entre caníbales

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¡Ah! Come de mí, come de mi carne.
¡Ah! Entre caníbales.

Entre Caníbales -Soda Stereo

Los siguientes días se hicieron largos, caóticos y borrosos, como un indescriptible conjunto de actividades e interacciones. El día a día se basaba en evitar a José lo más posible, tratar de que las chicas no noten nuestra distancia, evadir las peleas cada vez más frecuentes entre los casados, ayudar a Nora con el tema del hermano de José, fingir demencia.

Podría haber vuelto a Barcelona, pero hice todo el esfuerzo posible por quedarme en Portugal. No quería herir a Carolina, que tanto empeño puso para invitarme y que tanto deseaba que me quedase con ellos. Además, la prensa ya se había percatado que nos fuimos de vacaciones en conjunto, y mi temprano regreso significaría un perjuicio para nuestras reputaciones por todo lo que los periodistas sensacionalistas dirían sobre el tema. Y una pequeña parte de mí sabía que la historia no podía terminar ahí simplemente; era como si faltaba una resolución.

Y, como quien dice, el que busca encuentra. Una noche en particular, Caro estaba tan enojada con su esposo que decidió dormir en otro lado, y Nora la acompañó. Nuevamente, quedaba la casa para nosotros.

Mi plan consistía en evadirlo por completo. José la había cagado, y él sabía que lo había hecho. Ya no me miraba con enojo o asco, sino con arrepentimiento y confusión. Pero de igual forma yo no quería hablarle.

Entrada la madrugada, cuando pensé que él ya se había dormido, bajé para buscar un trago. No podía pegar un ojo y pensé que eso ayudaría. Pero al llegar a la cocina, lo vi a José sentado en el sofá con una copa en la mano.

-Ah, lo siento -comenté entre sorprendido y desganado-. Iré a mi habitación.

-No, por favor -habló, produciendo que me detenga-. Quédate. Debemos hablar.

-¿Para qué? No hay nada para discutir -dije en un tono serio, tratando que no se note la mentira.

-Pep, por favor.

Si estaba buscando una resolución, éste era el momento. Me di media vuelta para quedar frente a frente con él, y lo encontré de pie mirándome culposo. Yo lo recorrí con la mirada cruzándome de brazos, sintiéndome repentinamente inseguro.

-Mira, he estado mal, lo reconozco -comenzó a hablar apartando la mirada-. Pensé que era lo que querías.

-¿Lo que yo quería? -reí sarcásticamente- Yo he dejado bien en claro mis sentimientos, y tú los tuyos.

-He cambiado de opinión, lo que he dicho esa noche no me representa.

Se acercó un paso hacia mí tratando de conciliar, pero me alejé un paso hacia atrás.

-No -lo miré con seriedad-. Lo que me has dicho no es simplemente una opinión. Tus palabras fueron en contra de todo lo que soy, José.

-Yo no... yo no sabía cómo reaccionar.

Y sus palabras temblaron un poco. Lo sentí vulnerable una vez más. Podía ver cómo apretaba los puños, quizás con cierta impotencia. Mi fachada de enojo comenzaba a derrumbarse, a pesar de que yo no quería.

-Ningún hombre me había dicho antes que estaba enamorado de mí -continuó en voz baja pero decidido-. Nadie antes me habló con tanta dulzura... 

-Anda, eso no es verdad -respondí escéptico.

-Hablo en serio -suspiró-. Esas palabras saliendo de tu boca se sintieron... especiales. Distintas. No me había sentido así antes.

-¿Y qué hay de Carolina? -lo interrumpí elevando la voz- Ella es la mujer más dulce que conozco.

rosas con espinas [guardiola x mourinho]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora