Mi cabeza rebotó contra el suelo, otra vez. La luna lloraba sangre por su ausencia, el orfanato se sentía vacío sin su silueta recorrer los pasillos con dureza, no habían más clases peculiares para mí, ya no había nada que siquiera me importase en esta vida —si es que se le podía llamar así— .
—Por qué no peleas manchitas —se burlaron pisando mi cabeza, pero realmente no tenía la energía para enfrentarlos.—
—Mátenme. —suplique—
La pisada abrupta y llena de dureza que mantenían sobre mi cabeza haciendo presión se aliviano severamente en el aura confundida, sus ojos curiosos me miraron con lástima, y antes de que pudieran hacer algo más otra de las monjas del lugar apareció.
No presté atención a como sucedía, solo vi como esos analfabetos eran arrastrados sin cuidado a lo que supuse era corrección. Mi cabeza seguía mirando el suelo de madera, pero limpio, no como en la casa de drogadictos.
—Azora, levántate.
—Usted no es quien para darme órdenes. —respondí sin energía—
—entonces he de suponer que no deseas ver a tu hermana ¿O si? —comento sentándose en mi cama y yo reaccione para mirarla desde el suelo—
—¿Ella está aquí?
—sí, y hay algo que deben hablar. —respondió— está en la sala de visitas.
Tras un vago "gracias" por educación que no quería poseer arrastre mis piernas sin rapidez hasta la sala de visitas, mi corazón se detuvo, llevábamos casi 3 meses sin vernos, la última vez que nos vimos fue en el funeral de Colette. Pero estaba ahí, otra vez, con un aura cansada pero feliz de verme.
Me detuve antes de que pudiera abrazarme, la mire con desdén, mantuve mi distancia y la frialdad entre nosotros.
—Te tengo noticias —sonrió—
—¡Por que ni siquiera me llamaste Bleu, creí que te irías como todos! —alegue al borde de las lágrimas.—
—No me levantes la voz Holmelund. —respondió de manera autoritaria— Siéntate.
Obedecí con desconfianza, seguía molesto con la situación, por su abandono pasajero.
—Conseguí empleo, un buen empleo, un departamento —sonrió contenta tomando mis manos—
—Felicidades.
Sus ojos azules me miraron con suma molestia, dio un suspiro y reservo su carácter.
—Te vas conmigo hoy, ahora Holmelund.—Abrí mis ojos sin creerlo, desconfiado, le mire pero ella no tenía ni una pizca de inseguridad en su tono, ni una pizca de duda.— ya puedo ser tu tutora legal hasta que cumplas los 18, y como te faltan casi 9 meses para cumplirlos te quedarás en casa, visitaremos lugares.. New York es increíble. Y cuando cumplas 18 trabajarás en el café conmigo, te enseñaré todo lo que he aprendido.
Mis lágrimas se desbordaron, sus ojos buscaron los míos y junto su frente con la mía notando así una notable diferencia de altura.
—Gracias Bleu..
—vamos por tus cosas mono... Es momento de que por fin conozcas una buena vida.
La pasión se desataba en mis dedos para fundirse en las teclas del piano, la melodía que desencadena emociones, el sentir de las notas.
—Buenos días —susurro Conrad junto a mi dejando un beso en mi mejilla y reí—
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Metanoia. (Completa)
Romance"A nada te acostumbres para que nada te haga falta" ese es el lema de Azora Holmelund, cuya visión del romance carece de interés por todo lo que ha sucedido a lo largo de su vida. Conrad Miller, un hombre dulce, cálido y amable llegará a poner en du...
