— ¡Qué quieres, ya verás!
Mientras bromeaba o intimidaba, Nicolás, irritado por la repentina interrupción, miró hacia atrás.
Cuando se dio cuenta de que la persona que lo interrumpió era Kayla Vesta, quien incluso había entrado al salón de clases de los varones, Nicolás se echó a reír, como si pensara que ella había perdido la razón.
— ¿Ahora qué pasa, hermana? Eres muy valiente. Por mucho que no tengas penalizaciones por estar aquí, nadie te verá bien por hacerlo...
Nicolás recogió el guante de encaje que Kayla le había arrojado.
— ¿Y con esto me quieres decir que quieres un duelo?
Empezó a resonar las voces de burla de los estudiantes a su alrededor.
Pero Kayla Vesta no se inmutó.
— ¿En serio?
Nicolás preguntó, con incredulidad.
— Hermana, ¿no recuerdas lo que te dije? Está prohibido el uso de herramientas mágicas. Si me hace algo, la hermana no podrá saltarse de grado, sólo hasta el otro año.
El tono de Nicolás era educado, pero su cara mostraba una sonrisa burlona.
— No usaré a [Schuette].
La risa de los chicos, que habían estado resonando, por un momento, se transformaron en estallidos de risa, que llenaron el aula.
— No pareces ser la hermana de Franz. Ese chiquillo sólo se la pasaba viendo pájaros en clase.
Nicolás agarró el guante de encaje de Kayla, se lo acercó a la nariz y empezó a olerlo.
— Oh, huele bien. Hermana, ¿te molesta si me quedo con esto, como recuerdo?
Cualquier podía notar que Nicolás no estaba tratando a Kayla con seriedad.
Sin embargo, a Kayla Vesta no pareció importarle y fue directo al grano.
— No habrá juez.
Ante esto, la sonrisa desapareció de la cara de Nicolás, que solo se había estado riendo de ella.
Incluso había un matiz de enfado en su voz, como si se sintiera un poco ridiculizado.
— ¿Estás segura, hermana? ¿No debe haber un juez para ayudarte?
Pero Kayla Vesta negó, con la cabeza.
— Será un duelo real, no necesito un mediador. Tampoco es necesario que lleves una espada de entrenamiento, sólo elige un arma con la que te sientas cómodo y tráela.
— Hermana, parece que te has vuelto un poco demente. ¿Estás diciendo que quieres un duelo real contra un hombre y no tienes miedo?
Los estudiantes varones a su alrededor también miraron a Kayla, como si hubiera perdido la cabeza.
— Hermana, ni siquiera sabes lo duro que es un duelo real.
Ante la advertencia de Nicolás, Kayla levantó ligeramente los labios y sonrió, como una noble.
— Sólo... Sólo una vez...
Nicolás se rió.
Se acercó a Kayla con una sonrisa y puso sus labios casi en su oreja.
— Claro, pero te refieres en la cama, ¿no?
Después de que todos escucharon la voz baja de Nicolás, comenzaron a reírse una vez más.
Incluso en ese momento humillante, Kayla Vesta mantuvo su expresión firme.
— Está bien, acepto. Si la hermana así lo quiere, por supuesto que tengo que hacerlo.
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