Querido Collin,
TENGO UN PEZ!
Su nombre es Cocodrilo. Jolie y su mamá me lo compraron hace unos días y es lo mejor del mundo. Es un pez Betta blanco, con algunas pintitas rosas. No hace nada. Solo nada, hace burbujas, nada, come, existe, hace más burbujas, a veces se esconde en la arena de la pecera y otras veces se queda estático mirándome fijamente y yo me quedo estático mirándolo fijamente. Siento que nos conectamos.
Shirley me da algunos euros para comprarle comida a Cocodrilo, porque según él es mi responsabilidad, pero igual siempre me acuerda que tengo que darle de comer o cambiarle el agua.
No voy a decir que soy la persona más feliz del mundo, pero soy feliz con mi nuevo pez.
Creo que te debo una disculpa (no volveré a replantearme eso de que no tienes emociones porque eres un cuaderno). Esto de no escribir tan seguido era extraño para mí también. Cuando trataba de pensar algo, se volvía un reto enorme. Incluso me he creado una rutina nueva: despertar a las nueve de la mañana, ducharme yo solo —o sea, sin que nadie me ordenara hacerlo— , no desayunar nada más que una taza de chocolate, siendo vigilado no muy sutilmente por mi hermano mayor, y volver a mi habitación. No fue una gran idea, porque Shirley también venía y yo no lo podría echar.
Así que solo me estuve entreteniendo viendo las películas de Karate Kid del 84, Volviendo al futuro y alguna que otra película de Tim Burton, aunque ya pasó Halloween, y Navidad, pero las temporadas no son importantes.
Me despediré aquí, pero si recuerdo algo más, regresaré.
Con algo de cariño, Ronan.
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—Iré a la playa —me avisó Shirley.
—Buena suerte —murmuré, viendo como Marty Macfly estaba todo histérico porque no sabía en dónde estaba.
—¿No vas a venir?
—Ver Volviendo Al Futuro y pintar mis uñas con marcadores es mejor que ver a miles de turistas semi desnudos en esa playa. —mi voz era tan monocromática que me asustaba haber hablado como Otto, así que procuré cambiar.
—¿Estás seguro?
—Ujum—hice un sonido de asentimiento—. Mira que belleza.
Le mostré mis uñas a Shirley con una sonrisa orgullosa, como si nada estuviera pasando. Él no pareció ignorarme, pero solo suspiró y se dio la vuelta.
Realmente nada estaba pasando. No entiendo por qué. Se supone que el mundo se debe haber acabado ya, pero aquí estoy, aquí estamos todos, incluso los monstruos debajo de mi cama.
Shirley recogió su ropa y maquillaje y se largó. Fue un respiro estar solo, sin embargo, hora después tuve que volver a aguantarme la respiración otra vez porque volvió, tirando todo lo que tenía sobre su cama.
—¿Y ahora qué?
—Hay ensayos. —se despeinó su oscuro cabello y respiró profundo, como si estuviera harto, lo cual no dudo.
Mi cuerpo entero gritaba un "estoy harto", pero me levanté solamente porque Remi ya estaría allá seguramente y, por el momento, es la única persona a la que tolero verle la cara.
No tardamos mucho en alistarnos. Perdí una de mis zapatillas, dos veces, la primera vez la encontré en la sala. La segunda debajo de la cama de Shirley. No entiendo como se teletransportan las cosas aquí.
Miré a Cocodrilo un largo rato en lo que Shirley me peinaba. El pez solo nadaba y nadaba. Quisiera ser un pez: nadar, comer y tener expectativa de vida corta.
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The Blue Shore
Teen FictionEsta es la historia que hay detrás en un teatro llamado Luciole. En el teatro siempre hay telones que ocultaban hechos y Ronan sabía que al abrirlos expondrá sus horrores. Su puerta se mantuvo cerrada y su llave se extravió por tantas vidas que temi...