Décimo capítulo
Al abrir los ojos, Saint, se enfocó en la piel más oscura que lo sujetaba, de cerca podía notar algunas cicatrices diminutas en las mejillas, las pestañas largas y las cejas pobladas, escudriñó los rasgos relajados por el sueño, la boca un tanto hinchada, la nariz inhalando y exhalando.
Tomó aire y se decidió a sacar su cuerpo de entre los brazos que lo sostenían. Caminó al baño, se encerró allí antes de mirarse en el espejo, en algún momento de la noche se había limpiado y colocado el boxer, aunque de igual manera se sentía sucio y pegajoso.
Observó el reflejo que le devolvía, era ese Saint, al que no reconocía, el que se había despertado hace 20 meses luego de estar al borde de la muerte. No, se corrigió, él había muerto ese día, el que despertó fue otro Saint, alguien que no tenía derecho a vivir en sus propias términos porque alguien le había arrebatado todo.
Dejó de autocompadecerse y se colocó la ropa, la camisa y el swetter, el pantalón de vestir y las medias. Miró dentro del bolso que había llevado con él y salió a esperar, tenía tiempo, el que quisiera, el que Perth no había logrado arrebatarle.
Se sentó a un costado y repasó en su mente buscando la fortaleza que necesitaba para librarse del suplicio en el que el engaño lo había metido.
Recordó las primeras horas luego de que había despertado, su padre y sus hermanos allí, el llanto aliviado del mayor, el dolor en los rasgos varoniles, las arrugas formadas alrededor de los labios y en la frente, las lágrimas derramadas. Tontamente había buscado a la persona que lo había engañado, pero a la que había decidido creer, esperó que apareciera, que se sumara a las personas que agradecían a los dioses porque había sobrevivido.
No fue así.
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Mentir fue fácil, supuso que la vergüenza, el orgullo herido le hizo decir la primer mentira, y desde allí sostenerla. Cuando fue interrogado por primera vez, negó todo, fingió no recordar nada, la versión oficial era un secuestro mal ejecutado.
Si miraba atrás no podría definir porque lo hizo, cuidar a Perth y darle tiempo a que lo buscara o evitar que todos vieran lo idiota que había sido, permitiendo que alguien que quería destruirlos estuviera entre ellos.
En un principio fue extenuante, el dolor en su cuerpo era una excusa plausible para evadir las preguntas insistentes de la policía, no, no sabía que hacía allí, no, no recordaba haber estado con alguien, que lo siguieran o molestaran, no, no recordaba haber recibido amenazas o intimidación; la mentira se hizo cada vez más grande, fingió no recordar la libertad que sentía al trabajar y hacerse un lugar por sí mismo. Pensó que podría soportarlo, porque Perth no le había mentido, esas caricias, sus besos, las palabras que salieron de sus labios no podían ser fingidas y muy pronto encontraría la forma de contactarlo.
Cuando el segundo mes llegó y se esfumó, el miedo de que el monstruo lo hubiera alcanzado llenó de pesadillas sus horas de sueño, así que intentó mantenerse despierto, angustiado por la imagen de ese hombre que lo había llevado a una muerte de la que se libró por los pelos. Al tercer mes comenzó la asfixia, había pensado en salir, acercarse al barrio donde todo había sucedido, pasar por su departamento, los guardias que habían estado apostados en el portón de ingreso se lo impidieron, Ohm se hizo presente y la discusión que le siguió lo hizo sentir un inútil, un idiota que no podía valerse por si mismo, y con la sensación llegó la culpa, porque si su familia se comportaba así era porque él mismo se había colocado en esa situación. Descubrir que ya no tenía a donde ir, que el hogar que había construido ya no le pertenecía fue un golpe del que le costó recuperarse, aún así sostuvo la cubierta que había creado.
Viéndolo todo de nuevo, ahora sabía que tendría que haber aceptado el viaje que le habían ofrecido, alejarse de todo y desaparecer, no más mentiras, no más engañar a su familia, a la policía y hasta su psicóloga. No más engañarse a sí mismo diciéndose que Perth volvería por él, no más llorar por las noches temiendo lo peor.
Lograr sobrevivir y pasar a través de todo le costó la poca estabilidad que tenía, estaba resentido de todo y de todos, la casa era un serco que se cerraba cada vez más aislándolo del resto del mundo.
Y un día estaba allí, tan cerca que el perfume vovió a anidar en él, tan real como había sido cuando se sujetó a su cuerpo el día en que lo llevó en moto hasta su destino. En ese momento, todas las fichas cayeron en su lugar, porque si el morocho estaba allí, si todo el tiempo estuvo a pasos de él, la realidad tomaba una nueva dimensión. Ahogó el grito de dolor que intentaba escapar de la garganta, apenas miró en su dirección, porque si lo hacía caería a sus pies rogando por una explicación. Había vomitado hasta que el cuerpo dolía por los espasmos.
Cada día, las horas compartidas, las palabras que le dirigía eran pequeñas y afiladas astillas clavándose en la piel sensible bajo las uñas, era el dolor de la única y certera bala que había ingresado por la espalda hasta alojarse en uno de sus pulmones.
Por las noches rogaba que parara con la mentira que él también escondía, que le dijera que no se había equivocado y lo vivido no fue todo un engaño.
Continuó por meses y le costó el alma, respirar se volvió doloroso, el aire entrando a su sistema le recordaba que él no debería estar allí, tendría que estar junto a su madre, volverse energía a su lado.
A veces se negaba a la evidencia, ¿y si todo era solo el trauma de la cercanía con la muerte? Tal vez Perth nunca lo había traicionado y solo estaba esperando el momento exacto, la oportunidad de volver a estar juntos.
La certeza de que no era más que un engaño llegó junto a la incorporación de Perth a la empresa, las esperanzas se esfumaron con el anuncio, el último clavo había golpeado sobre él.
No lo planeó, pero supo muy bien lo que tenía que hacer, no sería libre nunca, pero por lo menos libraría a su familia de la persona cuya única finalidad era acabar con ellos.
Aceptó la invitación, acudió al bar y mientras la ronda de brindis y aplausos se sucedían, la determinación se fue acrecentado.
Recordó como hace una vida atrás, el Saint confiado había ido al baño para ser abordado por un abusador, el morocho lo había salvado. Toda una puesta en escena.
Las manos le temblaban al mirarse al espejo sabiendo lo que tenía que hacer. Todo fue deliberado. Había dejado el bolso en la silla al salir con la certeza de que Perth lo seguiría. No había fallado.
En un último instante pensó en retroceder, rogó por la intervención divina que frenara la bola de nieve que rodaba amenazando con destrozar todo. Pero las plegarias casi nunca eran escuchadas.
"Por favor, por favor, por favor" gritó dentro de su cabeza, "por favor detente, por favor dime que es todo mentira, por favor, vuelve a mi, por favor, no sigas"
-¿Vives aquí? -se escuchó pronunciar aunque a la respuesta ya la sabía.
Respondió algunas preguntas como un autómata, estaba allí, en el lugar que había decorado con tanta emoción, los muebles que había elegido con cuidado, las paredes tal cual había pintado.
-Me gusta el sillón -dijo para no gritar todo lo que llevaba atorado.
Deambuló por el living, acariciando lo que una vez le había pertenecido
-Me gustaría vivir solo, en casa a veces siento que me asfixio.
-Lo siento.
-No lo sientas, no es tu culpa, en todo caso es mía.
-¿Porqué lo dices?
Apretó los dientes para que la verdad no saliera de ella.
-No me hagas caso.
-Puedes decirme lo que sea.
-No -quería llorar- no puedo.
-Saint...
-Así que... contador junior.
-Si.
-Hiciste un gran trabajo.
"Hiciste un gran trabajo maldito mentiroso"
-¿Tus hermanos no se pondrán alerta por la tardanza?
Dio un excusa tonta sobre Earth, una mentira que al amanecer ya no importaría. Siguió respondiendo a sus preguntas, buscando el valor para terminar con todo, no obstante siempre fue un tonto, viéndolo bien, su familia tenía razón, porque sin proponerlo siguió el juego de seducción como la primera vez, y aún sabiendo que todo era mentira, se entregó libremente para por lo menos tener una chispa de vida en la oscuridad que se había convertido su existencia.
Cuando lloró lo hizo sabiendo que este era el fin, el círculo cerrándose, por fin.
Esta noche terminaba todo para los dos.
〰️🖤〰️
Buenassss.
Diganme que les pareció, necesito sus comentarios. Gracias por leer, ya estamos en el final de una historia que empezó por un pedido y creció hasta convertirse en esto.
Espero estén disfrutando.
Saludos!
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Moneda de cambio
FanfictieOne shot del festival PinSon. Para quienes no lo leyeron o para quienes esperaban un poco más de esa historia, aquí está.
