Azora Pov's
Los meses junto a Conrad pasaron con rapidez, el tiempo no se detuvo para dejar que nos amaramos con lentitud, al contrario; dejo que nuestro amor fuera impetuoso y me demostró que el amor no era algo cruel, ni terrible como pensaba.
Me demostró que su cariño, su sinceridad, y el dulzor podían ser agradable con la persona correcta. Aprendí, gracias a nuestro éxito en la música que habían miles de personas que adoraban mi peculiaridad, mi vitíligo, amaban mis nubes y las estrellas de Conrad.
Y tras tiempo, recuerdos, y paseos por diferentes partes del mundo dando conciertos nos tomamos una pausa para descansar. Las chicas se unieron a nosotros en ciertas canciones, en instrumentales que destacan en la voz suave y canciones amorosas que Conrad siempre se había dedicado a escribir para mí. Y ahora en el frío de noviembre estábamos todos acurrucados en la cabaña viendo cómo nevaba afuera, esperando que la tempestad se calmara para ir a patinar en hielo.
—Mono ¿que te parece si te tomo fotos patinando? —dijo Bleu junto a Alana, las chicas y Mary con una mascarilla en el rostro viendo una película—
—Yo opino que lloverán los corazones —dijo Conrad trayendo un té de rosa mosqueta para sentarse cómodamente en mis piernas al estilo princesa. Lo probó y luego me lo dio con dulzura, aquel dulzor innato que corrompe y estremece mi alma hasta ahora, y de seguro por mucho tiempo más.—
—gracias —murmure dejando un beso en su mejilla y bebiendo del té.—
Las botas de alguien fuera de casa sacudiéndose la nieve llamaron la atención de todos, y en cuanto la puerta se abrió Ethan sonrió viéndonos con cariño.
—La nieve ya está pasando —sonrió— he traído leña para la chimenea.
Los mellizos se levantaron a abrazarlo y le ayudaron a colgar su chaqueta empapada y a recibir la leña. Gracias al esfuerzo de Conrad su tratamiento fue exitoso, se había recuperado de su enfermedad para disfrutar más tiempo con sus hijos, llevando siempre en su memoria a su amada Susan.
Eso me deja otra lección del amor, que incluso si la persona de la que te encariñaste se ha marchado, el amor perdura dentro de tu alma. Y su recuerdo te brinda el amor mutuo.
El destino se dedicó a crear una vida, un futuro del que ni siquiera me imaginé vivir junto a una familia que quizá no era mía en su totalidad, pero que me acogieron con el cariño y calidez que nunca tuve, sin drogas, ni maltrato de por medio.
—¿entonces vamos a patinar? —dijo Conrad con una sonrisa sacudiéndose la tierra de la leña y acercándose otra vez a mi—
—Estoy disfrutando de esta maravilla en mi cara —dijo Leila con tanta ropa puesta como nunca antes la había visto—
—¡¿verdad que si?! —continuo Camila— se han ido todos mis granos.
—hace mucho frío, pero vayan ustedes —respondió abby acomodada en los brazos de Alicia—
—Lo que Abby diga —dijo finalmente Alicia y yo sonreí ante eso—
—Termina la película y te alcanzamos con Bleu —dijo Alana y yo asentí mirando a Ethan—
—Vayan, ya los alcanzamos —respondió y Conrad y yo asentimos subiendo la escalera para abrigarnos.
En cuanto cerro la puerta se abalanzo contra mis labios, feliz, con dulzura y delicadeza, compartiéndome de su calor, contagiándome de vida. Nos vestimos con rapidez y salimos con nuestros patines en la mano para patinar en el río congelado de Lexintong, con el frío tan exquisito que atravesaba mi piel. Pero Conrad parecía sufrir con el frío congelando su nariz y tiñendola de rojo.
Su mano tomo la mía y sin dificultad alguna patinamos en el hielo mientras tarareaba una de sus próximas canciones. Danzábamos juntos, nos congeniábamos muy bien en el patinaje, en eso y en nuestro dulce romance. Y ahí, frente a él, en el frío de noviembre 11 comprendí por fin la inmensidad de su cariño, y lo que era el amor.
El amor era cuando Conrad probaba mi té antes de dármelo para asegurarse que tuviera buen sabor, que se preocupara de mi cuando enfermaba, y que sus ojos siempre reflejarán la verdad de mi universo.
Comprendí que el amor no era nada más que Conrad en persona, con su dulzor innato, su gentileza sincera, y sus palabras puestas en una canción para dedicarme.
Comprendí que Conrad era el amor de mi vida, y que ni mil vidas bastarían para terminar de amarle, por qué incluso aunque el tiempo no se detenga para darnos tiempo de amarnos con lentitud, mi amor por él no hace nada más que crecer. Por qué el café otoñal de sus ojos me sigue seduciendo de forma extraña, pero ahora se que el frío que me envuelve siempre recibirá gustoso el café tibio y suave que él es.
El amor, es él; y él se define como Metanoia; el proceso de transformar algo, de reflexionar desde lo más profundo para comprender desde otra perspectiva lo que me negaba aceptar.
Él es Metanoia, porque me hizo comprender desde su perspectiva que amar no era tan malo como creí, que no era drogas, maltrato y sexo en el sofá; si no que era cariño dulce, compañía, y respeto.
El transformó en mi la visión del romance, la convirtió en lo que nunca imaginé, pero le estoy agradecido por eso, por ese proceso inexplicable que lleno mi alma con su presencia.
Yo amaré para siempre a Conrad Miller, porqué el dulzor y su cariño no se encuentran ni siquiera en lo más recóndito del universo; porque él es el universo en el que quiero perderme, y jamás ser encontrado.
Fin.
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Mis caracolitos lectores:
Yo estoy muriéndome ahora mismo.
Después de un año y medio escribiendo este libro, con altos y bajos estoy en negación respecto a soltarlo. El romance de estos dos a acabado conmigo como no tienen idea, pero como todo su principio tiene su final, y por qué acabe no significa que no quedará en nuestros corazones.
Espero hayan disfrutado esta historia tanto como yo, y nos vemos pronto en algunos extra que quiero subir (porque insisto, me niego a soltar a mis geis).
Y solo aprovecho de anunciar que se viene otra historia, más cochinona eso sí KAKSKDJDJD estará disponible a partir del primero de febrero.
<<Habitación 505; obsesión.>>
Por su humilde servidora JAJAJA los amo, y gracias por los que leyeron y se quedaron hasta el final de esta historia. ¡Besos en el poto!
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Metanoia. (Completa)
Roman d'amour"A nada te acostumbres para que nada te haga falta" ese es el lema de Azora Holmelund, cuya visión del romance carece de interés por todo lo que ha sucedido a lo largo de su vida. Conrad Miller, un hombre dulce, cálido y amable llegará a poner en du...
