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Minho entró en silencio a la habitación 321, avanzando con paso cauteloso sobre el suelo de baldosas del hospital. La habitación estaba iluminada por la suave luz del atardecer que se filtraba a través de la amplia ventana, proyectando sombras alargadas en las paredes. A un lado de la habitación, junto a la cama, Felix estaba sentado en una silla, con un libro abierto en sus manos. Su cabello castaño claro caía desordenado sobre su frente, y parecía absorto en la lectura, completamente ajeno al mundo exterior.

Al oír el sonido suave de la puerta cerrándose, Felix levantó la vista, sus ojos oscuros encontrándose con los de Minho. Un rastro de sorpresa cruzó su rostro, seguido por una sonrisa que, aunque cálida, no lograba ocultar del todo la melancolía que residía en su mirada. Había algo en su expresión que hablaba de recuerdos compartidos y dolores no dichos, una mezcla de nostalgia y tristeza que Minho captó al instante. Sin embargo, Felix hizo un esfuerzo por sonreír, intentando, al menos por un momento, dejar de lado la carga emocional que ambos sabían que pesaba en el ambiente.

—¡Minho! Cuánto tiempo... —Felix exclamó con una sonrisa nostálgica, aunque sus ojos reflejaban una tristeza profunda y un cansancio evidente. Minho lo entendía; no debía ser fácil ver al hermano de su mejor amigo después de todo lo que había sucedido.

—Felix, tenemos que hablar sobre algo que sucedió...

—¿Qué sucede? —Felix cerró su libro y le puso total atención.

Minho levantó la mirada, sonriéndole, para después dirigir sus ojos hacia la amplia ventana que mostraba el jardín del hospital.

—Felix —le llamó Minho—, ¿le has contado a Hyunjin que estás bien?

—Minho, no lo hice —Felix hizo una pausa, sus ojos encontrándose con los de Minho—, y no pienso hacerlo. Entiendo que él es tu hermano y que le quieres, pero fingir que estaba bien me agotó mentalmente. No podía seguir a su lado, ya que todos los malos recuerdos eran como una punzada constante en mi corazón.

—Él... —Minho hizo un esfuerzo por no quebrar su voz—, él está aquí.

—No quiero verle, y seguro que tú le obligaste.

—No de esa manera, Felix —Minho volvió a dirigir su mirada hacia él, esta vez con lágrimas claramente visibles—. El otro día... —comenzó a llorar, sintiendo cómo se quebraba por dentro. Esta situación también le dolía profundamente, pero trataba de ser fuerte por ellos, porque ambos le necesitaban.

Felix lo abrazó. Aún no sabía nada, pero lo abrazó. Y Minho, por un momento, se sintió mejor.

—Minho, ¿qué sucedió? —le pidió Felix, con una voz cargada de preocupación y ternura. Minho sabía que era el momento de contarle...

—Hyunjin iba de camino al lugar donde habíais quedado, y entonces te vio en el puente. Su corazón se rompió al instante, no pudo soportarlo... —Minho hizo una pausa, luchando por mantener la compostura—. Fue como si todo su mundo se desmoronara en ese momento. Sin pensarlo, con lágrimas en los ojos, sin más, saltó detrás de ti.

El mayor respiró hondo antes de continuar, tratando de encontrar las palabras adecuadas para describir lo que había sucedido.

—Cuando lo encontré momentos después, estaba devastado. La ambulancia ya estaba allí, junto con un grupo de gente que había presenciado todo. Felix, estaba en un estado terrible. Por favor, si tan solo pudieseis hablar las cosas, intentar comprenderos... —Minho se secó las lágrimas, su mirada suplicante se fijó en los ojos de Felix—. No sé qué más hacer, pero sé que necesitáis hablar, aunque sea difícil.

Se quedaron en un silencio que, aunque no incómodo, estaba cargado de emociones no dichas. Era un silencio necesario, un respiro en medio de tanta tensión.

—Minho... —Felix le llamó con suavidad—. Siento mucho todo esto, pero no sé si será posible que hablemos las cosas, no después de todo lo que ha pasado...

El nombrado asintió en respuesta, sintiendo el peso de la situación sobre sus hombros. Estaba agotado de intentar arreglar todo, de ser el intermediario constante. Esto tenía que parar. Felix y Hyunjin necesitaban enfrentarse a sus problemas, hablar de una vez por todas y dejar de evitarse.

Se levantó de la cama, mirando a Felix con una mezcla de tristeza y determinación.

—Solo piénsalo, Felix. Cuídate —dijo antes de abrir la puerta y salir.

Una vez fuera de la habitación de Felix, Minho caminó por el pasillo del hospital con pasos pesados, su mente reviviendo las emociones tumultuosas que acababa de experimentar. El eco de la conversación con Felix resonaba en su cabeza, mezclado con los recuerdos dolorosos del otro día. Llegó al baño más cercano y entró en una de las cabinas. Cerró la puerta tras de sí y se apoyó contra ella, dejando que las lágrimas brotaran sin contención.

El sonido amortiguado de su sollozo llenó el pequeño espacio. Minho se sentía abrumado por la tristeza y la impotencia. Había estado tan cerca de perder a su hermano y a uno de sus amigos más cercanos en circunstancias desgarradoras. La imagen de Hyunjin lanzándose al vacío en un desesperado intento por seguir a Felix aún estaba grabada en su mente, como un recordatorio constante de lo frágil que era todo.

Respiró profundamente, tratando de calmarse. Se preguntaba cómo había llegado a este punto, en medio de tantos problemas sin resolver. Había sido testigo de demasiado dolor y angustia en los últimos días, y ya no sabía cómo manejarlo todo.

Minho se limpió las lágrimas con la manga de la camisa y miró fijamente el suelo. Necesitaba tiempo para procesar todo lo que había sucedido, para encontrar la fortaleza necesaria para apoyar a quienes le necesitaban.

Esperaba, con todo su ser, que algún día las cosas pudieran volver a ser como antes. Deseaba fervientemente que Hyunjin y Felix encontraran una manera de sanar, de perdonarse mutuamente y de reconstruir lo que habían perdido.

Heather 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora