Oryctes me miró con intensidad y después de unos segundos donde no hubo más que un incómodo silencio entre nosotros, finalmente formuló la pregunta que había estado rondando su mente desde que llegamos al campo de entrenamiento de la colonia. —"¿Me estás subestimando?" Su voz resonó en el aire tranquilo mientras sus ojos escudriñaban los míos.
Sacudí la cabeza, una ligera sonrisa curvando mis labios. —"Todo lo contrario, hermano. Estoy aquí porque confío en ti más que en nadie" Observé nuestro entorno, notando que éramos los únicos en ese campo desolado. La soledad parecía apropiada para lo que estábamos a punto de hacer.
El cambiaformas frunció el ceño, una evidente intriga en sus ojos. —"Entonces, ¿por qué diablos quieres luchar en serio con esas pesas puestas? Parece innecesariamente riesgoso"
Suspiré, eligiendo cuidadosamente mis palabras. —"Necesito desafiarme, Oryctes. Últimamente, he sentido que mi progreso se ha estancado, que he caído en una rutina que no me lleva a ninguna parte, y eso no es lo que quiero para mí. La única forma de romper ese bloqueo y evolucionar mi estilo de combate es enfrentando verdadero peligro. Para mi pesar, solo al enfrentar las pruebas más difíciles en las peores circunstancias puedo realmente mejorar, y el único en quien confío para llevarme a esos extremos sin poner en riesgo nuestra cuartada, eres tú. Además, no te preocupes demasiado, el peso que llevo ahora es mucho menor en comparación con el que soporto a diario"
Mi acompañante me observó en silencio durante un momento, su expresión indecisa hasta que finalmente soltó un resoplido exasperado. —"Siempre tan dramático, hermano. Te gusta complicarlo todo, ¿verdad?" Bromeó, pero no pudo ocultar la chispa de complicidad en su mirada. —"Está bien, sigamos adelante con esto, pero si algo sale mal, no te atrevas a decir que no te lo advertí"
Asentí con gratitud, y ambos nos dirigimos a nuestros respectivos rincones, comenzando a estirarnos con determinación. Mientras nos preparábamos, decidí establecer las reglas para el combate. —"Utilizaremos la modalidad clásica: nada de hechizos ni armas, solo será una lucha cuerpo a cuerpo que únicamente terminará cuando uno de los dos no pueda seguir adelante"
Oryctes asintió en acuerdo, nuestros ojos se encontraron una vez más, su rostro reflejando la misma resolución que sentía en mi interior. El campo de entrenamiento quedó sumido en un tenso silencio, apenas interrumpido por el suave eco del sonido de una piedra que había tomado del suelo y lanzado al aire. La roca giró con gracia en el aire, y en esos momentos, el menor de los hermanos comenzó a sumirse en sus propios pensamientos.
—"Parece que Eciton no está realmente consciente del verdadero peligro que conlleva su petición" Reflexionó Oryctes, impregnando sus pensamientos de escepticismo. —"No creo que deba mostrar todo mi potencial desde el principio. Voy a mantener mis niveles de alerta a un nivel intermedio; después de todo, dudo mucho que con esas pesas pueda representar una amenaza real"
El guijarro alcanzó su punto más alto en su ascenso y, después de unos segundos cargados de expectación, finalmente tocó el suelo, marcando el inicio del combate. En un abrir y cerrar de ojos, Eciton se lanzó hacia adelante con una velocidad asombrosa, en perfecta sincronía con el instante en que la piedra tocó tierra. La rapidez de su movimiento dejó a Oryctes con apenas un parpadeo para asimilar lo que estaba sucediendo, pero gracias a su entrenamiento y reflejos afilados, logró esquivar el ataque de su hermano con una agilidad impresionante. Durante un fugaz instante, todo parecía indicar que Eciton se precipitaría contra la pared, pero en una maniobra sorprendente, aprovechó el muro como punto de apoyo. Sus patas traseras hicieron contacto con la superficie vertical y, con una habilidad fuera de serie, ejecutó una maniobra que desafiaba las leyes de la gravedad, impulsándose nuevamente hacia su oponente.
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Las desventuras de un cambiante
Fiksi PenggemarSteve solo era alguien que buscaba una vida tranquila y mantenerse fuera de peligro, sin embargo, el destino tiene la costumbre de arrojarlo a las situaciones más mortíferas, pero gracia a la suerte, este constantemente lograba salvarse. Ahora, rena...
