry se quedó boquiabierto al darse cuenta de lo que veía. Ron sacaba la cabeza por la ventanilla trasera de un viejo coche de color azul turquesa que estaba detenido ¡ni más ni menos que en el aire! Sonriendo a Harry desde los asientos delanteros, estaban Fred y George, los hermanos gemelos de Ron, que eran mayores que él...

-¿Dijiste algo, Elena?

Lalo volteo a ver a la pequeña, pero ella ya no estaba.

-¿Elena?

No te abandonaré.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora