¡Canté pri!

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Creías antes en el monstruo que eras,

cuando jugabas frente al espejo,

y hasta reías con él.

Pero hoy, no dejas de juzgarlo.

Adorabas esa forma de erizarte tan personal,

hoy no paras de peinarte.

Qué pasaría si te detienes ahí.

Ahí, donde aún eras un monstruo medianito.

Donde no escuchabas mucho más que tu imaginación.

Cuando no te importaba andar descalzo.

Cuando aún jugabas,

y pensabas que el noticiero era cosa de grandes.

Yo sigo siendo un poco así.

Me abracé a mi complejo de Peter Pan.

Yo sigo siendo libre, creando juegos sin lógica,

hasta llegar a construir castillos imposibles,

que ni yo podría dibujar.

Y quizá ya no soy un niño omnipotente,

hoy llevo medias, pero no zapatos.

Esos los dejo para cuando simuló ser adulto, fuera de casa.

Reconozco que tendría que abandonar la dispersión social,

para poder cruzar las calles con mayor tranquilidad.

Pero aún me quedo mirando,

las mascotas de los demás al pasar.

Todavía soy aquel que encuentra un mazo de cartas,

y hace casitas.

El que hace con pequeños papelitos,

florecitas y grullas regalables.

Y por más que el mundo me arrastre,

y llene de noticieros para hacerme crecer,

o creer que lo hago.

Solo por el hecho de sufrir una angustia responsable.

Yo, soy siempre ese niño que no va a crecer,

el incrédulo, el de los miles

¿Por qué?

Pero no os confundáis, señores mayores

Yo aún juego, veo animaciones,

amo los bloques,

y río con las mascotas.

Y debería confesar, a veces,

necesito ayuda para cruzar,

las siniestras calles de esta sociedad.

Pero cada vez que me he caído he madurado un poco.

Porque ahora soy un grande que no crece,

y un niño que ha madurado.


S.F.Milá

Mentes ansiosasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora