Seis.

6.9K 862 123
                                        

Ha pasado una semana agotadora, no tanto por el esfuerzo físico, sino por la monotonía que ha rodeado cada día. Jungkook ha pasado sus horas caminando sin rumbo por la casa, asomándose al jardín de vez en cuando, pero su mente está lejos, atrapada en sus pensamientos. Ha intentado adaptarse al ritmo de vida del alfa, siguiendo su rutina sin atreverse a interrumpirlo. Lo observa desde la distancia, deseando acompañarlo, pero temiendo ser una molestia. Ha intentado despedirlo por las mañanas, cuando Taehyung sale hacia la cochera, pero se retrae ante la idea de incomodarlo. Y por la noche, aunque quisiera hacer algo diferente, se ve obligado a conformarse con los breves encuentros en los que Taehyung solo lo mira antes de retirarse a su habitación.

Las palabras que intercambian son pocas, casi insignificantes. No comparten la mesa, ni una simple actividad que los acerque, que los haga sentirse más como pareja. El espacio entre ellos es cada vez más grande, y Jungkook no puede evitar pensar que Taehyung lo está evitando, aunque los regalos que recibe con notas en la mesa del comedor parecen decir lo contrario. Las palabras de esas notas siempre son las mismas, pero la presencia del alfa nunca lo es.

Jungkook se siente atrapado en la soledad de la mansión. No ha visto a sus padres desde la boda, los regalos permanecen sin abrir, y las visitas brillan por su ausencia. Se dice a sí mismo que es porque todos creen que está demasiado ocupado en su "nido de amor", pero la verdad es que su vida no se siente así. Está consciente de quién es Taehyung: un hombre trabajador, un líder al que no se le puede pedir más tiempo del que ya dedica a su empresa. Entiende que su esposo tiene responsabilidades que lo apartan de él, pero a veces desearía que, aunque fuera por un segundo, Taehyung le dedicara algo más de atención, algo más de cariño. No ha recibido un beso, ni un toque, y eso le duele. Esa indiferencia empieza a minar su confianza como omega.

Si esto sigue así, teme que su naturaleza omega termine pidiendo auxilio, implorando por la atención de su alfa, y no quiere que eso suceda. No quiere sentirse tan vulnerable, no quiere mostrarse débil cuando, en teoría, debería estar feliz de compartir su vida con un hombre como él.

Jungkook se asoma por las escaleras que llevan a los cuartos. La casa está en silencio, vacía, o eso cree él. Las luces están encendidas, el aire acondicionado sopla suavemente, y un frío incómodo lo envuelve. Son casi las seis de la tarde, Taehyung debería llegar pronto. Con los nervios a flor de piel, Jungkook se peina rápidamente con los dedos y se ajusta la ropa, que parece demasiado corta para él. Sus muslos, suaves y de piel pálida, quedan al descubierto, esperando al alfa. Escucha el sonido de la puerta principal y sabe que es él. Baja los escalones, mirando a su alrededor sin encontrarlo.

— Jungkook — la voz de Taehyung lo hace saltar. El alfa lo llama nuevamente, su tono más firme, y Jungkook se apresura a buscarlo.

Taehyung está en la licorera, detrás de la mesa de granito, sirviéndose un poco de su whiskey favorito. Se quita el saco y se arremanga la camisa, observando a Jungkook con una mirada que lo hace sentirse aún más nervioso.

— Te he hablado, Jungkook. ¿Qué haces? — La voz de Taehyung es más fuerte ahora, y Jungkook se ve obligado a acercarse para responder, intentando ocultar su nerviosismo.

— Señor, lo estaba esperando — su respuesta, aunque suave, no es lo suficientemente firme como para tranquilizar al alfa.

Taehyung lo mira con atención mientras se toma el whiskey de un solo sorbo, y sus ojos se detienen brevemente en los muslos de Jungkook, ahora descalzo.

— ¿No tienes frío? El piso está helado, Jungkook. Ponte sandalias si no quieres enfermarte.

— Amm, sí. — Jungkook, un poco distraído, se lame los labios, ignorando el consejo de Taehyung. En realidad, está muriendo de frío, pero no quiere mostrar debilidad. — Señor.

— Dime, Jungkook.

La tensión crece mientras Taehyung lo observa fijamente, acercándose con paso lento, y Jungkook retrocede, sintiendo cómo su corazón late más rápido. Hay algo en la forma en que Taehyung lo mira que lo desconcierta y lo inquieta a la vez.

El alfa no esperaba esta reacción. Jungkook baja la cabeza, y el llanto comienza a brotar de sus ojos. Con las manos temblorosas, trata de detener las lágrimas, pero no puede evitarlo. Su rostro se pone rojo, su nariz se frunce, y el aroma de su tristeza llena el aire, más fuerte que el de cualquier otra fragancia.

— ¿Por qué lloras, bonito? — Taehyung se aproxima con suavidad, casi en un susurro. Pasa un brazo por la espalda de Jungkook y lo acerca a su pecho, tratando de calmarlo con feromonas, algo que, en el fondo, sabe que lo está haciendo por impulso.

— Pe-perdón, señor... — La voz de Jungkook se quiebra, y las lágrimas siguen cayendo, pero siente el calor del alfa cerca, y eso le da un poco de consuelo.

— Está bien. Ven a sentarte. — Taehyung lo guía hasta el sofá, sentándose junto a él. Jungkook se separa lentamente, levantando la vista, con los ojos brillantes y los labios fruncidos, mientras Taehyung lo observa con una mezcla de preocupación y confusión. — ¿Tu celo está cerca?

Jungkook, con la nariz congestionada y los ojos aún llenos de lágrimas, responde sin mucha convicción, recordando que su celo no está previsto hasta dentro de tres meses.

— No-no.

Taehyung asiente, prefiriendo no indagar más sobre ese tema, sabiendo lo complejo que sería lidiar con un omega en celo. Lo deja acercarse y recostarse en su pecho, el silencio envolviendo la sala, solo interrumpido por el suave llanto de Jungkook.

Taehyung mira el candelabro en el techo mientras la incertidumbre lo consume. Recuerda lo que sus suegros le dijeron sobre lo sensible que era su omega, algo que no había comprendido completamente hasta ese momento. No entiende por qué Jungkook llora por cosas que le parecen tan insignificantes. Tiene todo lo que podría desear: una vida llena de lujos y comodidades. Todo lo que podría querer está a su disposición, pero aun así, su omega parece triste, como si algo estuviera faltando.

— ¿Te han tratado mal? Si es así, dilo y me encargaré de eso.

— Hmm, no — Jungkook, con la cabeza levantada del pecho del alfa, lo mira negando, y Taehyung ve la vulnerabilidad en sus ojos.

— Jungkook, entiendo que este cambio sea difícil para ti, pero no puedes seguir llorando por cosas tan insignificantes. — Taehyung sostiene su mentón, observando la expresión de su omega, que ahora frunce el ceño y abre ligeramente los labios, como si quisiera decir algo, pero se detuviera. — Sé que estás muriendo de frío, y no entiendo por qué estás usando esos shorts tan cortos. Sube y ponte unos pantalones. — Con un gesto, se levanta, esperando que Jungkook lo siga.

— Está bien, señor. — Jungkook se pone de pie, disculpándose con la cabeza, mientras el alfa asiente y extiende la mano para indicarle que camine.

— Buenas noches, alfa.

— Buenas noches.

Jungkook dejó atrás al alfa, apartándose entre las plantas altas que bordeaban el camino antes de llegar a las escaleras. Subió tambaleante, con las piernas pesadas y la garganta cerrada. Se sentía miserable. Ridículo. Aún era ese niño llorón que nunca había sabido ocultar lo que sentía... ¿Cómo podía mostrarse así frente a su alfa, un hombre tan completo y maduro a su lado?

El omega entró a su habitación con el rostro húmedo, cerrando la puerta tras de sí sin molestarse en poner el seguro. Nadie se atrevería a entrar sin llamar primero. Avanzó hasta la cama y, apenas la tocó, se dejó caer en ella. Se acurrucó bajo las cobijas, buscando refugio en ese rincón pequeño que le quedaba, como si en medio de tanta presión solo pudiera protegerse haciéndose bolita.

housewife. tkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora