Lalo salió corriendo detrás de la pequeña.
-¡SARAH, POR FAVOR!
Ella no le hizo caso. Siguió corriendo con lágrimas en los ojos sin saber adonde ir. Logró burlar a los guardias y salir corriendo del pueblo. Aquello no le hizo ninguna gracia a Eddie.
-¡Inútiles! ¿Para qué los puse de guardias? ¡Todos a los caballos!
Lalo no tenía ni idea de como se montaba, pero lo único que le importaba era alcanzar a Sarah antes de que algo malo le pasara.
Buscaron durante varias horas. Para ser una niña de tan solo doce años, Sarah había aprendido a esconderse muy bien. Cortesía de Lalo, claro.
-¡Aquí! ¡Hay unas huellas en la nieve! ¡Van hacia esa cabaña!
El grupo de búsqueda llegó hasta una cabaña abandonada que se encontraba a los pies de una montaña.
-Los dejaremos a solas. Arregla las cosas con ella.
Siguiendo el consejo de Eddie, Lalo entró, con el corazón en la garganta. Le preocupaba que algo malo le pasara a su amiga y él no estuviera ahí para protegerla. Por eso tenía que dejarla. Ella iba a estar mejor con cualquier persona que no fuera él. Él... no podía. No era capaz. Lo intentó una vez, y no lo logró.
-¡Sarah! ¡SARAH!
-En el cuarto del fondo.
Lalo suspiró aliviado. Ya no sentía que le iba a dar un infarto. Ni siquiera estaba enojado, sólo aliviado de que Sarah estuviera bien. Abrió la puerta. Sarah estaba ahí, leyendo La Cámara Secreta.
-¿No es extraña esta parte? ¿Que Ron, un niño que ha crecido entre magos, le tenga miedo a unas simples arañas? Siempre me pareció raro.
Ella no lo miraba, tenía la vista pegada al libro. Lalo fue y la abrazó.
-¿En qué estabas pensando? ¡Salir corriendo, huir de ese modo! ¿Tienes idea de lo preocupado que estaba?
Sarah lo apartó de un empujón.
-No mucho, supongo, ya que te ibas a deshacer de mí.
Lalo suspiró.
-¿Qué esperabas que hiciera?
-¡Prometiste acompañarme hasta Boston!
Lalo buscaba las palabras con las que expresarse, pero no se le ocurría ninguna forma de reconciliarse con la niña.
-Prometí que regresarías con tu padre y eso sigue en pie.
-¿Y luego?
-Escucha. Ellos tienen más armas, más capacitación.
Sarah le aventó el libro, furiosa.
-¡Y una mierda!
-¡Pues lo siento, pero confio más en ellos que en mí!
-¡Basta de esas estupideces! ¡¿Qué es lo que te da tanto miedo?! ¡¿Por qué cada vez que te pregunto de tu pasado, tu evitas mi mirada?! ¡¿QUÉ ES LO QUE TE PASÓ QUE AHORA TIENES TANTO MIEDO A PERDERME?!
-¡LO QUE PASÓ FUE QUE...!
Lalo se detuvo en seco, antes de terminar la oración.
-Olvídalo.
Se dio la vuelta.
-¿Quién es Elena?
Lalo sintió una punzada en el corazón al escuchar ese nombre después de tantos años.
-¡¿Qué dijiste?!
-Hace unas noches mientras dormías, vi que tu camafeo tenía grabado ese nombre y...
-¡SARAH!
Lalo se veía muy alterado, nervioso, aterrado.
-¡NO VUELVAS A DECIR ESE NOMBRE! ¡¿ME ESCUCHASTE?! ¡NO LO DIGAS!
Tomó a Sarah de los brazos.
-¡JÚRAME QUE NO VOLVERÁS A DECIR ESE NOMBRE! ¡JÚRALO!
Ella se soltó y salió corriendo, entre enojada y asustada. Al darse cuenta de lo que había hecho, Lalo salió corriendo una vez más detrás de ella.
-¡SARAH, LO SIENTO! ¡POR FAVOR, VUELVE!
Ella una vez más no le hizo caso y siguió corriendo sin rumbo fijo. Pero de pronto, se detuvo al escuchar un golpe seco. Volteo lentamente, y su peor temor se confirmó.
Mientras la perseguía, Lalo se había resbalado y se golpeó la cabeza. Ahora estaba inconsciente, con sangre saliendo de su cabeza.
-¡LALO!
El corazón se le había ido a los pies. De golpe, se le pasaron la tristeza, el enojo y el miedo y regresó corriendo a su lado.
-¡LALO! ¡DESPIERTA, POR FAVOR! ¡AYÚDENME! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!
El equipo de búsqueda escuchó los gritos desesperados de la niña y llegaron corriendo hasta donde ellos estaban.
-¡Tenemos que llevarlo de vuelta al pueblo! ¡Podría tener una contusión!
-¡LALO, VAS A ESTAR BIEN! ¡RESISTE, POR FAVOR!
Sarah lloraba mientras la llevaban de regreso al pueblo y a Lalo inconsciente sobre uno de los caballos. Lo llevaron de urgencia al centro médico del pueblo y el médico lo atendió lo mejor que pudo. A la mañana siguiente, Sarah fue corriendo con el médico.
-¿Cómo está? ¡Dígamelo, por favor!
El médico se secó el sudor, parecía nervioso.
-El golpe que se dió... tuvo una contusión muy grave. Tuvimos que inducirle un coma para disminuir la inflamación en el cerebro. No sabemos si va a despertar.
Sarah cayó al suelo, las piernas dejaron de responderle.
-No... no puede ser...
-Lo siento, pequeña.
-¿Puedo verlo?
El médico le abrió la puerta.
-Habla con él. Te puede escuchar, le va a hacer bien oír tu voz.
Mientras el médico los dejaba a solas, Sarah se acercó a la camilla. Lalo estaba ahí, inconsciente, con un vendaje en la cabeza. A ella se le volvieron a llenar los ojos de lágrimas.
-¿Sarah?
Era Eddie, él y su familia esperaban afuera para saber el estado del joven inconsciente. Él le puso una mano en el hombro.
-No importa lo que estuviera a punto de hacer. Tienes que saber, que tú eres muy importante para él.
Sarah sonrió con tristeza.
-Lo sé.
Se produjo un silencio incómodo.
-Bueno, le diré a Susan y a los niños que está bien. Sarah, creéme, él va a estar bien.
Se fue, dejándolos solos nuevamente.
-No me puedes dejar. Lo prometiste, me tienes que llevar con mi padre. Tienes que conocerlo, tienes que sobrevivir...
Mientras tanto, en Boston, Joel se despertó jadeando. Sentía una punzada en el pecho que le decía que algo muy malo le estaba pasando a su hija. De alguna forma, era un alivio, porque significaba que Sarah seguía viva, ahora estaba más seguro que antes de que así era.
-Gracias, Dios, gracias...
Pero por otro lado, sentía que esa punzada de dolor era la misma que Sarah estaba sintiendo en ese momento. Algo muy malo le estaba pasando y él no estaba ahí a su lado para protegerla.
-No la abandones, Señor. Yo sé que está viva. Por lo que más quieras, donde sea que esté, cuídala Señor, te lo suplico.
Rezaba con los ojos llenos de lágrimas, pero negándose más que nunca a perder la esperanza de volver a ver a su amada hija Sarah. Así como ella se negaba a perder la esperanza de que su amigo Lalo iba a salir bien librado de esa, como en los últimos meses.
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No te abandonaré.
FanfictionLalo era un chico aislado y poco social que tenía como único objetivo estudiar y ser alguien en la vida. Hasta que un día, una pandemia que convierte a las personas en una especie de zombis lo toma por sorpresa y se ve obligado a huir. En el camino...
