El protocolo de la unión transcurrió como se esperaba: perfecto, sin una falla, pulido como una joya. Se tomaron un montón de fotografías, el atardecer los bañó con tonos anaranjados y rosas que parecían pintados, mientras los pájaros planeaban en el cielo azul despejado. Los recién casados parecían encerrados en su burbuja de amor, esa ilusión que daban al mundo; Jungkook, firme, aferrado al brazo de su esposo, susurrándole palabras suaves, sonrojándose con cada pequeña atención que le dirigía Taehyung.
— Me he aburrido, Jungkook —musitó el alfa con su voz grave, sin apartar la mirada del reloj—. Podemos irnos cuando quieras. Esto puede seguir para ellos; he pagado el lugar para toda la noche.
Jungkook lo miró y asintió, sin muchas ganas de decir nada. Sinceramente, también prefería irse. No soportaba más el ruido, las luces, la gente que lo rodeaba. Ni siquiera podía soltar el brazo de Taehyung para respirar tranquilo.
— Está bien, señor, pero t-tengo que despedirme —intentó excusar, la voz un poco temblorosa.
— Podemos hacerlo ya. Ni siquiera notarán nuestra ausencia; están demasiado distraídos con la fiesta.
Jungkook suspiró y bajó la mirada por unos segundos. Era agobiante tener la mirada pesada de su esposo sobre él cada vez que abría la boca.
Después del incómodo y vergonzoso beso que les impusieron en el altar, Jungkook sintió que moría ahí mismo. Pero nadie pareció notar nada extraño, y la ceremonia continuó con la lluvia de pétalos de rosa y más fotos. Taehyung entrelazó su brazo con el de Jungkook y lo llevó a recorrer el lugar de un lado a otro. Jungkook no dijo nada, solo lo siguió en silencio, sonriendo a cada felicitación que recibían.
Quiso que todo durara más, que alargaran la fiesta antes de su primera noche de casados, pero sabía que el momento inevitable llegaría. Taehyung se lo había dejado claro mil veces: no quería quedarse hasta el amanecer, solo cumpliría con el protocolo.
— Hey, Taehyung. —Un hombre de la misma estatura que él, con un omega aferrado a su brazo, se acercó sonriente. —Felicidades, hermano.
— Gracias. —respondió Taehyung con sobriedad.
—¿Jungkook, verdad? —El omega lo miró con simpatía. —Felicidades, bonito. Que tu matrimonio sea lo mejor... lidiar con Taehyung enamorado seguro será fácil para ti. —Rió suavemente, queriendo sonar gracioso.
Su alfa, en cambio, le pellizcó la espalda y carraspeó la garganta, dejando claro que no le gustaba el comentario.
— Bueno, Jungkook, felicidades para ti también. —añadió el hombre con rapidez antes de despedirse con una sonrisa incómoda. Pronto, ambos se alejaron entre la multitud.
Jungkook comprendió que las palabras no habían sido malintencionadas, pero supo de inmediato que a Taehyung no le agradaban ese tipo de bromas, por inocentes que parecieran.
El alfa esperó a que sus conocidos se marcharan y, sin decir nada, volvió a tomar a Jungkook del brazo. Lo condujo hacia la salida del salón con paso firme. Jungkook no protestó, ni siquiera preguntó; no sabía a dónde lo llevaba, pero algo dentro de él le recordaba que debía confiar. Era su alfa.
Llegaron a la camioneta. Taehyung la rodeó, abrió la puerta con el botón y le indicó a Jungkook que subiera. Él lo hizo, cerrando la puerta tras de sí. Taehyung se despojó del saco, quedándose solo con la camisa blanca y el chaleco negro, aflojó la corbata y se sentó junto a Jungkook, cerrando la puerta.
— ¿Tienes frío? —preguntó.
— Un poco.
Taehyung encendió la calefacción y arrancó, manejando en el silencio abrumador de la noche. Jungkook miraba de reojo a su esposo, quien no desviaba la vista del camino ni un instante.
¿Por qué siempre parecía molesto con él? Jungkook intentó restarle importancia y enfocó la mirada en el camino hacia su nuevo hogar.
Iban por una zona desconocida para él, llena de casas grandes y preciosas, rodeadas de árboles y con tiendas dispersas. Cada residencia parecía más ostentosa que la anterior. Cuando llegaron, Jungkook contuvo un suspiro al ver la casa de Taehyung: un gigante moderno, con un portón que se abrió para dejarlos pasar a la cochera.
El omega no pudo evitar mirar con detalle los autos estacionados ni la magnitud de la casa.
Taehyung bajó primero y fue a abrir la puerta para Jungkook, tendiéndole la mano para ayudarlo a bajar. Lo tomó del brazo y lo condujo hasta la puerta principal, que fue abierta por una mujer con delantal.
— Buenas noches, señor. Todo está como ordenó.
— Buenas noches. Pueden retirarse —ordenó Taehyung con una mirada que no admitía réplica.
La mujer sonrió a Jungkook y le hizo una reverencia, que él devolvió con cortesía. Intentó hablar, pero cambió de idea y se retiró rápido, recibiendo una mirada amenazante de su jefe.
— Vamos —dijo Taehyung, avanzando por la casa.
Jungkook lo siguió rápido para no quedarse atrás. La casa era amplia, con tonos grises fríos que contrastaban con las luces cálidas, creando un equilibrio perfecto en la arquitectura moderna.
Subieron las escaleras; Jungkook trataba de seguir el paso firme de Taehyung, quien parecía ligero y seguro. El omega tragó saliva, inhaló profundo para calmar su respiración acelerada.
— Entra —dijo el alfa, abriendo la puerta de la habitación—. El armario está lleno, el baño tiene muchos productos de aseo, y en el tocador están tus artículos de cuidado y belleza. Pedí que trajeran tus cosas; tu madre eligió todo, y hay ropa nueva.
— Gracias —respondió Jungkook.
— No desayunaremos juntos y no me esperes hasta la cena, si quieres hablar sobre algo será en la noche, puedes pedir lo que desees con los empleados, ellos harán todo por y para ti sin quejas.
Jungkook escuchó todo sin atreverse a reaccionar. ¿Era en serio todo esto? ¿Así comenzaba su primer día de casado? Se suponía que debía estar feliz, pero sentía que unas lágrimas tristes querían salir. Siempre lo habían tratado con cariño y paciencia, no con desdén ni tedio. La actitud de su esposo le hacía sentirse pequeño, como un niño torpe que todo lo hace mal.
— Está bien, alfa —respondió, dejando que su tristeza se colara en la voz, sin fuerzas para mirarlo.
Taehyung olió su aroma, cerró los ojos con paciencia y lo tomó por los hombros para girarlo hacia él. Era bonito, un omega digno de todos los caprichos que mereciera, según sus padres. Y aunque no sentía la necesidad desgarradora de apreciarlo, Jungkook no merecía llorar por algo tan simple.
— Perdón si soné brusco. Quiero decir que me levanto muy temprano y prefiero no despertarte —repitió, esta vez con voz más suave.
— Sí, está bien, alfa —dijo Jungkook, pasando el pulgar por la esquina de sus ojos, intentando disimular.
— Otra cosa: no te preocupes por las tareas del hogar. Tengo empleados para eso. Si algo te molesta, dímelo. Puedes hacer lo que quieras en esta casa; es tuya.
— Gracias, señor.
— Que tengas buenas noches, Jungkook.
— A-alfa... —el omega no creyó que Taehyung se iría así, así que corrió tras él antes de que saliera—¿A dónde vas? —preguntó con una ternura que iluminaba sus ojos, implorando.
— A dormir, Jungkook. Estaré en la habitación de al lado si necesitas algo.
— Es que... y-yo... pensé que dormiríamos en la misma habitación —confesó con vergüenza, rojo como un tomate.
— Jungkook... tú no quieres eso. Quiero que descanses, no que estés alerta toda la noche. Ahora, si me permites, me retiro.
La puerta se cerró tras Taehyung, y sus pasos se alejaron junto con el aroma fuerte del alfa.
Jungkook quedó estático, mirando la puerta sin sentido. Podría haber caído en ese instante.
El rechazo que acababa de sentir le dolió más de lo que esperaba.
Se sentía inútil, solo, pasando apenas su primera noche de casado.
¿Había hecho algo mal para alejar a su alfa?
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housewife. tk
FanfictionJungkook, un joven omega criado en una familia que valora las antiguas tradiciones, ha sido preparado toda su vida para ser el compañero ideal de un alfa. Su destino está sellado: convertirse en un esposo sumiso, ejemplar y dedicado, capaz de asegur...
