Capítulo 10

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Solía encerrarse en su habitación a escribir, eso lo hacía desde siempre. Lo había hecho desde niña, en su juventud, y ahora que era una adulta. Escribir siempre era la clave de todo. Escribir descargos, canciones, poemas, rimas, lo que fuera. Pero escribiendo sacaba todo lo que estaba en su mente y en su corazón. 

Esa noche, cuando regresó a su habitación, encendió la luz dispuesta a escribir lo que sentía; sin embargo, nada surgió, y la página en blanco se mantuvo frente a ella como el propio reflejo de sus pensamientos, que de tantos que eran se armaban como una pelota e invadían completamente cada espacio vacío.

Se encontró mirando a un punto fijo, y su mente se ocupó rápidamente con la voz británica de Tom expresando lo que sentía, lo que había sentido todo ese tiempo. Su cerebro comenzó a reproducir las canciones que Tom había propuesto a la banda con la excusa de que "las había encontrado en un cuaderno de su adolescencia". Se cuestionó seriamente cuántas de esas canciones habían sido recientes, y camufladas en el tiempo, las había pasado por alto y cantado sin necesidad de cuestionarse nada. Cuántas de esas letras y melodías habían surgido luego de esas noches en las que sus miradas conectaban encima del escenario.

Sin emabrgo ahora, una página en blanco estaba frente a ella. Y de tantos sentimientos y pensamientos que tenía, no pudo escribir nada. 

Como si fuera poco, una duda más surgió en su mente. Si de cada momento de su vida había sacado una canción, ¿por qué no podía hacerlo ahora? ¿qué significaba en su vida que Tom le hubiera declarado un supuesto amor? ¿qué significaba en su vida que ahora no pudiera escribir nada al respecto? ¿por qué Tom había soltado esas palabras y se había marchado como si fuera algo vanal? ¿recordaría Tom sus palabras al despertar? 

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Se cambiaba para el concierto, mientras su mente seguía dando vueltas. Le había costado sobremanera concentrarse para el ensayo y la prueba de sonido, sin embargo, Tom se veía como siempre. Ni siquiera la había mirado de forma coqueta. Como si la noche anterior no hubiera ocurrido. 

Nada tenía sentido. 

Ahora subía la falda que había decidido usaría ese día, aunque horas más tarde seguro fuera motivo de arrepentimiento y dolor de cabeza, porque si algo protagonizaba ese día en su vida, era el malhumor. 

─No me tientes así ─ escuchó por fuera de la habitación, notando que había dejado la puerta ligeramente abierta, y que ahora se veía cómo ella abrochaba el cierre delantero de su vestuario. Jamie la miraba sonriente del otro lado de la puerta.

─Hola, chico lindo ─ dijo ella mientras movía sus rulos de un lado a otro, para generar volumen. Tenía el cabello hecho un desastre, pero William había dicho que quedaba bien, y que imponería una moda, así que le creía. No tenía voluntad de contradecir a nadie. 

─¿Crees que puedas tener un momento para mí? ─ preguntó, y en su mente las palabras de Tom hicieron eco. El otro, que creyó que Amy solo jugaba con él, dio un paso más cerca de ella.

─Puede... ¿que necesitas? ─ preguntó, mientras ignoraba las palabras de Tom en su mente, ¿por qué arruinar las cosas con Jamie si Tom tampoco parecía seguro de lo que quería con ella? No podía encontrar normal el hecho de confesar querer a alguien y luego alejarse de él durante el día. 

Por eso no le importó demasiado cuando él se acercó más, y le susurró a su oído cosas obscenas. No le molestó para nada cuando él la tomó de la cintura y la apretó contra si mismo, ni cuando ella misma lo llevó hacia la puerta para cerrarla ciegamente. 

No pensó en nada más que en sus labios cuando Jamie le quitó la camisa que tan perfectamente ella se había colocado, ni cuando bajó el cierre de su falda. 

Colors | Tom HiddlestonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora