Azora Pov's
Me ahogaba. A Talasa le parecía divertido hundir mi cabeza en la tina con agua. Tosía, sentí como mi cuerpo dejaba de responder por la falta de aire y el exceso de agua que comenzaban a inundar mis pulmones. Estaba convencido de que este sería mi último minuto de vida, sin embargo el peso que tenía encima obligándome a hundirme se esfumó.
Con la poca fuerza que ahora tenía me arrastre fuera de la humedad, llorando, temblando de frío y de miedo, intentando coger aire entre tos ahogada.
—¿Por qué siempre llegas a cagar la diversión Bleu? —Alegó en el suelo cabreado, peleando con mi hermana— No ves que esto no es contigo putita.
Mi hermana rugía furia de su ser, sostuvo sus tijeras con fuerza, pero al ver que Talasa levantó las manos en señal de inocencia se acercó a mi más calmada, dándole la espalda para prestarme algo de atención.
—¿Estás bien, Mono?
Me sentía mareado, muy débil, pero asentí. Aquella se puso de cuclillas frente a mi, acariciando mi rostro con dulzura, intentando calmar el temblor de mi cuerpo; Pero como siempre, nada podía ser perfecto, no había libertad sin trampas, y sin que ninguno de los dos se lo esperase Talasa se levanto del piso jalándola del cabello, sin darme tiempo para avisarle.
Pataleo en el suelo intentando levantarse. Talasa la jalo arrastrándola por la casa hasta nuestra habitación. Me levanté como pude y los seguí intentando ayudar a Bleu quien entre gritos suplicaba que me encerrara en un lugar seguro sin importar que; pero yo no quería dejarla así. Tome una botella vacía de alcohol que yacía sobre la alfombra y sin otra idea se lo lance directo en la cabeza a Talasa.
Su mirada tétrica se volteo a verme, sonrió no gracia a la par que yo sentía mi cuerpo temblar, aunque ya no tanto por frío. El miedo me consumía ante sus expresiones, lo que él provocaba siempre en mi cuerpo débil y pequeño, tomando provecho de esa gran diferencia. Tomo a Bleu con fuerza lanzándola dentro de una habitación junto a la nuestra. Sus gritos de desesperación se apaciguaban dentro, la puerta temblaba con cada patada, y solo podía oír con claridad las amenazas e insultos hacia nuestro hermano.
Aseguro la puerta de Bleu, yo era incapaz de moverme, tenía miedo, tanto miedo que mi cuerpo se paralizaba solo con su presencia. Me moví, sin velocidad y sin fuerza, me escabulló por entre los muebles, montando un numerito que se a Talasa le irrito más de lo que debía.
Mis piernas no pudieron ser más veloces, y otra vez, sin esfuerzo de su parte, me tomo entre sus brazos carente de gentileza, apretándome con fuerza, haciendo que mi estómago quisiera reventarse por su rudeza. Me arrebato el aire, mi cuerpo dolía, y su sonrisa solo podía retratar el dolor que me haría sentir.
Las patadas que Bleu le daba a la puerta se oían cada vez con más fuerza, sus gritos desesperados amenazando de muerte a Talasa si me hacía algo mientras esté solo se reía divertido aterrando mi pequeño cuerpo.
—Vamos a ver... —sonrió— ya se..
Me tomo del cabello arrastrándome hasta la litera, hasta su cama precisamente que estaba arriba de la mía. Grité de dolor, sus manos llenas de brusquedad me jalaban con fuerza todo el cabello, largo y maltratado. Me sostuvo de este elevándome del suelo, dejándome enganchado de la litera de forma dolorosa, haciendo nudos con mi pelo para dejarme ahí; retorciéndome de dolor.
—ahí luces mejor —sonrió mientras yo pataleaba intentando soltarme, intentando alivianar aquel dolor inhumano que él me hacía sentir cada que podía.— Veamos que opina tu hermanita.
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Metanoia. (Completa)
Romantik"A nada te acostumbres para que nada te haga falta" ese es el lema de Azora Holmelund, cuya visión del romance carece de interés por todo lo que ha sucedido a lo largo de su vida. Conrad Miller, un hombre dulce, cálido y amable llegará a poner en du...
