(Hay un aviso al final del capítulo, por favor léanlo si es posible)
El sonido del reloj en la pared era lo único que rompía el silencio en la oficina. Las manecillas avanzaban con una cadencia que se sentía como un martilleo constante en mi cabeza. Tenía la vista fija en los documentos esparcidos sobre mi escritorio, iluminados apenas por la lámpara que proyectaba un halo de luz amarillenta. Mis extremidades se movían mecánicamente, rellenando formularios, firmando, revisando una y otra vez los detalles del plan de emergencia que había trazado. Un plan para lo peor, un plan por si todo llegara a fallar en mi próxima misión.
Mi reflejo en el ventanal me devolvía la mirada de alguien que cada día reconocía menos. Los ojos hundidos, las ojeras marcadas y el pelo desarreglado dibujaban un rostro más ajeno que propio. Sin embargo, no podía permitirme pensar en eso. No ahora. Cada trazo de mi pluma sobre el papel era una forma de evitar enfrentar las sombras que se cernían en mi mente. El orden y la lógica del trabajo eran mi refugio, una manera de mantener a raya los recuerdos que intentaban asaltar mi conciencia.
La mayoría encontraría mis esfuerzos algo exagerados. Cada posible fallo había sido considerado, cada contingencia prevista. A veces me preguntaba si esa minuciosidad era un intento desesperado de aferrarme a algo que pudiera controlar al menos un poco. Era como si las palabras impresas fueran una barrera, una forma de mantenerme anclado al presente, al aquí y ahora.
De fondo, podía escuchar el ruido apagado de la ciudad que apenas se filtraba por las ventanas cerradas. Los sonidos de la vida cotidiana, tan distantes, tan irreales para alguien como yo. Había momentos en los que el cansancio se volvía casi tangible, como un agobiante peso sobre mis hombros.
A veces, la pluma temblaba ligeramente en mi agarre, pero aun así no me detenía. Seguía adelante, ignorando las señales de mi propio cuerpo. La posibilidad de que todo pudiera salir mal no era solo un temor lejano, era una certeza con la que había aprendido a convivir. Y esa certeza era la que me impulsaba a seguir adelante.
Mis ojos se cerraron por un segundo, pero en la oscuridad solo encontré las imágenes que tanto me esforzaba por olvidar. A pesar de que estos recuerdos me enfermaban, que dañaban directamente mi alma, no permití que se fueran. Ese no era un derecho que me mereciera, era el justo castigo por mis fallos, por no haber estado allí para salvarlos de esa cosa que se hacía llamar Shadow. Sentí cómo mi corazón se aceleraba dolorosamente, junto con una horrible necesidad de querer vomitar todos mis pesares, pese a que mi cuerpo era incapaz de realizar dicha acción.
Me perdí en mis divagaciones hasta que un susurro lejano, acompañado por esa familiar sensación de ser observado, me sacó de mi ensimismamiento. Al abrir los ojos, encontré la mirada preocupada de Moon, quien parecía buscar respuestas en mi rostro.
-"¿Se encuentra bien, señor?" Preguntó con voz suave, casi temerosa. -"He estado intentando llamar su atención por un rato, pero usted simplemente no respondía."
-"Solo estoy cansado." Contesté, esbozando una falsa sonrisa. -"No he dormido bien últimamente."
La expresión del thestral no cambió; sus ojos seguían escrutándome con una preocupación que no necesitaba que mis sentidos cambiantes detectaran. Sin embargo, después de unos segundos de espera, decidió no insistir más en el tema. Le agradecí silenciosamente por esto, ya que lo último que quería era profundizar en algo que tanto me esforzaba por mantener enterrado.
-"¿Cómo está su herida?" Inquirió, desviando la mirada hacia mi pierna izquierda.
Instintivamente, miré hacia mi extremidad vendada. La fea cicatriz que se ocultaba debajo era un recordatorio constante de la barra que había perforado mi carne. Una marca dolorosa, que no se parecía en nada a sus semejantes épicas de las fantasías. -"Ya casi estoy completamente recuperado" Respondí, haciendo una pequeña demostración al moverla sin dificultad alguna.
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Las desventuras de un cambiante
FanfictionSteve solo era alguien que buscaba una vida tranquila y mantenerse fuera de peligro, sin embargo, el destino tiene la costumbre de arrojarlo a las situaciones más mortíferas, pero gracia a la suerte, este constantemente lograba salvarse. Ahora, rena...
