C16: Divulgar información que pueda poner en riesgo la seguridad o el éxito de las operaciones militares.
C17: No asistir al servicio según lo establecido en el Código Penal Militar para el delito de abandono del servicio, o acumular el mismo tiempo en un lapso de treinta (30) días calendario. Esta falta disciplinaria se aplica al personal de oficiales, suboficiales, soldados voluntarios y soldados profesionales.
C18: Provocar accidentes terrestres, marítimos o fluviales intencionalmente o dar lugar a ellos.
C19: Participar en la etapa precontractual o en la actividad contractual, perjudicando el patrimonio público, o sin cumplir los principios o procedimientos establecidos para la contratación estatal y la función administrativa contemplados en la Constitución Nacional o la ley.
Asteria Magno.
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Larochette, Luxemburgo.
01:34 horas.
El coronel me cruza la cara con una bofetada que me hace girar la cabeza. La mandíbula me cruje.
Quiero devolverle el golpe, gritarle, pero me muerdo la lengua. No cedo. No me muevo. Y él me da otra bofetada.
—No le vuelva a gritar a mi hermana —murmuro las palabras, soportando una tercera descarga de su mano en mi cara. Que me golpee a mí, no importa. Pero a Léa no. Ella no puede creer que es normal dejarse tratar como basura. Ella no merece esto.
—¡Ella se lo merece! ¡Dejó escapar al ruso! —ladra el coronel. Giro hacia Léa: sus ojos se enrojecen, la angustia la parte en dos. En su túnica hay una mancha de sangre en medio de sus piernas.
Se me hunde el estómago.
No.
No
No puede ser lo que pienso.
—¿Eres la otra golfa? ¿Al menos conseguiste el ADN del nuevo Don? —escupe como un perro rabioso.
No lo escucho. Camino hacia Léa. La cara me arde, me palpita la piel por las bofetadas, pero nada me duele tanto como verla rota. Siento que dañaron lo más sagrado que tengo.
Una mano me agarra del brazo, me prepara otra bofetada.
Cierro los ojos, tenso el rostro.
Espero el golpe.
—Le vuelve a poner una mano encima a mi soldado y se queda sin manos, coronel.
Esa voz. Grave. Letal. Sexy.
«Mi soldado».
Lo dijo. Lo pronunció como una marca de pertenencia. Y mi cuerpo tiembla, mi pecho se inflama de un calor desconocido. «?Soy suya?».
—Soy un coronel —gruñe el otro—. Tengo un rango más alto que usted. No me puede dar órdenes.
«Quisieras que fuera suya», pienso, con veneno.
—Ella me pertenece —responde él, firme, sin pestañear—. Dekenman, llévela al laboratorio. Extraigan el ADN del nuevo líder de Italia. Después la quiero en la aeronave.
Aven me toma de la espalda y me arrastra. En el camino, alcanzo la mano de Léa. La aprieto contra mi pecho. La escondo bajo mi hombro. Ella llora. La dañaron. El dolor en mi estómago se multiplica. No hay tortura que iguale ver eso en su rostro.
—Tienes quince minutos —dice el capitán Aven Dekenman cuando me deja frente a una puerta. La abre. Un laboratorio improvisado. Médicos esperando. Él se marcha.
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Cerberus (Hipogeo I)
De TodoAsteria Magno es la primogénita del general más letal y peligroso de las FMSE es trasladada a la central de Rusia en donde se encargará de acabar con un juego, un juego con fuego en donde aprenderá a no quemarse o a arder. ¿Estas dispuesto a jugar?
