Corrí con velocidad hasta la cabaña, Mary, Bleu y Alana estaban en la cocina mirándome curiosas en cuanto doble para subir las escaleras sin prestarles atención. Subí los escalones con rapidez en busca de su silueta pero frenando mis pies cuando llegue a la puerta sin una pizca de valentía.
Mierda.. como se lo digo..
Afirme el pomo de la puerta nervioso, con la nariz inquieta, y no hacía falta mirarme a un espejo para saber que estaba rojo.
¿Debería decirle que lo amo? Pero eso ya se lo he dicho.. necesito algo más.. íntimo.
Sentí mi nariz moverse con intensidad pero me negué a soltar la puerta, preso del pánico y de los nervios que esto me provocaba.
Venga Conrad, no seas gallina.. debes decirle lo que sientes.. él tiene el valor de sorprenderme siempre que puede, es mi turno..
Si lo hacemos ahora..
Sacudí mi cabeza molesto conmigo mismo.
En que pienso... Joder...
—¿Vas a abrir?
—Sí, solo estoy nervioso.. —respondí decidido para luego darme cuenta de la presencia de Azora atrás de mi, reteniendo una carcajada hasta que ya no pudo más— ¡N-no te rías! —exclame molesto dándole un golpe severo, con los labios temblorosos, nariz inquieta y ardiendo en la vergüenza.— ¡Zeta!
—pardon... —comento entre risas— comme c'est drôle..
—¿Que?
Continuó riéndose de mi persona, y con la vergüenza y cierta molestia que ahora me consumía lo empuje dentro de la habitación con rapidez hasta la cama. Cerré con seguro y aquel me miró ahora más calmado pero con curiosidad, sentado a los pies de la cama con su aura dulce pero seria, amable pero fría, como era habitual en él; ese frío que me envuelve con calidez. Algunas palabras iban a salir de su boca, iba a preguntar algo, pero no logré tener paciencia para esperar que siquiera lo intentará. Me avalancé contra sus labios fríos y delgados, mis manos se acomodaron en su mentón para no dejarlo ir de mi, no ahora que solo quería gritarle cuanto lo amaba.
Mi cuerpo quedó entre sus piernas, sus manos me tomaron de la cintura, me apegaron a su cuerpo profundizando el beso, enredando su lengua en la mía carente de paciencia. Un sabor a alcohol y cigarrillo se mezcló con el dulzor de mi boca, y sin estar completamente consciente mis manos se deslizaron por su cuerpo. Baje por su hombros acariciándolo con cuidado y desesperación, una mezcla entre lo salvaje y la inmensidad del amor que tengo por él, una sensación que me invade el pecho cada vez que le tengo cerca, aparcándose sin cuidado en todo mi corazón, tan cálido y cómodo como si se sintiera en casa.
Acaricie sus hombros, sus manos acariciaron mi espalda sin dejar de besarme con intensidad; guíe mis manos a su abdomen, y aquel detuvo mi mano derecha enredando sus dedos por mi pulsera de estrellas que hasta ahora había pasado desapercibida o creí no le había prestado atención a que jamás me la he quitado. Sonreí entre besos, mi mano que estaba en su abdomen subió hasta su cuello en busca del collar que compartíamos, y con este lo atraje a mi cuando intento separarse para respirar.
— Ahógate en mí, piérdete en mis estrellas. —demande a centímetros escasos de su boca.—
Sonrió lujurioso, con sus sentidos idos, y sus ojos brillantes como zafiros en la oscuridad reflejando el deseo de su alma. Dejo besos por mi cuello, dejo caricias por mi cuerpo, yo enrede las manos en su cabello, tan sedoso, suave y azabache. Bese sus nubes disfrazadas de vitíligo mientras él me besaba las constelaciones disfrazadas de pecas. Bese su alma mientras él desnudaba la mía a su merced, impaciente, pero como siempre tan cuidadoso cuando se trata de mi.
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Metanoia. (Completa)
Romance"A nada te acostumbres para que nada te haga falta" ese es el lema de Azora Holmelund, cuya visión del romance carece de interés por todo lo que ha sucedido a lo largo de su vida. Conrad Miller, un hombre dulce, cálido y amable llegará a poner en du...
