Capitulo Drei

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Libro 4a contrato de acceso.

Artículo 1 Requisitos
Artículo 2 Consecuencias.
Artículo 3 Deberes.
Artículo 4 Derechos.
Artículo 5 Decisiones.
Artículo 6 Obligaciones

Parágrafo 1 Obligaciones no debidas.

Artículo 7 Expulsión.
Artículo 8 Deserción.

Capítulo 1 libro 4a contrato de iniciación

Capítulo 2 Juramento público de orden y obediencia hacia las FMSE

Artículo 9 Juramento
Artículo 10 Reglas básicas para realizar el juramento

Capítulo 3 bienes de los soldados.

Artículo 11 Una vez como oficial.

Capítulo 4 En caso de muerte.

Artículo 12 En caso de que el componente muera.
Artículo 13 En caso de que un familiar de la componente muera.
Artículo 14 En caso de que se lleve a cabo una masacre, suceda.
 

Asteria Magno.
Río de Janeiro, Brasil.
Hagamos esta noche eterna.

Los motores rugen como bestias encadenadas, vibrando bajo el pecho de cada piloto. El aire huele a gasolina quemada y a caucho caliente. La cuenta atrás aparece en la pantalla gigante, pero en la pista todos estamos en otro mundo: el de la velocidad y la supervivencia.

Cinco… cuatro… tres…

Las miradas se cruzan detrás de los cascos. Algunos mueven el pie derecho, tanteando el acelerador; otros inclinan apenas el cuerpo, listos para el salto de arranque.

Dos… uno…

El semáforo se apaga. Un rugido colectivo estalla, El sargento Da silva hace sonar el silbato y las motocicletas salen disparadas, mordiéndose unas a otras con el chillido de las llantas contra el asfalto. La recta inicial se convierte en un túnel de viento y ruido; los pilotos se agachan, pegando el pecho al tanque, buscando cada décima de segundo. Lo mismo que hago para tener una menor resistencia al viento.

En la primera curva, el líder inclina tanto la moto que casi roza el codo contra el piso. Detrás de él, dos rivales nos disputamos el segundo lugar con una ferocidad suicida: mi contrincante entra cerradome, le respondo acelerando antes de tiempo, la rueda trasera derrapa, pero logro controlarla.

El público grita, las cámaras siguen cada maniobra como si fuera un golpe de navaja. La recta trasera es un infierno: el viento golpea, los motores se ahogan en su propio poder, y mis manos aprietan el manillar hasta que los nudillos se me ponen blancos.

En la última curva, todo se decide. Me lanzo por dentro, cortando trayectoria con una precisión milimétrica. Mientras mi adversario intenta cerrarme, pero es tarde: mi adelantamiento es limpio y brutal. El grito de la multitud ahoga incluso el rugido de los motores.

La meta está a escasos metros. Las personas que me siguen se lanzan a fondo, y cruzan la línea con una diferencia que solo un cronómetro puede entender. Las motos frenan a lo lejos, dejando un olor a freno quemado y victoria.

Cerberus (Hipogeo I)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora