Libro 1b
Capítulo 1 Conceptos de
operaciones militares
Capítulo 2 Concepto de operaciones con sucesos militares
Capítulo 3 Concepto del nivel operacional de la guerra.
Libro 2b. Misiones.
Capítulo 1. Operaciones generales.
Capítulo 2 Operaciones ofensivas y defensivas.
Capítulo 3 Operaciones Terrestre.
Artículo 1 Designación según el carácter de combate.
Artículo 2 Operaciones primarias.
Artículo 3 Operaciones secundarias.
Artículo 4 Tácticas de una batalla.
Asteria Magno.
Rio de Janeiro, Brasil.
Cierra los ojos.
La puerta de hierro forjado se abre hacia adentro con un chirrido metálico, y entramos a un mundo distinto. Una casa que respira pecado. El aire es denso, cargado de perfume dulzón, sudor, alcohol derramado y el olor metálico del miedo. La planta baja late con música baja, profunda, como un corazón enfermo. Hay mujeres por todas partes.
Algunas bailan sobre mesas bajas, envueltas solo en bragas de encaje. Otras están sentadas en sofás de terciopelo negro, riendo con ojos vidriosos, pupilas dilatadas. No sé si están borrachas o drogadas. Quizás ambas. Sus cuerpos son esculturas: caderas anchas, cinturas estrechas, senos firmes, piel tensa, sin una gota de grasa. Pezones rosados, morados, cafés. Pecas en el hombro, lunares en la espalda, algunos vellos finos en el pubis que asoman bajo la tela. Todas bellas. Todas iguales. Todas propiedad.
Hay muy pocos hombres.
Pero los que hay… están en el centro.
Cada uno rodeado de ocho, diez mujeres.
Como dioses en un templo pagano.
Y De Santos es el más alto, el más oscuro, el que más silencio impone con solo entrar.
Las mujeres que vinieron con nosotros, las cadetes, se quedan abajo. Él no les da una mirada. Solo me toma de la cintura, con una mano firme, casi posesiva, y me guía hacia la escalera de mármol blanco, pulida como hielo. Subimos. Cada paso resuena. Mis piernas tiemblan. No por miedo. Por adrenalina. Por el peso de lo que viene.
—Estás en una casa repleta de mafiosos, Magno —dice la voz de Mateo en mi oído—. Permanece atenta a cualquier movimiento.
Respiro hondo.
Sí.
Lo estoy.
Cada músculo en tensión.
Cada sentido alerta.
En el segundo piso, el ambiente cambia. Aquí no hay baile. Hay deseo. Cruce de cuerpos. Tres mujeres rodean a un hombre, besándolo al mismo tiempo. Otro tiene a dos en sus rodillas, una en su cuello, otra en su regazo. Hay armas sobre mesas de cristal: pistolas, cuchillos, cargadores alineados como decoración. Y dinero. Montones. Fajos de reales, dólares, euros. Apilados como si fueran basura.
De Santos me conduce a un pasillo estrecho. Y entonces, las mujeres llegan. Cinco. En lencería blanca. Jóvenes. Demasiado. No más de veinte. Se acercan a él como si fuera su dueño, su dios. Él levanta una mano. Solo una. Y se detienen.
—Fuera —dice—. No las quiero cerca. Esta noche es para mi Mozão. Además que alguien me traiga la turmalina.
El silencio que sigue es espeso. Una de ellas me mira. Directo. Sus ojos no esconden nada: enojo. Rabia. Humillación.
—Esa joya —dice, la voz temblando— solo es para la mujer del jefe. Ella es una maldita niña, recogida de la calle. Jamás será digna de ser llamada la dama de Brasil.
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Cerberus (Hipogeo I)
AcakAsteria Magno es la primogénita del general más letal y peligroso de las FMSE es trasladada a la central de Rusia en donde se encargará de acabar con un juego, un juego con fuego en donde aprenderá a no quemarse o a arder. ¿Estas dispuesto a jugar?
