𝗖𝘂𝗮𝘁𝗿𝗼

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Cuando cerró su casillero, el rubio odioso de siempre estaba ahí parado con su estúpida sonrisa

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Cuando cerró su casillero, el rubio odioso de siempre estaba ahí parado con su estúpida sonrisa. Por alguna razón no se sorprendió al verle, ni siquiera se había asustado.

-¡Hey, YoonGi-ssi! Ni siquiera me oíste cuando te pedí prestado un bolígrafo en clase, ¿está todo bien?

En medio de la clase de matemáticas, a él se le había ocurrido interrumpir su concentración para pedirle prestado un bolígrafo rosa. Min había crecido con una persona que le aplicaba la ley del hielo constantemente, por lo que adquirir aquella malvada cualidad no fue difícil y aplicarla contra el rubio tampoco.

-Claro que todo está bien, Park, pero no me gusta que me hablen cuando estoy prestando atención-suspiró. Se movió hacia el pasillo, tenía que ir a la biblioteca por unos libros de filosofía que en realidad no quería leer, pero debía hacerlo para aprobar el exámen. Pero para su desgracia, Jimin se interpuso en su camino nuevamente, obstaculizando su andar-. ¿¡Podrías dejar de molestarme!?

Algunas miradas fueron a parar en aquellos dos chicos de último año, la mayoría de las curiosas eran chicas de los cursos menores que estaban locas de amor por Park. Cuando el rubio se rió, las chicas suspiraron enamoradas, e incluso YoonGi las pudo oír cuchichear de lo lindo y sexy que era el chico frente sus ojos.

Qué estúpidas, como si realmente lo conocieran.

-No puedo-le sonrió, con un ápice de burla-, pero gracias por preguntar. ¿A dónde vas?

Min negó con la cabeza y pasó por su lado empujándolo con el hombro, ignorando a las chicas que le miraron con desagrado y se acercaron donde segundos antes el se encontraba. De seguro irían a consolar al pobrecito Jimin, y aprovechar la oportunidad de estar más cerca de él. No le podía importar menos la situación.

Caminó con tranquilidad por el largo pasillo, ignorando a quienes lo transitaban con él, hasta llegar a su lugar favorito de la escuela: la biblioteca. Nadie lo molestaba, no había ruidos fuertes, los profesores no entraban, podía quedarse a estudiar y la bibliotecaria era tan buena que de vez en cuando le permitía ocultarse de ciertas clases ahí.

Era su lugar seguro.

-Señora Jung-ella sonrió sin levantar la vista de su computador-. Vengo por los libros que le dije la otra vez...

Como el chico frecuentaba mucho la biblioteca, su única amiga ahí era la señora Jung. Con ella hablaba hasta de la economía del país y lo caro que todos los productos se encontraban, por lo que también le había comentado sobre el trabajo y los exámenes que les estaban por pedir a él y sus compañeros.

-Oh, cariño-la mirada que le dedicó, mostraba lo apenada que se encontraba-, los he prestado hace una semana a uno de tus compañeros, pero, si quieres puedes pedirle que te preste los que ya no está usando.

Si algo odiaba Min, era trabajar con otra persona. El tenía una manera de hacer sus deberes y sus resúmenes que los demás no, además que sus ganas de ser social se acababan con rapidez y no se soportaba ni a sí mismo de malhumor.

Soltó un suspiro, y asintió con la cabeza para la mujer. Después de todo, ella no tenía la culpa.

-Está bien noona, no se preocupe. ¿Cuál de mis compañeros es?

-Un rubio con lentes negros. ¿Creo que es Xiumin...?

Min quiso reírse. El rubio se hubiera molestado al oír la confusión, YoonGi recordaba cómo tantos maestros le llamaban Xiumin por equivocación y el chico se ponía rojo del cólera.

-Es Jimin, noona-corrigió-. Gracias por la información.

Estúpido Park Jimin, lo iba a matar. Algo no le cuadraba.



 Algo no le cuadraba

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©ʏᴏᴏɴɴɪᴇxᴊɪᴍɪɴɪᴇ5

¡ʜᴇʏ, ᴍɪɴ ʏᴏᴏɴɢɪ!  ꒰ ᴊɪᴍsᴜ  ◍ ver.²꒱ Donde viven las historias. Descúbrelo ahora