Prólogo.

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Jungkook siempre había creído en la idea de las parejas predestinadas por la madre luna, una creencia que había sido transmitida en su familia y que se apegaba con fervor a las viejas costumbres. Como un omega, había sido criado para complacer a un alfa, atender su hogar, tener una camada de cachorros y vivir una vida perfecta donde su principal propósito fuera ser educado y hermoso para su futuro alfa.

Y aunque otros omegas de su generación consideraban todo eso anticuado y monótono, Jungkook lo aceptaba con entusiasmo. En su corazón, deseaba con todo su ser convertirse en un omega doméstico. Lo anhelaba profundamente, una vida dedicada a ser la pareja perfecta para un alfa. A sus veinte años, tras haber alcanzado la mayoría de edad, la preocupación comenzó a invadir su mente: toda su vida había girado en torno a prepararse para ese rol, y aún no había llegado su oportunidad. Nadie parecía verlo como el omega dispuesto a darlo todo por su futuro compañero, no cuando solo podía esperar ser presentado por sus padres.

Una tarde, mientras la familia compartía la comida, Jungkook, con los labios fruncidos y una mirada distante, jugaba con su comida, sin mucho interés. Sus padres hablaban en voz alta, llenos de entusiasmo, y la emoción de su madre era palpable, casi tan fuerte como sus feromonas.

— ¿De qué sorpresa hablan, mamá? —preguntó Jungkook, mirando de reojo a sus padres, aún distraído.

— Mi amor, mira lo que tenemos para ti. Es la mejor noticia que recibirás en tu vida—. La voz de su madre temblaba de emoción.

¿Qué podría ser mejor que una familia, una marca y una camada de cachorros? Jungkook los observó, más curioso que nunca, mientras sus padres, especialmente su padre alfa, parecía más que feliz.

— Jungkook, hijo... —dijo su padre, sonriendo con ternura.

— ¿Sí, papá? —contestó Jungkook, levantando la vista.

— Hemos encontrado el alfa perfecto para ti, cielo.

Las palabras de su padre recorrieron su cuerpo como una corriente eléctrica. Un escalofrío de emoción lo invadió y sin poder evitarlo, su boca se abrió en sorpresa. La idea de tener un alfa para él, de convertirse en su compañero, lo llenó de alegría. Sus ojos brillaron, más intensos que nunca y no pudo contener las lágrimas que empezaban a acumularse en sus ojos.

— ¡Ven aquí, hijo!

Sus padres se levantaron al unísono, abriendo los brazos, y Jungkook no dudó en lanzarse entre ellos, riendo, llorando y repitiendo una y otra vez su agradecimiento al universo por ese regalo. El amor de la madre luna estaba finalmente cumpliendo sus deseos.

— ¿Cómo es él, papá? ¿Lo conozco? ¿Es más alto que yo? ¿Es gracioso? —Jungkook no dejaba de hacer preguntas, ansioso por saber más de su futuro esposo. ¿Sería guapo? ¿Tendría una personalidad cautivadora? La emoción lo desbordaba, y no podía esperar más para conocerlo.

— No lo conoces, cielo pero mañana mismo vendrá a verte. Y por supuesto que lo conocemos ¡Y dice que, si pudiera casarse contigo mañana, lo haría sin dudarlo!

— ¿¡Casarnos!? —La sorpresa de Jungkook fue tal que tuvo que cubrirse la boca con las manos, no podía creer lo que acababa de oír. Todo estaba sucediendo demasiado rápido. Al día siguiente, conocería a su futuro alfa, a su esposo, y todo parecía un sueño hecho realidad.

Jungkook no podía dejar de hacerse ilusiones. Todo sonaba demasiado perfecto, casi como un sueño. Su madre hablaba del alfa como si fuera un personaje de novela, y su padre lo describía con la solemnidad de alguien sacado de una película americana. Se sentía afortunado. Aunque los matrimonios arreglados aún eran comunes entre familias de alto linaje, siempre se esperaba que el omega "aceptara" al alfa elegido. Estos acuerdos solían darse entre personas del mismo rango y nivel social, siendo raros los casos donde el omega tenía un estatus inferior. Jungkook, por su parte, nunca había tenido pretendientes desde que terminó la escuela. Sus padres tampoco le habían presentado opciones, concentrándose en cambio en educarlo para ser un omega ideal: sumiso, servicial y digno del mejor alfa que pudieran encontrar para él.

Estaba seguro de que sus padres le habían conseguido al mejor alfa de la ciudad. Siempre le habían dicho que, si quería casarse, debía esperar a ser comprometido con alguien de su misma clase o incluso mejor. Un alfa capaz de mimarlo como ellos lo hacían, con una posición económica y social intachable, atractivo, trabajador y de buen porte. Cualidades básicas —decían— para un omega como él, que merecía lo mejor.

— Dime su nombre, por favor, mami. —pidió Jungkook con ojos brillantes.

— Solo si papá está de acuerdo. —respondió ella, sonriendo con dulzura.

El alfa asintió en silencio, otorgando su aprobación con un leve gesto de cabeza.

— Su nombre es Taehyung, cariño. Es un alfa de buen porte, perfecto para una cerezita como tú.

Las palabras de su madre hicieron que Jungkook se sonrojara de inmediato. Sus padres comenzaron a pellizcarle las mejillas, como si aún fuera un niño pequeño, lo que solo aumentó la sensación de emoción que lo embargaba.

— ¡Te mereces todo lo mejor, Jungkook! Conozco a Taehyung, bueno, ¿Quien en estos días no lo conoce? Es un hombre apasionado por su trabajo. Hará todo lo posible para tratarte como un verdadero príncipe.

— Dijo que te compraría la casa más bonita y grande si todo sale bien. Imagínate, bebé, lo que siempre has soñado—. Comentó su madre, con una sonrisa llena de esperanza.

— ¿Más grande que la nuestra? —preguntó su padre, fingiendo una sonrisa melancólica.

— Nuestra casa es perfecta, papá—. Jungkook abrazó a su padre con cariño, buscando apaciguar el tono humorístico de la conversación.

— Lo sé, hijo, lo sé. Son...solo sentimientos de padre— respondió, simulando que se limpiaba una lágrima.

El joven omega no podía dejar de soñar con la vida perfecta que le esperaría. Con cada palabra que sus padres le decían, su corazón se llenaba de ilusiones. Para los omegas como él, los matrimonios arreglados seguían siendo una tradición común, así había sido en su familia durante generaciones, y Jungkook confiaba en que la madre luna le había escuchado, al igual que lo había hecho con sus antepasados.

Ya se estaba imaginando cómo sería su vida junto a Taehyung, cómo se integraría a su nuevo rol como compañero de un alfa. Todo había sido cuidadosamente planeado para que fuera perfecto. Jungkook se sentía agradecido, sabiendo que había sido criado para este momento, para ser el omega ideal para un alfa como Taehyung.

— Es hora de dormir, bebé. Mañana debes despertar bello y descansado para conocer a tu prometido—. Dijo su madre, acariciando su cabello con ternura.

— ¡Sí, mamá! ¡Buenas noches, papá! — respondió Jungkook con una sonrisa, abrazando a su padre antes de dar un beso en la mejilla a ambos y correr escaleras arriba hacia su habitación.

Todo estaba planeado para salir a la perfección. Jungkook sabía que era bonito a los ojos de cualquiera, y confiaba en que podría congeniar bien con su futuro alfa si este lo aceptaba. Y lo haría, por supuesto que lo haría... no por nada había sido criado para esto.

Mañana sería un día lleno de sorpresas y Jungkook estaba listo para vivirlo.

housewife. tkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora