XIX

8 1 0
                                        

Me despierto a las siete como que si tuviera una alarma programada. Esta semana me sentí mal, hoy fue peor. Sentí que las hojas de los arboles caían sobre mi y aunque no pesan mucho, para mí sí. Me cubrían el cuerpo entero y me aferraban al suelo o a la cama.

Decido tomar mi teléfono y veo un mensaje de él, algo que me toca el corazón.

Siento haber hecho que te fuera a dormir enojada o triste, o ambas.

Lo dañe y de la peor manera y aun así sigue creyendo en mí. Y aun así lo sigue intentando. Lo amo demasiado como para seguir aquí. Él no me merece.

Buenos días❤️

Buenos días! ¿Cómo amaneciste?

Bien y tú🥰

Bien también

Me manda un sticker de un gato

bostezando.

Me siento como este gato😂

Si, yo también tengo sueño😂

¿Qué haces?

A bañarme voy porque vamos a vernos

¿Aún quieres salir conmigo?

Si, tenemos que hablar.

Bien, me voy a alistar ¿Nos vemos a las 12?

Está bien.

Ten cuidado❤️

Le mando un sticker de un gato pasandole

la lengua a un sorbete.

Si antojas😂

A ti sí🤭

Jaja te me antojas

Dejo ahí el chat y me levanto a bañarme. Me sorprende el hecho de que no se esté tomando las cosas enojado. Lo admiro totalmente y la persona que se quede con él, de verdad que será dichosa y si es posible yo misma se lo quisiera decir, pero es imposible porque voy a desaparecer de su vida. O eso creo.

Me pongo una camiseta, un jeans y unos tenis blancos. Ya no quiero estar aquí en casa, pero tampoco quiero salir y encontrarme con unos tratando de entenderme a mi.

Al llegar lo espero treinta minutos por el tráfico. Tengo mucha paciencia porque quien ha estado actuando mal soy, no porque paciencia para esperar no tengo. Cuando lo veo llegar me levanto de una banca de cemento y me pregunto si será correcto abrazarlo. Aun así lo hago.

Su olor, es tan adictivo. Él, simplemente él. Va muy guapo y cuando empezamos a caminar noto que muchas chicas lo miran. Quisiera tener derecho de ponerme celosa, pero no puedo.

—¿Cómo estás?

—Cansado, el tráfico estaba horrible —Me río.

—Se notó, pobre de ti que te tocó vivir eso —Sonríe— ¿Nos sentamos en una de las mesitas? —Le pregunto.

—¿No tienes hambre?

—Si te soy sincera no, pero si tienes hambre...

—¡No! Tranquila, estoy bien.

—Bueno —Se hace un silencio incómodo hasta que llegamos, trato de sentirme tranquila para no soltar cualquier cosa. Aunque mi rostro, mis ojos y labios hinchados revelan mucho.

24 de febreroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora