Capítulo Zwei­und­vierzig

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FL28: No colaborar activamente en trabajos de equipo o mostrar desinterés en las tareas individuales relacionadas.

FL29: Crear o apoyar anónimos, o ayudar en su creación.

FL30: Utilizar lenguaje inapropiado para referirse a superiores, compañeros o subordinados.

FL31: No mostrar consideración y respeto adecuado hacia los miembros de la Institución y sus familiares.

FL32: Utilizar términos, modales o actitudes que dañen la reputación de la Institución y las personas a su servicio.

13:56 horas
Norilsk, Rusia.
Domingo 20 de agosto.
Sebastián Maquiavelo.
Alfombra de cadáveres.

Llevamos dos días buscándolos. Somos alrededor de quince personas; demasiadas para pasar desapercibidos. Nadie porta dispositivos que emitan señal.

Sé que, si Asteria sigue con vida, va a salir por esta desembocadura.

Hay cuatro componentes apostados: uno en cada salida de las alcantarillas. Los otros diez están dentro, rastreando túneles.

Encender el GPS de cualquiera de los dos sería un suicidio táctico: les regalaríamos sus posición a los rusos.

Conozco a mi cocodrilo. Ast daría su maldita existencia con tal de cumplir la misión. Brus también vino; fue el menos herido de todos y aun así insiste en estar aquí, buscando a los demás. Yo me interno por la alcantarilla para rastrearlos.

Es jodidamente peligroso. Deniska está dentro con otros dos soldados. Conozco sus posiciones: planeamos cada recorrido al detalle. Quinientas rutas para cubrir todas las alcantarillas sin ser detectados. Llegamos en paracaídas a una altura indetectable para cualquier radar aeronáutico.

Eso nos compró tiempo. Mientras tanto, los vehículos militares avanzan por tierra y ya están ubicados en puntos estratégicos, fuera de los sensores. Voy a entrar con Roz, creo que así se llama. Pelo rojo, pecas como constelaciones. Su presencia te deja con hambre; no parece de este planeta. Sus ojos dorados, como whisky caro.

Dasha, en cambio, es un sol irradiado: su luz deforma el espacio y el tiempo a su alrededor. En esta central todas brillan; es como caminar por un jardín de ninfas armadas.

Pero nada me impresiona tanto como la mujer que parece alimentarse de demonios y cazar vampiros. Aquí todas tienen luz propia; ella no.

Está apagada.

No hay brillo.

En dos días ha completado cerca de cien rutas de las quinientas. No descansa. No se rinde. Soldados así existen en las FMSE; lo difícil es que sostengan ese ritmo sin quebrarse.

—Extin, vete. Yo voy con el capitán —ordena Signe a quien iba a ser mi compañera en la incursión doscientos treinta.

Roz se marcha. Yo voy con Signe: cabello castaño, ojos marrón chocolate, curvas que no piden permiso.

Me coloco el visor y comenzamos la expedición. Debemos llegar a las alcantarillas del noroeste.

—¿Qué te parece Deniska? —me pregunta en inglés. Sabe que no hablo ruso; casi todos lo saben. Me hablan en inglés. Debo aprender ruso.

La verdad, no lo pensé demasiado: me dijeron que había un puesto de capitán en Rusia y acepté por venir a estar con Asteria. Camila no me necesita; está con Aura y Mateo. En Brasil me sentía solo. Crucé el puto planeta por ella.

Cerberus (Hipogeo I)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora