FV7: No cumplir con las solicitudes o retrasar las correcciones sin una excusa válida.
FV8: No seguir las precauciones de seguridad al manejar armas, explosivos o al estar a cargo de una embarcación, aeronave, nave o vehículo.
FV9: Conducir o pilotar cualquier aeronave, embarcación o vehículo y operar equipo técnico sin tener la licencia o autorización correspondiente.
FV10:Modificar las instrucciones en las Órdenes de Operaciones o en los Manuales de Operación y Sumarios de Órdenes Permanentes, sin justificación ni autorización, fuera de las atribuciones del cargo.
FV11; Utilizar medios fraudulentos para modificar o alterar un examen, trabajo o calificación después de haber sido presentados.
Asteria Magno.
Sábado 05 de agosto.
Rostov del Don, Rusia.
La tendresse de l'innocence.
20:39 horas
Hoy celebramos el cumpleaños de Signe. Todos estaban ocupados: yo en la misión de Luxemburgo, ella en Dinamarca. Pero antes de que cada quien parta mañana, habrá una fiesta. Ella ya me había invitado.
Mi piel vuelve a estar clara; las pomadas y el hielo borraron casi todas las huellas de los golpes.
Me visto con calma. Elijo un color que amo con cada rincón de mi alma, símbolo de lujo y exclusividad: el oro rosado. Este vestido no es cualquier prenda: pertenece a una de las últimas colecciones de mi madre.
“La tendresse de l’innocence”, así la llamó. Doce piezas en total, tres para cada hija. Ella se inspiró en nosotras, en nuestros colores favoritos, y convirtió su amor en seda y bordados. El mío siempre fue este.
Bajo la cremallera y coloco el vestido sobre mi cuerpo. No logro subirla sola; termino llamando a Dasha, que está a dos habitaciones.
—Tu madre tiene un talento divino —dice mientras ajusta la cremallera—. ¡Yo quiero uno también! Es uno de los vestidos más hermosos que he visto. ¡No es justo que tengas una madre tan talentosa!
La miro. Está preciosa con un vestido plateado y joyas que iluminan aún más su rostro. Dasha es imponente; pensé que no podía verse mejor, pero me equivoqué. Siempre la había visto en uniforme o de civil, nunca así. Arreglada, brilla como si fuera un lienzo viviente. Una obra de arte pura.
—¿No quieres que pasemos primero por un museo? —bromeo mientras tomo mis tacones de doce centímetros.
—¿Para qué? —responde, sonriendo con picardía—. Con tu altura no deberías usar tacones.
—Para devolverte a la colección de arte de donde escapaste.
Me lanza un golpe suave en el hombro y ambas reímos.
—No digas eso. ¿Y tu no quieres ir a una joyería? — Contra argumenta.
—¿Porqué?
—Estás tan deslumbrante que cualquier diamante parecería un simple trozo de vidrio a tu lado.
Nos reímos.
—Claro que lo eres —replico a Dasha, ella arquea una ceja con esa confianza —. A tu lado, cualquier museo se quedaría vacío.
Termino la ronda de elogios.
Me levanto con los tacones puestos y camino hacia el joyero. Dasha me sigue con la mirada, sorprendida.
—¡Dios! Tienes piezas preciosas.
Tomo una que combina con su vestido y se la entrego.
—Me encanta la plata —dice sonriendo.
ESTÁS LEYENDO
Cerberus (Hipogeo I)
RandomAsteria Magno es la primogénita del general más letal y peligroso de las FMSE es trasladada a la central de Rusia en donde se encargará de acabar con un juego, un juego con fuego en donde aprenderá a no quemarse o a arder. ¿Estas dispuesto a jugar?
