35. el amor es un arte.

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—¿Estas bien? —lo tome entre mis brazos, levantándolo con cuidado del suelo. Aquel me miró con ternura, sosteniendo su cabeza medio adolorido y reí viendo como toda Su espalda y piernas por la parte trasera se mantenía empolvada de tierra. Sacudí su espalda con cuidado y aquel se quedó inmóvil ante mis cuidados—

—No me gustan las arañas

—Lo alcancé a notar Conrad.—respondí terminando de sacudirlo—

Sin más volvimos al coche, conduciendo de vuelta, el pequeño se mantenía a cabezazos, quedándose dormido en su asiento sacándome una sonrisa.

Los viajes lo relajaban.

—Niño —susurre y este me miro— pasa a los asientos traseros y duerme.

—No quiero, quiero acompañarte —dijo estirando su cuerpo y reí— se le acabo la batería a mi parlante, veamos qué suena en la estéreo, si no hay nada bueno me veo en la obligación de cantar.

—la estéreo está descompuesta —ironice tapando está con mi mano para que no pudiera presionar los botones—

—¡Azora!, ¡Déjame ver!—peleó entre risas—

—solo si me das un beso.

—Que sean dos. —murmuro divertido y reí evitando su mirada. Até mi cabello en una coleta bajo la mirada atenta de Conrad, y aquel sonrió aprovechando de prender la estéreo, cambiando con botones el ruido blanco hasta que algo comenzó a sonar. Su mirada se mantuvo directa en la estéreo, estaba inmóvil como intentando averiguar con claridad que era lo que sonaba— ¿Reconoces esa canción?

—no, pero podríamos averiguar cuál es. —sonrió con dulzura y asentí—

—Me parece perfecto.

La melodía me invadió, me trajo recuerdos, recuerdos que para mi suerte no eran malos esta vez.









Yacía en el orfanato, mirando con atención la cantidad de vinilos que Colette coleccionaba en un estante de la biblioteca. Esta siempre estaba vacía, a los niños no les interesaba leer, no les hacía gracia aprender cosas nuevas.

Colette bailaba de un lado a otro, ordenando los libros mientras yo estaba en un sofá de esquina con un libro en la mano.

Soy sincero con tus dudas
Cuando triste me preguntas.

La voz de Colette era encantadora, siempre se sentía cómoda si se trataba de mi presencia. Bailaba y cantaba cumpliendo con sus responsabilidades, siempre manteniendo una energía muy bonita a su alrededor, a nuestro alrededor. La gente siempre arruina a eso, siempre que alguien llegaba era como si todo se apagará abruptamente dentro de ella, volvía a ser fría, volvía a ser peculiar.

—madre Colette, la necesitan en detención. —avisaron y ella asintió, me dio una última mirada y salió de la gran biblioteca cerrando las puertas.—

Por qué es un arte
no se rige con un calendario
es lo invisible que mantiene este mundo girando..

El vinilo seguía girando, seguía reproduciendo uno de los pocos discos que ella tenía con cantantes "normales".  Le puse atención a la letra, sonreí con el vago romance que este poseía.

Como si el romance fuera capaz de verse así...








Tan solo amemos nuestros cuerpos
Mientras lo permita el alma
Y no me hagas más preguntas, por que no se contestarlas

Metanoia. (Completa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora